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Cuba frente a la mentira imperialista

El presente artículo reivindica la posición de Cuba frente a Estados Unidos en la ONU y denuncia las consecuencias del bloqueo sobre el pueblo cubano. Una reflexión de opinión sobre soberanía, resistencia y el reclamo de poner fin a las sanciones estadounidenses.


Hay gestos que valen más que mil discursos. Y el que protagonizó
el Canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, en la Asamblea General de la ONU no fue un simple ademán protocolar: fue la estampa de una Revolución que jamás se arrodilla. Puesto de pie, con la frente en alto, frente al representante de los Estados Unidos, desenmascaró —una vez más— la política genocida del bloqueo que Washington pretende ocultar bajo un manto de cinismo.

 La mentira como arma imperialista

 Mientras el representante estadounidense, Mike Waltz, intentaba negar la existencia del bloqueo y se atrevía a culpar a Cuba de sus propias carencias, la respuesta cubana cayó como un latigazo: «Estados Unidos no solo miente de manera grosera y prepotente: también ofende la dignidad del pueblo y del gobierno de Cuba». No hay ambigüedad posible. La delegación norteamericana no vino a dialogar: vino a repetir el viejo guion de la difamación, ese que lleva más de seis décadas intentando presentar a la víctima como verdugo.

 Es fácil —demasiado fácil— hablar de «libertad» cuando se tiene el poder de asfixiar a un pueblo entero. Es cómodo pontificar sobre democracia desde el púlpito de un imperio que estranguula economías, impone chantajes y presiona a otros países para que no voten contra su política criminal. Porque eso es lo que hace Washington: no solo bloquea a Cuba, sino que amenaza a quienes se atrevan a denunciar el bloqueo.

 La verdad histórica es terca

 El bloqueo no es un cuento, no es una invención de la propaganda revolucionaria. Es una realidad que ha costado a Cuba más de 178 mil millones de dólares en daños acumulados. Es la razón por la que faltan medicinas en los hospitales, combustible en los transportes y alimentos en las mesas. Es la razón por la que un pueblo entero ha tenido que resistir con ingenio, sacrificio y una dignidad que no se compra ni se doblega.

 Que nadie se equivoque: la Revolución Cubana no es una amenaza. La amenaza es un imperio que, tras más de 60 años de fracaso, sigue intentando rendir por hambre lo que no ha podido doblegar por la fuerza. Ni con invasiones, ni con sabotajes, ni con bloqueos, ni con mentiras han podido. Y no podrán.

 De pie y con la verdad como bandera

 Como dijo el Canciller cubano: Cuba es un país de paz y merece paz. No pedimos caridad, no pedimos limosna. Exigimos el fin de una política criminal que viola el derecho internacional y que castiga a un pueblo entero por atreverse a ser libre. Exigimos respeto. Exigimos verdad.

 Que quede claro de una vez y para siempre: la dignidad de un pueblo no se j

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