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Sánchez advierte de un retroceso con PP y Vox y apuesta por una mayoría progresista más amplia

El presidente del Gobierno español sitúa la vivienda, los salarios y la defensa de los derechos sociales en el centro de su propuesta electoral. En una entrevista con EL PAÍS, reconoce como su mayor error no haber detectado la corrupción de Ábalos y defiende la inmigración frente al discurso de la ultraderecha.

Por Julio Guzmán Acosta | Umbral
25 de octubre de 2026

Madrid.— Pedro Sánchez encara las elecciones generales del 29 de noviembre con una advertencia que atraviesa todo su discurso: España puede continuar ampliando derechos o emprender un regreso hacia debates que parecían superados. El presidente del Gobierno y candidato socialista presenta una eventual alianza entre el Partido Popular y Vox como una amenaza para las conquistas sociales, mientras reconoce que el crecimiento económico no ha conseguido disipar el malestar de quienes encuentran cada vez más difícil pagar una vivienda.

En una entrevista concedida a los periodistas Jan Martínez Ahrens y Carlos E. Cué, publicada este domingo por EL PAÍS, Sánchez combina la defensa de sus ocho años de gestión con el reconocimiento de una de sus heridas políticas más profundas: la corrupción vinculada a José Luis Ábalos. La conversación dibuja a un mandatario decidido a disputar la iniciativa electoral, incluso ante un escenario demoscópico adverso. 

Su planteamiento electoral descansa sobre una tensión evidente: reivindicar lo conseguido y convencer de que necesita más fuerza parlamentaria para resolver lo pendiente. La vivienda ocupa el centro de esa contradicción; los derechos sociales, el núcleo de su llamada a la movilización.

PP y Vox: una advertencia sobre los derechos conquistados

La declaración más contundente de Sánchez apunta a las consecuencias de un Ejecutivo sostenido por populares y ultraderechistas.

“Un Gobierno del PP con Vox no representa una alternancia, es una auténtica involución”, sostiene en la entrevista.

El presidente reconoce que la alternancia forma parte de la normalidad democrática, pero considera que las propuestas de ambas organizaciones amenazan avances relacionados con el aborto, la muerte digna y la libertad cultural. Su advertencia sobre un retroceso de cuatro o cinco décadas es una valoración política del candidato socialista sobre el rumbo que atribuye a sus adversarios.

En ese marco, acusa al PP de asumir planteamientos de Vox para alcanzar el poder y vincula a ambas formaciones con las políticas de recortes del presidente argentino, Javier Milei.

También cuestiona la retirada de ayudas a películas consideradas ideológicas que menciona durante la conversación. Para Sánchez, permitir que un gobierno determine qué creación cultural merece respaldo en función de su orientación abre la puerta a la censura.

La cultura aparece así en su discurso como parte de una disputa más amplia: quién establece los límites de la libertad y hasta dónde puede intervenir el poder político en la expresión artística.

La vivienda, el punto donde el crecimiento no alcanza

Sánchez admite que existe un descontento relacionado con el reparto de los beneficios del crecimiento económico. Su defensa de los indicadores de empleo y actividad convive con el reconocimiento de que muchas familias no perciben una mejora equivalente en su vida cotidiana.

El acceso a la vivienda es, en su diagnóstico, la principal fuente de desigualdad del país.

Ante las preguntas sobre las protestas y la huelga general, evita interpretar la movilización exclusivamente como un rechazo a su Gobierno. La presenta como una exigencia dirigida al conjunto de las administraciones para que ofrezcan soluciones.

Su respuesta, sin embargo, deja abierta una cuestión central para la campaña: cuánto de ese malestar puede canalizar quien lleva ocho años al frente del Ejecutivo y cuánto terminará convirtiéndose en un voto de castigo.

Para defender su gestión, Sánchez afirma que durante su mandato se ha construido un millón de viviendas, un 13 % de ellas protegidas, y que el presupuesto destinado a esta política se ha multiplicado por ocho. Son cifras expuestas por el presidente en la entrevista como parte de su balance.

Su argumento principal va más allá de aumentar la oferta. Considera necesario construir vivienda asequible, conservar su protección y regular el mercado para impedir que el incremento del parque residencial termine acompañado por nuevas subidas de precios.

También atribuye parte de los obstáculos a la oposición parlamentaria de PP, Vox y Junts, así como a la negativa de gobiernos autonómicos de derechas a aplicar la ley estatal de vivienda.

La promesa de una mayoría progresista más amplia cumple aquí una función concreta: presentar las elecciones como la oportunidad de superar los bloqueos que, según sostiene, han limitado su capacidad de actuar.

Salario mínimo y pensiones como pilares de campaña

El presidente se compromete a elevar el salario mínimo interprofesional antes de las elecciones, aunque en la conversación no concreta la cuantía del aumento.

A la vez, reclama a empresarios y sindicatos que negocien incrementos de los salarios medios para hacer frente al encarecimiento de la vida. Su mensaje a la patronal es que el crecimiento debe traducirse en una mejora del poder adquisitivo de los trabajadores.

Sánchez atribuye buena parte de la presión inflacionaria a la guerra en Irán y defiende las medidas de protección económica adoptadas por su Gobierno. Vincula la continuidad de ese apoyo a la existencia de una mayoría parlamentaria que lo respalde.

En materia de pensiones, transmite confianza en la solidez del sistema público. Sostiene que las subidas salariales y la incorporación de trabajadores migrantes a la cotización han contribuido a reforzarlo.

Su propuesta enlaza así empleo, salarios, inmigración y protección social: mejores remuneraciones y más personas cotizando permitirían, según su planteamiento, sostener con mayor fortaleza el Estado del bienestar.

La corrupción de Ábalos, la admisión más directa

Cuando se le pregunta por el mayor error de sus años de Gobierno, Sánchez señala la corrupción de Ábalos y reconoce una doble responsabilidad política: no haberla detectado y que se produjera.

La respuesta constituye el momento de autocrítica más explícito de la entrevista. El presidente afirma que ha pedido perdón, adoptado medidas y colaborado con la Justicia.

No obstante, las preguntas sobre la reacción del PSOE muestran que la rendición de cuentas sigue siendo uno de sus flancos más sensibles.

En el caso de Leire Díez, defiende la rapidez con la que se produjo su salida del partido y sostiene que la organización es ajena a sus actuaciones. Ante la insistencia sobre la ausencia de una querella, remite la decisión a la estrategia judicial socialista, sin desarrollar una explicación adicional.

Respecto a los procedimientos que afectan a su esposa, Begoña Gómez, y a su hermano, David Sánchez, el presidente defiende su inocencia y sostiene que ambos han sido objeto de ataques por su relación familiar con él. Estas afirmaciones expresan su posición sobre los casos y no sustituyen las determinaciones de los tribunales.

También mantiene su respaldo al legado político de José Luis Rodríguez Zapatero y apela a la presunción de inocencia al abordar las preguntas sobre el expresidente.

Inmigración: una defensa política y económica

Uno de los apartados más definidos de la conversación es su defensa de la inmigración.

Sánchez rechaza reducir el asunto a un cálculo de votos y plantea que los gobernantes deben explicar por qué una sociedad envejecida necesita incorporar población y trabajadores.

Recuerda la experiencia emigrante de España y la de su propia familia para situar el debate en una memoria compartida: antes de convertirse en país receptor, España fue durante décadas un país de salida.

En su razonamiento, la inmigración contribuye a sostener la actividad económica, los servicios y las pensiones. Esa defensa va acompañada de condiciones: regularidad, orden, integración y respeto a los valores constitucionales, entre ellos la igualdad entre mujeres y hombres.

Para los lectores latinoamericanos, el planteamiento tiene especial relevancia. El presidente destaca el peso de las personas procedentes de América Latina en el proceso de regularización al que se refiere durante la entrevista.

Su posición intenta desplazar el debate desde el temor hacia la contribución social y económica de quienes llegan.

Ceuta y Marruecos: las preguntas más difíciles

La entrevista también aborda la crisis de Ceuta y las críticas a la respuesta gubernamental.

Sánchez reconoce que hubo avisos previos, aunque asegura que ningún servicio anticipó la magnitud de lo que ocurriría. Según su relato, la tragedia dejó 141 personas fallecidas, entre ellas menores, y una intervención fronteriza más agresiva habría provocado consecuencias aún peores.

El presidente defiende los recursos destinados a Ceuta y Melilla y rechaza abrir una escalada diplomática con Marruecos basándose en sospechas.

Ante la insistencia de los entrevistadores sobre la posible responsabilidad marroquí y un incidente entre buques, mantiene su apuesta por la cooperación. Su argumento es que la relación con el país vecino debe servir para mejorar la gestión migratoria y evitar nuevas crisis.

Las respuestas no despejan todas las preguntas planteadas. Sánchez prioriza la defensa de la relación bilateral, mientras los periodistas insisten en la anticipación de riesgos, la actuación del Gobierno y las responsabilidades políticas.

Algoritmos, ultraderecha y una campaña atravesada por la inteligencia artificial

Sánchez atribuye parte del avance internacional de la ultraderecha al funcionamiento de las plataformas digitales.

A su juicio, los algoritmos favorecen la polarización y amplifican mensajes de odio, xenofobia y antifeminismo. Aunque admite que el fenómeno no tiene una sola explicación, concede a ese mecanismo un peso central.

También critica el uso de inteligencia artificial para suplantar personas y se compromete a que el PSOE no empleará deepfakes en campaña. Ese compromiso se refiere específicamente a las suplantaciones y no equivale a una renuncia general a utilizar herramientas de inteligencia artificial.

Al hablar de la juventud, rechaza identificarla de forma global con el giro ultraderechista. Recuerda las movilizaciones por la vivienda, la educación pública y la población palestina como ejemplos de compromiso con causas sociales.

Su lectura es que la disputa política se libra también en los canales que determinan qué mensajes circulan, cuáles alcanzan visibilidad y cómo se construye la percepción pública.

La ley de nietos y el vínculo con el exilio

Otro asunto de especial interés para las comunidades españolas en el exterior es la controversia sobre el voto de personas nacionalizadas al amparo de la llamada ley de nietos.

Preguntado por la suspensión del derecho de voto de 163.000 personas mencionada en la entrevista, Sánchez asegura que el Gobierno acata la decisión judicial, aunque discrepa de ella.

El presidente vincula la discusión con la memoria del exilio republicano y denuncia intentos de sembrar dudas sobre la legitimidad del proceso electoral.

Su respuesta traslada el debate del terreno administrativo al histórico: la relación de España con los descendientes de quienes tuvieron que abandonar el país y el reconocimiento efectivo de su pertenencia a la comunidad política.

La entrevista no desarrolla las consecuencias individuales ni las vías de actuación para las personas afectadas.

El desafío de convertir el balance en confianza

Sánchez evita anticipar una derrota. Frente a las encuestas desfavorables que le plantean los entrevistadores, recuerda pronósticos anteriores que no se cumplieron y expresa su confianza en una movilización progresista suficiente para ampliar su respaldo parlamentario.

Su estrategia consiste en presentar las elecciones como una decisión sobre el rumbo social de España, al tiempo que reivindica un modelo capaz de combinar crecimiento, salarios, energías renovables, integración y derechos.

Pero la conversación deja a la vista el tamaño del desafío. La defensa de las conquistas convive con el desgaste de la corrupción; los indicadores económicos, con la dificultad de encontrar vivienda; la promesa de continuidad, con la exigencia de respuestas nuevas.

Entre el balance que exhibe y la vida cotidiana que describen las protestas se encuentra el espacio decisivo de la campaña. Allí tendrá que demostrar que su oferta de avanzar puede convertirse en algo reconocible para quienes todavía esperan.

Fuente original: Entrevista de Jan Martínez Ahrens y Carlos E. Cué a Pedro Sánchez, publicada en EL PAÍS el 25 de octubre de 2026⁠.