El veterano periodista y militante advierte sobre el relevo generacional y plantea recuperar espacios de incidencia política, cultural y social entre los jóvenes
Por Julio Guzmán Acosta
Umbral.com.do
SANTO DOMINGO.— El periodista Julio Disla, con más de 50 años de militancia en la izquierda dominicana, ha colocado sobre la mesa un debate que toca directamente el futuro de ese sector político: el envejecimiento de una parte de su militancia histórica y las dificultades para conectar con las nuevas generaciones.
En su artículo “La longevidad de la militancia de izquierda en República Dominicana”, publicado en Umbral.com.do, Disla plantea una reflexión sobre el relevo generacional y la pérdida de espacios de influencia entre estudiantes y jóvenes, un segmento que representa aproximadamente una tercera parte de la población nacional.
La importancia de su planteamiento adquiere una dimensión particular por proceder de un integrante de la propia generación histórica de la izquierda dominicana. No es un joven reclamando espacio frente a los veteranos, sino un militante con más de medio siglo de trayectoria que llama la atención sobre la necesidad de transmitir experiencias, abrir las organizaciones y crear condiciones para la incorporación de nuevas generaciones.
Disla no plantea prescindir de los veteranos ni desconocer las luchas acumuladas durante décadas. Su reflexión apunta, precisamente, a cómo preservar esa memoria mientras se produce una renovación capaz de interpretar una sociedad profundamente distinta a aquella en la que se formaron muchos de los actuales dirigentes y militantes.

Una población joven que no puede ser ignorada
La dimensión demográfica ayuda a comprender la importancia del debate.
Según datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) correspondientes al X Censo Nacional de Población y Vivienda de 2022 citados en el artículo, el 34.44 % de la población dominicana tiene entre 15 y 35 años. En otras palabras, prácticamente uno de cada tres habitantes del país pertenece a ese segmento.
El dato coloca a la juventud en una posición relevante para cualquier organización política interesada en ampliar su presencia social y garantizar continuidad generacional.
La cuestión que plantea Disla adquiere entonces mayor alcance: ¿cómo puede una corriente política que históricamente encontró entre estudiantes y jóvenes una parte sustancial de sus militantes, dirigentes y cuadros tener hoy dificultades para establecer vínculos con una población tan numerosa?
El problema no es la edad de los militantes
Uno de los argumentos centrales del artículo es que la longevidad de la militancia no constituye por sí misma un problema.
Quienes han dedicado 40, 50 o más años a actividades políticas, sindicales, estudiantiles y comunitarias poseen una experiencia histórica que puede resultar valiosa para las generaciones posteriores.
El desafío surge, según la reflexión de Disla, cuando esa experiencia no encuentra mecanismos para transmitirse y las estructuras políticas no consiguen incorporar nuevos militantes, formar cuadros jóvenes ni abrir espacios reales de participación y dirección.
Se trata, por tanto, de encontrar un punto de encuentro entre memoria y renovación.
La experiencia de los veteranos puede convivir con las nuevas ideas, conocimientos tecnológicos, lenguajes y formas de organización de los jóvenes. El desafío consiste en construir los puentes que permitan esa convivencia.
La juventud cambió y también sus formas de participación

Los dominicanos que actualmente tienen entre 15 y 35 años crecieron en condiciones muy diferentes a las generaciones políticas formadas durante las décadas de 1960, 1970 y 1980.
Internet, los teléfonos inteligentes y las plataformas digitales han transformado la manera de informarse, comunicarse, debatir y organizarse.
Instagram, TikTok, YouTube, X y otras plataformas forman hoy parte del espacio público en el que millones de jóvenes reciben información, intercambian opiniones y se relacionan con causas sociales y políticas.
Para las organizaciones políticas, acercarse a esas generaciones supone comprender esas transformaciones y sus preocupaciones, además de sus nuevas formas de participación.
La reflexión de Disla apunta a que no basta con convocar a los jóvenes para que ingresen en estructuras concebidas décadas atrás. También resulta necesario comprender dónde participan, cómo se comunican y qué mecanismos esperan encontrar para intervenir en la vida pública.
La UASD, un territorio histórico de la izquierda

Un aspecto especialmente relevante de la reflexión es el papel de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
Durante décadas, la universidad estatal fue escenario de debates ideológicos, movilizaciones estudiantiles y formación de numerosos dirigentes políticos y sociales.
Ese papel tiene antecedentes históricos documentados. La propia UASD señala que, tras la Revolución de Abril de 1965, profesores y estudiantes impulsaron el Movimiento Renovador Universitario, que transformó una institución elitista y conservadora en una universidad más abierta y democrática.
Entre sus postulados figuraron la participación estudiantil en los organismos de gobierno universitario, la libertad de cátedra y la extensión cultural.
La universidad se convirtió así en uno de los principales escenarios de participación estudiantil y pensamiento político del país.
Disla llama la atención sobre el debilitamiento de la presencia de la izquierda en esos espacios y plantea la necesidad de volver a considerar las universidades como territorios importantes para el debate de ideas y la formación de nuevas generaciones.
De la universidad a las redes sociales
Pero la universidad ya no constituye el único espacio donde se desarrolla la conversación juvenil.
La plaza pública contemporánea también está en las pantallas.
Las organizaciones políticas se enfrentan así a un escenario diferente: tener presencia digital no consiste únicamente en abrir perfiles institucionales o trasladar consignas tradicionales a las redes sociales.
La cuestión es cómo comunicar ideas complejas mediante los lenguajes utilizados por las nuevas generaciones y cómo convertir esos canales en espacios de conversación y participación.
Esta transformación tecnológica plantea un reto adicional a las organizaciones políticas tradicionales, acostumbradas históricamente a desarrollar buena parte de su actividad mediante reuniones presenciales, núcleos territoriales, sindicatos, asociaciones comunitarias y movimientos estudiantiles.
Experiencia y juventud no tienen que ser adversarias
Uno de los puntos centrales de la reflexión de Julio Disla es evitar que el relevo generacional sea interpretado como una confrontación entre jóvenes y veteranos.
La incorporación de nuevas generaciones no exige borrar la historia de quienes las precedieron.
Por el contrario, la experiencia acumulada durante décadas puede servir de referencia a los jóvenes, mientras estos aportan nuevas perspectivas, conocimientos y formas de organización.
El desafío está en conseguir que esa transmisión ocurra.
Sin renovación generacional, las organizaciones pueden perder progresivamente capacidad de incidencia; sin memoria histórica, las nuevas generaciones pueden desconocer experiencias que ayudarían a comprender procesos políticos anteriores.
Un veterano que interpela a su propia generación
Ahí reside quizás el aspecto más significativo del artículo publicado en Umbral.
Julio Disla pertenece a la generación sobre la cual está reflexionando.
Después de más de 50 años de militancia, su planteamiento no parte de negar la trayectoria de la izquierda dominicana, sino de preguntarse cómo puede esa tradición encontrar continuidad entre quienes nacieron varias décadas después.
Su artículo convierte así la longevidad de la militancia en punto de partida para una discusión más amplia sobre renovación política, formación de nuevos dirigentes y presencia entre los jóvenes.
Con aproximadamente una tercera parte de la población dominicana situada entre los 15 y 35 años, la relación con las nuevas generaciones constituye un asunto de relevancia demográfica y política.
Para una izquierda que históricamente tuvo en estudiantes y jóvenes una importante cantera de militantes y dirigentes, la reflexión de Disla deja planteada una cuestión de fondo: qué mecanismos permitirían reconstruir un vínculo sostenido entre esa tradición política y una generación que se informa, se comunica y participa de maneras diferentes.
El valor de “La longevidad de la militancia de izquierda en República Dominicana” radica precisamente en colocar ese debate desde dentro de la propia generación histórica: un periodista y militante con más de medio siglo de trayectoria invita a reflexionar sobre cómo transmitir la experiencia acumulada y abrir espacios para quienes vienen detrás.




