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El palco vacío: la primera vez que los mandatarios le hacen la guerra al Mundial

México, Canadá y Estados Unidos escriben una página inédita en la historia del fútbol: sin sus mandatarios en la ceremonia inaugural, mientras Claudia Sheinbaum regala su boleto, Trump se ausenta y Carney asiste a medias, la política le gana al deporte en la Copa del Mundo más grande jamás organizada.

Por Theo N. Guzmán

El Mundial del 2026 ya es, antes del primer silbatazo, un torneo de rarezas. Es el primero que organizan tres países. El primero con 104 partidos, 1.248 jugadores y 16 ciudades sede. México se convierte en el primer anfitrión en recibir tres Copas del Mundo. Canadá, en cambio, estrena su condición de anfitrión como quien estrena camiseta por primera vez. La lista de primicias se alarga como una sombra bajo el sol del verano norteamericano.

Pero hay una novedad que no figura en los registros de la FIFA, una que no celebrarán ni el márketing ni los himnos. Es la del palco de jefes de Estado sin dueño. Este jueves, en la ceremonia más importante del torneo más visto del planeta, la silla del anfitrión mexicano amaneció vacía. Claudia Sheinbaum, la primera mujer presidenta de México, no acudió. En su lugar, como un gesto que trasciende el protocolo, envió a Yolett Cervantes Cuaquehua, una joven indígena del norte de Veracruz. Y junto a ese asiento sin ocupar, los otros dos coorganizadores también dibujaron un vacío inédito: ni Mark Carney, primer ministro de Canadá, ni Donald Trump, el vecino del norte insomne, pisaron el césped inaugural.

Un vacío sin precedentes. Porque desde 1930, el palco de los Mundiales ha visto desfilar desde reyes hasta emires, desde generales hasta presidentes populares. La única excepción fue Francia 1938, cuando Albert Lebrun no asistió a la apertura —aunque sí entregó el trofeo al campeón—, en una época donde las ceremonias aún no eran el escaparate geopolítico que son hoy. En estos tiempos de hipervisibilidad, la ausencia grita más que la presencia.

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Los tres jefes de estado ausentes en la inauguración del Mundial 2026.

Sheinbaum, sin embargo, ya había escrito su propio guion meses atrás. En diciembre, recibió de manos del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, el boleto 001 para el partido inaugural. Luego lo regaló. Se lo dio a una joven aficionada. «La mayoría de los mexicanos no puede pagar una entrada», explicó después. Por eso, ella verá el partido contra Sudáfrica desde una pantalla gigante de las que su gobierno instaló gratis en Ciudad de México. «Van a venir pocos jefes de Estado —declaró—. Varios iban a venir, pero por razones de sus países decidieron no. Por ejemplo, el presidente de Sudáfrica decidió no venir».

En cambio, una corona sí asoma en el horizonte. El Rey Felipe VI de España tiene confirmada su presencia en Guadalajara el 26 de junio, para el Uruguay-España. «Estamos viendo si nos reunimos», dijo Sheinbaum, insinuando un encuentro que sellaría la conciliación entre dos naciones distanciadas por años de heridas abiertas. El fútbol, otra vez, como bisagra de la historia.

Mientras tanto, la FIFA ha tenido que ingeniárselas para disimular la falta de anfitriones. Ha diseñado una «trilogía de espectáculos inaugurales» que tendrá lugar en el primer partido de cada selección local. Estados Unidos enfrentará a Paraguay el segundo día del torneo en Los Ángeles, con un show de Katy Perry, Future, Anitta, LISA, Rema y Tyla. Pero Trump no estará allí. En su lugar, asistirá Marco Rubio, secretario de Estado. Eso sí, el magnete tuiteó que acudirá a algunos encuentros más en suelo estadounidense. Carney, en cambio, sí estará en Toronto para ver a Canadá ante Bosnia. Allí cantarán Alanis Morissette, Alessia Cara, Michael Bublé y otros. La música, al menos, no falla.

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Fher Olvera, cantante principal de la banda mexicana de pop rock Mana, actúa antes del inicio del partido de fútbol del Grupo A.

La ceremonia pudo haber sido el punto de encuentro de los tres líderes norteamericanos. Pero las constantes amenazas e insultos de Trump contra sus vecinos y socios comerciales lo han vuelto imposible. En plenas negociaciones del TMEC, el presidente estadounidense declaró este miércoles que su país no necesita «nada» de sus dos vecinos. La única vez que los tres se reunieron fue en diciembre, en el sorteo de Washington. Ya entonces Trump amagaba con aranceles. Pero aparcaron las tensiones en nombre del fútbol. Esta vez, el deporte ha perdido contra la política.

Así, el Mundial de las primeras veces también será recordado por algo que no ocurrió. Por un palco vacío. Por tres banderas sin sus mandatarios. Por una ceremonia donde la ausencia, paradójicamente, ocupó todo el centro del escenario. El balón rodará, los goles se celebrarán, pero la imagen de esta Copa del Mundo quedará marcada por los asientos sin dueño, por una joven indígena de Veracruz sentada donde se esperaba a una presidenta, y por la constatación de que ni siquiera el deporte más universal logra ya reunir a los que mandan.

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