Si disfrutas nuestro contenido y crees en una información clara y cercana, tu apoyo nos ayuda a seguir informando sin límites.

UMBRAL, MARCAMOS TENDENCIA 

Si disfrutas nuestro contenido y crees en una información clara y cercana, tu apoyo nos ayuda a seguir informando sin límites.

Bernardo Arévalo: la democracia no puede acostumbrarse al autoritarismo

El presidente de Guatemala defiende una izquierda comprometida con las libertades y la justicia social, mientras enfrenta el desgaste de gobernar y las resistencias a su proyecto contra la corrupción.

Por Julio Guzmán Acosta | Umbral

Madrid.— Bernardo Arévalo nació lejos de la tierra que hoy gobierna. El exilio de su familia lo llevó a abrir los ojos en Montevideo, pero Guatemala permaneció como una presencia inseparable de su historia. Casi siete décadas después, aquel hijo de un presidente reformista encabeza un Gobierno que tiene ante sí una tarea compleja: fortalecer la democracia y conseguir que sus beneficios lleguen a la vida cotidiana.

Durante su visita a Madrid con motivo de la XXX Cumbre Iberoamericana, el mandatario guatemalteco defendió la necesidad de oponerse a la normalización del autoritarismo y las dictaduras. Su planteamiento enlaza con una convicción que atraviesa su discurso: las libertades políticas y la justicia social necesitan avanzar juntas.

La advertencia tiene una dimensión regional, pero también nace de su experiencia. Antes de asumir la Presidencia, Arévalo tuvo que defender el resultado de las elecciones frente a las maniobras que amenazaban con impedir su llegada al poder. Después, le ha correspondido gobernar entre resistencias institucionales, una representación parlamentaria minoritaria y las dificultades de convertir una promesa de renovación en resultados palpables.

Quién es Bernardo Arévalo: una vida entre la academia y la política

César Bernardo Arévalo de León nació el 7 de octubre de 1958 en Montevideo, Uruguay, durante el exilio de su familia. Es hijo de Juan José Arévalo, presidente de Guatemala entre 1945 y 1951 y figura central de la primavera democrática que abrió un período de reformas en el país centroamericano.

Bernardo Arévalo, presidente de Guatemala.

A sus 68 años, reúne una trayectoria poco habitual entre los dirigentes de la región. Sociólogo, diplomático y escritor, se licenció en la Universidad Hebrea de Jerusalén y obtuvo un doctorado en Filosofía en la Universidad de Utrecht, en los Países Bajos.

Fue viceministro de Relaciones Exteriores y embajador en España. Trabajó, además, en iniciativas de construcción de paz y diálogo vinculadas a Interpeace y al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Antes de ocupar la Presidencia, dedicó años a estudiar los conflictos y las condiciones que permiten a una sociedad superar sus fracturas.

Su filiación política: la socialdemocracia de Movimiento Semilla

La trayectoria partidaria de Arévalo está ligada al Movimiento Semilla, organización de la que fue cofundador y secretario general. De orientación socialdemócrata y progresista, la formación creció en el ambiente de movilización ciudadana contra la corrupción que sacudió Guatemala en 2015.

Su ubicación política corresponde a una centroizquierda reformista: defensa de las instituciones democráticas, fortalecimiento de los servicios públicos, desarrollo social y combate a la apropiación del Estado por intereses particulares.

Elegido diputado para la legislatura iniciada en 2020, dio el salto a la Presidencia tras vencer a Sandra Torres en la segunda vuelta de agosto de 2023. El Tribunal Supremo Electoral proclamó su elección junto con Karin Herrera para el período 2024-2028.

Su llegada al Gobierno, en enero de 2024, estuvo precedida por obstáculos judiciales y políticos. La investidura se retrasó hasta la madrugada del día 15, después de una jornada que mostró la profundidad de las resistencias al cambio de poder.

La corrupción como disputa por el Estado

Arévalo sostiene que su victoria electoral permitió recuperar el Ejecutivo de una estructura de intereses político-criminales. Desde esa perspectiva, presenta su Gobierno como un esfuerzo por reconstruir instituciones sometidas durante años a presiones, chantajes y mecanismos de impunidad.

En su balance, destaca los relevos en la Fiscalía General, el Tribunal Supremo Electoral y la Contraloría como avances hacia una mayor independencia institucional. Reconoce, sin embargo, que el proceso permanece inconcluso.

El desafío desborda los nombramientos. Una administración puede modificar autoridades sin conseguir que la ciudadanía perciba de inmediato una transformación en su entorno. Allí aparece una de las tensiones de su mandato: la distancia entre el tiempo de las reformas y la urgencia de las necesidades.

Ante el cuestionamiento por el rechazo a su gestión, el presidente admite preocupación, aunque atribuye parte del desgaste a la desinformación y a las dificultades para comunicar los resultados. Defiende las inversiones realizadas en salud, educación, carreteras y programas sociales, cuya eficacia deberá expresarse en mejoras reconocibles para la población.

Democracia y justicia social, una misma responsabilidad

Su rechazo al autoritarismo incluye una posición crítica sobre Nicaragua. Arévalo reclama condiciones para un retorno democrático y recuerda que los compromisos asumidos en el ámbito interamericano deben orientar tanto la política interna como las relaciones entre los Estados.

Esa postura forma parte de su concepción del progresismo. Para el mandatario, el desarrollo económico necesita traducirse en bienestar, mientras que la búsqueda de igualdad debe preservar las libertades y los derechos.

Al valorar favorablemente el triunfo de Lula mencionado durante sus declaraciones en Madrid, sitúa el énfasis en esa relación entre crecimiento, desarrollo y democracia. Su argumento propone una doble responsabilidad: atender las carencias materiales y proteger las garantías que permiten a los ciudadanos participar, disentir y exigir cuentas.

Bernardo Arévalo, presidente de Guatemala.

Cooperación con Estados Unidos y atención a los migrantes

En su relación con Washington, Arévalo identifica intereses compartidos en seguridad, migración, comercio e inversión.

Considera que la emigración guatemalteca tiene raíces profundas en la falta de oportunidades. Por ello, plantea desarrollar las zonas más pobres y garantizar una recepción digna a quienes regresan deportados.

En materia de seguridad, sostiene que la cooperación contra el narcotráfico comprende equipamiento, capacitación, inteligencia y asesoramiento no armado. Rechaza que militares estadounidenses participen en operaciones armadas en Guatemala y afirma que cualquier actuación que requiera autorización del Congreso debe someterse a ese procedimiento.

Gobernar también es responder al bolsillo

La discusión institucional comparte espacio con preocupaciones inmediatas: el precio de los alimentos, la factura eléctrica y la supervivencia de una cosecha amenazada por la sequía.

El mandatario señala medidas de alivio sobre los combustibles, subsidios a la electricidad y asistencia alimentaria para familias afectadas por El Niño. También destaca el programa Mano a Mano y las iniciativas destinadas a fortalecer la producción familiar en municipios pobres.

En su evaluación, la gestión pública debe juzgarse por sus efectos en educación, salud, infraestructura y condiciones de vida. Ese criterio sitúa la prueba de su Gobierno más allá de los discursos y las disputas entre dirigentes.

A poco más de un año de concluir su mandato, Bernardo Arévalo aspira a demostrar que la corrupción no es un destino inevitable. La dimensión de ese propósito se medirá en las instituciones que consiga fortalecer y en las oportunidades que logre abrir. Porque una democracia arraiga cuando la libertad de elegir viene acompañada de razones para confiar en el porvenir.