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Menoscal advierte: República Dominicana debe mirarse en el espejo de las protestas en Francia

El comunicador Rafael Menoscal Reynoso llama a las autoridades a escuchar el malestar ciudadano antes de que se convierta en una crisis. En su espacio «Como cada semana», vincula la desconexión de los gobiernos con el descontento que alimentan las cargas impositivas, los combustibles y el costo de vida.

Por Julio Guzmán Acosta | Umbral

El descontento no siempre comienza con una multitud en las calles. A veces nace en la mesa familiar, cuando el dinero deja de alcanzar; en una factura que obliga a posponer otra necesidad, o en la sensación de que quienes gobiernan han dejado de escuchar. Sobre esa distancia entre el poder y la vida cotidiana construye Rafael Menoscal Reynoso su más reciente reflexión en «Como cada semana», difundida por Umbral.

«República Dominicana, igual que otras naciones, debe verse en el espejo de Francia», plantea el comunicador, quien toma las protestas en el país europeo como una advertencia sobre los riesgos de desatender las preocupaciones de la población.

Su mensaje no anuncia un desenlace inevitable para el país. Reclama, más bien, una conducta preventiva: reconocer las señales del malestar, abrir espacios de diálogo y responder antes de que la frustración termine ocupando el lugar de la confianza.

El costo de vida y la distancia del poder

Las masivas protestas en Francia, ponen en apuros al gobierno francés.

En su comentario, Menoscal sitúa entre los factores de inconformidad los excesos impositivos, las alzas de los combustibles y el encarecimiento de la vida. A su juicio, esas presiones se vuelven más difíciles de soportar cuando los ciudadanos perciben que las decisiones públicas se adoptan lejos de sus necesidades.

La advertencia apunta a una responsabilidad esencial del ejercicio de gobierno: escuchar no solo cuando la protesta alcanza notoriedad, sino también cuando el descontento todavía se expresa en reclamos dispersos.

«Prevenir el estallido exige escuchar al pueblo antes de que el descontento sea irreversible», sostiene.

La frase concentra el sentido de su intervención. Para Menoscal, atender las causas de la inconformidad debe formar parte de la acción pública, sin esperar a que una crisis obligue a reconocer lo que durante demasiado tiempo permaneció desoído.

Francia: de las demandas educativas al malestar social

No son algunos “revoltosos”, son decenas de miles los que protestan en Francia.

Las movilizaciones francesas de octubre de 2026 reúnen reivindicaciones diversas. Según la cobertura de Associated Press, las protestas estudiantiles por falta de personal educativo se ampliaron hacia demandas de mayor inversión en enseñanza, mejores instalaciones, más ayudas estudiantiles y medidas frente al costo de la vivienda. A ellas se sumaron trabajadores afectados por el encarecimiento de la vida. 

El movimiento también ha expresado rechazo al deterioro de los servicios públicos y preocupación por los salarios. Reuters informó el 25 de octubre que organizaciones sindicales y colectivos de protesta reclamaban nuevas movilizaciones para mantener la presión sobre el Gobierno francés. 

A estas demandas sociales se añade una controversia sobre la respuesta policial y las restricciones a las manifestaciones. La cobertura de The Guardian recoge cuestionamientos de participantes a esas medidas y señala que, aunque la mayoría de las marchas fueron pacíficas, se registraron enfrentamientos en París y otras ciudades. 

La síntesis de los reclamos muestra que no existe una sola causa: educación, poder adquisitivo, servicios públicos y derecho a protestar confluyen en una movilización de composición plural. Reducirla únicamente a los disturbios impediría comprender las demandas que llevan a numerosos ciudadanos a las calles.

Una advertencia para República Dominicana

Protesta en Nagua en apoyo a los productores de arroz.

La comparación de Menoscal invita a reflexionar sobre la relación entre gobernantes y gobernados, aunque las realidades francesa y dominicana tengan diferencias económicas, institucionales y sociales.

Su planteamiento coloca en primer plano una pregunta: ¿con cuánta anticipación deben actuar las autoridades cuando las dificultades cotidianas comienzan a erosionar la confianza?

En el fondo de su comentario hay un llamado a no confundir la ausencia de grandes manifestaciones con la ausencia de problemas. La tranquilidad también necesita respuestas: servicios que funcionen, decisiones explicadas y canales de participación capaces de convertir las quejas en asuntos atendidos.

«¡Mucha atención a esto, autoridades!», exhorta antes de concluir con su habitual «¡Es mi criterio!».

La advertencia queda planteada: gobernar exige reconocer el malestar antes de que la calle tenga que elevar la voz para hacerlo visible.