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El Este se levanta: una esperanza que debe permanecer de pie

La movilización del domingo 11 de octubre en Higüey nos devuelve una esperanza: que la región Este recupere la fuerza de su voz colectiva y convierta el reclamo por una vida digna en una lucha sostenida. Como hijo de El Seibo, me satisface ver a nuestra gente levantar las demandas de una tierra cuyos habitantes merecen agua potable, salud pública y trabajo digno.

Organizaciones sociales, campesinas, sindicales y comunitarias de La Altagracia, La Romana, San Pedro de Macorís, Hato Mayor y El Seibo confluyeron en una jornada que también reclamó vivienda y acceso a la tierra. Bajo el nombre de «El Grito de los Excluidos y Excluidas», llevaron a las calles problemas que, según denuncian, arrastran sus comunidades desde hace años.

Para quienes llevamos esa región en la memoria y en los afectos, la jornada tiene un significado que rebasa la protesta de un día. En ella podemos reconocer el impulso de una historia de organización popular que merece recuperar su lugar en el presente.

La Romana y San Pedro de Macorís han sido escenarios de importantes luchas sociales y sindicales. Los trabajadores, las comunidades y sus organizaciones hicieron de esas ciudades referentes de resistencia. Durante años, sin embargo, he sentido que nuestra región perdió parte de aquel protagonismo, que su capacidad de movilización dejó de corresponderse con la profundidad de sus necesidades.

Por eso me alegra verla nuevamente de pie. Me alegra que las dificultades compartidas encuentren una expresión común y que las fronteras entre provincias cedan ante una certeza sencilla: el abandono que golpea a una comunidad también concierne a las demás.

El agua potable, la atención médica y el trabajo digno deben ocupar el centro de las prioridades públicas. Una familia necesita abrir una llave y recibir agua; acudir a un hospital y encontrar atención; trabajar y obtener un ingreso que le permita sostener su hogar. Es en esas experiencias cotidianas donde se mide el valor de una gestión de gobierno.

Desde mi perspectiva, el gobierno de Luis Abinader y el PRM ha mostrado una disposición a plegarse a las directrices de la administración de Donald Trump que merece una crítica firme. Entiendo que las decisiones nacionales deben responder, ante todo, a las necesidades del pueblo dominicano. La soberanía también se expresa en la capacidad de establecer prioridades propias y de colocar el bienestar de la población en el centro de la acción del Estado.

En ese contexto, la movilización del Este representa una señal alentadora. Nos recuerda que la ciudadanía tiene voz, que puede organizarse y que conserva el derecho de exigir cuentas a quienes gobiernan.

Pero la satisfacción por lo ocurrido debe acompañarse de una tarea: sostener la lucha. Una jornada puede abrir un camino; recorrerlo exige unidad, organización, seguimiento y perseverancia. Las demandas necesitan compromisos públicos, plazos y vigilancia ciudadana sobre su cumplimiento. Cada promesa debe poder contrastarse con resultados que lleguen a los barrios y a las comunidades.

Desde estas líneas expreso mi solidaridad con quienes participaron en la movilización y con las organizaciones que hicieron posible ese encuentro regional. Lo hago como ciudadano y como hijo de El Seibo, unido a una tierra cuya dignidad reconozco en la gente que trabaja, resiste y reclama.

Que el entusiasmo del domingo fortalezca la organización de los días siguientes. Que el Este mantenga su voz hasta conseguir respuestas.Nuestra región se ha levantado. Ahora debe permanecer de pie hasta que sus demandas se conviertan en soluciones.T

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