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Menoscal propone transformar la JCE en Consejo de Identidad y Electoral

En la presentación de la edición número 25 de País Dominicano Temático, Rafael Menoscal Reynoso propuso una nueva denominación y una reorganización de responsabilidades para la Junta Central Electoral. Su planteamiento parte de una convicción: la identidad es la puerta de entrada a los derechos y el fundamento de la ciudadanía.

Por Julio Guzmán Acosta | Umbral

La identidad cabe en una tarjeta, pero ninguna tarjeta alcanza a contenerla. Detrás de una fotografía, una huella o un número de cédula hay una vida que reclama reconocimiento, una memoria que pertenece a alguien y unos derechos que no deberían extraviarse en los pasillos de la burocracia. Sobre esa certeza construyó Rafael Menoscal Reynoso su intervención en la presentación de la edición número 25 de País Dominicano Temático, celebrada el 4 de noviembre en el INESDYC.

El director de la publicación aprovechó el encuentro, que incluyó la conferencia «Identidad, registro civil y garantías democráticas», a cargo del presidente de la Junta Central Electoral, Román Jáquez Liranzo, para colocar sobre la mesa una propuesta: transformar el nombre de la JCE en Consejo de Identidad y Electoral (CIE) y asignar responsabilidades institucionales específicas a los integrantes de su pleno.

Más que un cambio de rótulo, Menoscal presentó la iniciativa como una invitación a repensar el organismo desde la que considera su misión esencial: proteger y garantizar la identidad de las personas.

La identidad como fundamento de la democracia

«Sin identidad no hay ciudadanía, y sin ciudadanía la democracia sería tan solo un cascarón vacío», sostuvo al inicio de unas palabras que enlazaron reflexión cívica, propuesta institucional y sensibilidad literaria.

En su exposición, la identidad apareció como un «derecho llave»: aquello que permite abrir las puertas de la participación electoral, la educación, la salud, la justicia y la protección social. Negarla o vulnerarla, advirtió, equivale a condenar a una persona a la invisibilidad cívica.

Desde esa perspectiva, cuestionó que una realidad tan profunda termine reducida a un trámite o a un documento guardado en la cartera. La cédula acredita, pero la persona precede al plástico; el registro reconoce una existencia que no puede quedar a merced de la indiferencia administrativa.

Su razonamiento desembocó en una exigencia de inclusión: eliminar las barreras que dificultan el acceso al registro civil, particularmente para quienes viven en condiciones humildes. En ese contexto, reconoció el empeño de la actual Junta Central Electoral por facilitar documentos de identidad a los dominicanos dentro y fuera del país.

Una propuesta para reorganizar la JCE

Menoscal explicó que la iniciativa comenzó a tomar forma a raíz de la reforma constitucional de 2015 y que entonces la compartió con un círculo reducido de amigos.

A su juicio, la denominación Junta Central Electoral no expresa suficientemente el peso de las responsabilidades vinculadas a la identidad y al registro civil. Su argumento establece una prioridad: antes de que exista un votante debe existir una persona legalmente reconocida.

La propuesta contempla mantener el logotipo con las huellas del pulgar, aunque con colores de tonalidad más neutral, y distribuir el trabajo del órgano colegiado entre cinco responsabilidades: la presidencia del Consejo y las consejerías de Asuntos Administrativos, Identidad y Registro Civil, Asuntos Electorales y Políticos, y Asuntos Financieros.

Los integrantes del pleno asumirían así funciones específicas y operativas, según el esquema expuesto.

El director de País Dominicano Temático presentó estas ideas como un ejercicio ciudadano y una apertura al debate, también desde su condición de presidente del Consejo de Acceso a la Información por la Transparencia (CODAIT). Se trata de una propuesta personal, no de una decisión anunciada por la JCE.

La promesa digital y el deber de proteger

La intervención también examinó las posibilidades y los riesgos de la digitalización. Menoscal destacó que las bases de datos, las firmas electrónicas y los sistemas biométricos pueden agilizar los servicios y fortalecer los mecanismos contra la suplantación y el fraude.

Sin embargo, advirtió que esa modernización debe acompañarse de protección efectiva de los datos y de la privacidad. En su planteamiento, el progreso tecnológico pierde sentido cuando expone a las personas a la mercantilización de su información o al control desmedido.

«La tecnología debe estar al servicio de la dignidad humana, y no a la inversa», afirmó.

La advertencia atravesó el conjunto del discurso: detrás de cada registro electrónico hay alguien cuyo derecho a existir ante el Estado merece tanto cuidado como la eficiencia del sistema que lo identifica.

Veinticinco ediciones y un cierre íntimo

Al referirse al recorrido de la revista, Menoscal reivindicó la responsabilidad, la independencia y la pluralidad como principios de sus 25 ediciones. Anunció que la primera entrega de 2027 estará dedicada a La banca comercial dominicana: Fortaleza y desafíos, mientras que la segunda abordará los desafíos de los procesos electorales latinoamericanos ante la geopolítica.

El cierre devolvió la reflexión al terreno de la experiencia personal. Contó que, aproximadamente dos años atrás, recibió por equivocación la cédula del maestro Rafael Nino Feliz al salir de una reunión en el Senado. Durante varios días llevó consigo un documento con otro rostro y otros apellidos.

De aquel equívoco nació el poema Mi identidad, que compartió al concluir sus palabras.

La anécdota condensó, con humor y delicadeza, el sentido de toda la intervención: un documento puede cambiar de manos; la vida que pretende representar permanece unida a una historia irrepetible. Reconocerla y protegerla es parte de la responsabilidad democrática del Estado.