En un diálogo de 40 minutos, los mandatarios de México y Brasil defendieron el multilateralismo y el principio de no injerencia, reclamaron el fin del embargo a Cuba, respaldaron los procesos internos de Colombia y ratificaron su apoyo a Michelle Bachelet como futura secretaria general de la ONU; además, acordaron profundizar la cooperación energética entre Pemex y Petrobras.
Por Alejandro F. Guzmán
En un gesto que subraya el creciente contrapeso latinoamericano frente a las presiones unilaterales de Estados Unidos, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, y el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, condenaron este cualquier forma de injerencia extranjera en los asuntos internos de Colombia y Cuba, en una explícita aunque no mencionada respuesta a las recientes declaraciones del presidente Donald Trump.
Durante una conversación telefónica que se extendió por 40 minutos, ambos gobernantes coincidieron en la urgencia de preservar el derecho internacional, la democracia y el multilateralismo como pilares irrenunciables de la convivencia regional. En un comunicado oficial difundido por la cancillería brasileña, los líderes reafirmaron su postura favorable al levantamiento del embargo económico y financiero impuesto a La Habana, y analizaron la crítica situación humanitaria que vive la isla, subrayando la necesidad de construir soluciones que mejoren las condiciones de vida de su población.
Frente al telón de fondo de un mapa regional otra vez tensionado por la retórica intervencionista proveniente del norte, Sheinbaum y Lula ratificaron su defensa del principio de no injerencia como eje ético y político de sus respectivas políticas exteriores. El respaldo explícito a los procesos internos de Colombia —en momentos en que sectores conservadores en Washington presionan por una revisión del acuerdo de paz— refuerza el alineamiento de ambos gobiernos con una visión autónoma y soberana de los asuntos hemisféricos.
Más allá del frente diplomático, la llamada sirvió para consolidar una agenda bilateral de amplio espectro. Los mandatarios acordaron profundizar las negociaciones sobre el marco jurídico comercial entre las dos mayores economías de América Latina, con miras a modernizar los instrumentos de cooperación. También reconocieron avances sustantivos en salud, turismo, ciencia, tecnología y gobernanza pública.
Un punto de especial relevancia fue el anuncio del avance hacia un acuerdo energético entre Petróleos Mexicanos (Pemex) y Petrobras, que busca articular el intercambio de experiencias en exploración, producción, buenas prácticas y alternativas vinculadas a los biocombustibles. La colaboración entre ambas empresas estatales se perfila como un eje estratégico para reducir la dependencia externa y fortalecer la soberanía energética regional.
Respaldo conjunto a Bachelet para liderar la ONU
En el plano multilateral, los presidentes reiteraron su respaldo a la expresidenta chilena Michelle Bachelet como candidata para ocupar la próxima Secretaría General de las Naciones Unidas. Bachelet, quien ya se desempeñó como alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, representa —en la visión compartida por Sheinbaum y Lula— una figura de consenso capaz de restaurar el prestigio y la eficacia del organismo en un momento de profundos desafíos globales.
La conversación concluyó con un gesto de camaradería y proyección deportiva: Lula deseó a Sheinbaum todo el éxito en la organización del Mundial de Fútbol 2026, que comenzará este jueves y será coorganizado por México, Estados Unidos y Canadá. Un detalle menor, quizás, pero que revela la voluntad de ambos líderes de construir una relación fluida, estratégica y con vocación de futuro.
En un continente donde las sombras del intervencionismo vuelven a alargarse, México y Brasil han elegido hablar con una sola voz. Y esa voz, por ahora, se llama no injerencia, diálogo y derecho internacional.