El Consejo Nacional de la Magistratura eligió a unanimidad a Justiniano Montero Montero para presidir la Suprema Corte de Justicia. Formado en la UASD, con estudios de posgrado en España y una trayectoria que comenzó en un juzgado de paz en 1998, el magistrado combina experiencia judicial, docencia y participación en iniciativas de modernización institucional.
Por Redacción | Umbral
Santo Domingo.— Antes de llegar a la presidencia de la Suprema Corte de Justicia (SCJ), Justiniano Montero Montero recorrió distintos peldaños de la judicatura dominicana: el juzgado de paz, la primera instancia, las cortes de apelación y, desde abril de 2019, el máximo tribunal. Su elección a unanimidad por el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) sitúa al frente de la alta corte a un jurista cuya vida profesional ha transcurrido entre los estrados y las aulas universitarias.
Montero asume esta responsabilidad después de encabezar la Primera Sala de la Suprema, especializada en asuntos civiles y comerciales. Su trayectoria reúne más de dos décadas de ejercicio judicial, formación jurídica en universidades dominicanas y españolas y una sostenida actividad docente.
Formación académica de Justiniano Montero
Montero Montero es doctor en Derecho por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde cursó sus estudios entre 1984 y 1989, según su currículo profesional.
Amplió su formación con una maestría en Sociedad Democrática, Estado y Derecho, en la Universidad del País Vasco, y otra en Derecho Administrativo y Gestión Municipal, en la Universidad de Castilla-La Mancha.
Su preparación incluye estudios especializados en Derecho Judicial en la Escuela Nacional de la Judicatura, así como formación en Derecho Constitucional y Justicia Constitucional, Relaciones Internacionales y Derecho Societario y Comercial.
Ese recorrido académico acompaña una carrera desarrollada, fundamentalmente, en el conocimiento de controversias civiles y comerciales.
Del juzgado de paz a la Suprema Corte
Su ingreso a la judicatura se produjo en 1998, cuando fue designado juez de paz de la Segunda Circunscripción del Distrito Nacional. En 2001 quedó incorporado formalmente a la carrera judicial.
Posteriormente, ejerció como juez de la Cámara Civil y Comercial del Juzgado de Primera Instancia del Distrito Nacional y de la Corte de Apelación de la provincia Santo Domingo.
En 2005 pasó a la Cámara Civil y Comercial de la Corte de Apelación del Distrito Nacional. Allí continuó su trayectoria hasta su designación como integrante de la Suprema Corte de Justicia, en abril de 2019.
Dentro de la alta corte formó parte de la Primera Sala y, más adelante, asumió su presidencia. Su elección para dirigir el tribunal representa un nuevo tramo de un recorrido iniciado en una de las instancias más cercanas a la ciudadanía.
Una carrera vinculada con la enseñanza del Derecho
La docencia constituye otro componente de su perfil profesional. Su currículo registra labores de enseñanza en la UASD desde 1991 y en la Universidad Iberoamericana (Unibe) desde 2002.
También ha impartido clases en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) y en la Escuela Nacional de la Judicatura, espacios dedicados a la formación de abogados y servidores judiciales.
Su producción académica comprende trabajos sobre el juez de los referimientos, el embargo inmobiliario y el arbitraje comercial, además de publicaciones jurídicas y participación en actividades de formación especializada.
Ética judicial y transformación digital
En el ámbito institucional, Montero representa a República Dominicana ante la Comisión Iberoamericana de Ética Judicial y participa en el Comité de Comportamiento Ético del Poder Judicial.
Asimismo, ha encabezado trabajos relacionados con la implementación de la Ley 339-22, que regula el uso de medios digitales en el sistema judicial dominicano.
Estas responsabilidades incorporan a su experiencia dos asuntos centrales para la administración de justicia: la conducta de quienes la imparten y la adaptación de sus servicios a las herramientas tecnológicas.
Con su llegada a la presidencia de la Suprema Corte, Montero pasa a conducir una institución decisiva para la interpretación y aplicación del Derecho. Su trayectoria ofrece el punto de partida; el ejercicio de la nueva responsabilidad será la medida de su aporte a una justicia independiente, accesible y merecedora de la confianza ciudadana.




