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Cuba es el eslabón vital y hay que darle más solidaridad

Antes del triunfo de su revolución, Cuba fue el «eslabón más débil de la cadena de la dominación imperialista» en América Latina. Entonces estaba dominada por la dictadura de Fulgencio Batista, peón de las mafias y del capital norteamericanos.

En  la conceptualización marxista leninista esto quiere decir que allí estaban las posibilidades más significativas para una revolución popular y antiimperialista en esta región.

Y así ocurrió.  Tras un largo proceso de luchas  anticoloniales y  revolucionarias, la revolución triunfó en enero de 1959.  De acuerdo con el Comandante Fidel Castro Ruz, este hecho fue el resultado de  un proceso ininterrumpido de  cien años de lucha revolucionaria, que incluye la de los mambises contra el colonialismo español en el siglo 19.

Haber sintetizado las enseñanzas de toda la lucha contra el colonialismo y asumir el ejemplo de Antonio Maceo y el  pensamiento de José Martí como guía fundamental del proceso revolucionario, es una singularidad que hizo auténtica la revolución cubana.

Consiguió una fuerza descomunal y aportó una característica  extraordinaria al afincarse en sus propias raíces históricas.

Haberse realizado en una área de influencia fundamental para el imperialismo norteamericano como es América Latina, donde otros pueblos luchaban y luchan también por poner fin a su dominio;  más, en el Caribe, frontera imperial, donde convergieron intereses y disputas entre potencias, le dio otra singularidad, extraordinaria, que la habría de convertir en un blanco principal de ese imperialismo.

La revolución cubana dijo a los pueblos que se podía romper el dominio yanqui- oligarca.  Y se hizo ejemplo.

Y  aquí hay un detalle de mucha actualidad.

El imperialismo norteamericano tenía que matar el ejemplo. No podía permitir que se irradiara a otros pueblos.

Y  definió un bloqueo económico para ahogarlo.

Y definió políticas para impedir se reeditara en otros países y pueblos.

(Impulsó la llamada Alianza para el Progreso, mediante dádivas encaminadas a limar tensiones sociales en muchos países de América Latina, en los cuales, y con los mismos fines, también alentó regímenes con caricaturas de democracia, sin justicia social ni participación popular; y hasta dictaduras militares donde se  lo aconsejaron las circunstancias).

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Así,  asesinó a Manolo Tavarez Justo en Manaclas en diciembre de 1963, y a Maximiliano Gómez y otros líderes de las izquierdas  en los años de la década de 1970.  Porque aprendió  que debió asesinar al Comandante Fidel Castro Ruz y sus compañeros tras el ataque militarmente fallido al Moncada en 1953; y no lo hizo. Y seis años después, en enero de 1959, estos entraron triunfantes a La Habana como cabezas de la revolución.

Algo así no lo podía permitir en República Dominicana.

La revolución cubana fue referente obligado para el imperialismo norteamericano en sus esfuerzos para recomponer su  hegemonía en la República Dominicana durante la crisis política que se generó tras la caída de la dictadura de Trujillo a partir de 1961.

El Departamento de Estado, con el presidente John F. Kennedy a la cabeza, analizó la coyuntura de Santo Domingo y concluyó en que disponía de  tres opciones: o establecer un gobierno de democracia representativa de amplia base social, surgido de unas elecciones; o  un gobierno como el de Trujillo, aunque sin Trujillo; o uno como el de Fidel Castro.

El imperialismo norteamericano era consciente de  que  en ese momento en la República Dominicana había una crisis política que, en los hechos,  se expresaba en los términos de la concepción leninista, las masas populares reclamaban en las calles la democratización, la completa destrujillización del país y la redistribución equitativa de las riquezas; «los de abajo no querían seguir siendo gobernados como antes, y los de arriba no podían seguir gobernando como antes».

Es lo que el Marxismo leninismo ha caracterizado como una crisis política.

El yanqui hizo la lectura desde su  visión.  Y concluyó en estar dispuesto hasta instalar un régimen como el de Trujillo, sin Trujillo, si era preciso para evitar un gobierno como el de la revolución cubana.

Cuba y su revolución era referencia en el análisis de los yanquis cuando entre 1961- 62  buscaba una salida favorable a sus intereses a la crisis política dominicana.

Y volvió a ser referencia de estos en el golpe de Estado al gobierno del profesor Bosch en 1963;  lo propio como se ha dicho en el asesinato a Manolo Tavarez Justo y sus compañeros en Manaclas en 1963; también en la intervención militar del 28 de abril de 1965;  en la imposición del régimen de Balaguer y la represión de este contra las izquierdas, el sindicalismo consecuente y los demócratas a partir de 1966.

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Se debe tener siempre presente, y repetirse tanto como se pueda, que evitar otro ejemplo de Cuba revolucionaria en cualquier otro país de América Latina y el Caribe fue linea del imperialismo yanqui desde que esta triunfó en enero de 1959.

Pero a pesar de todas las agresiones, y de la desaparición de la URSS que fue una fuerte aliada de Cuba, esta ha permanecido firme. Como un faro de resistencia al imperialismo yanqui, y haciendo cosas buenas para su pueblo a pesar del bloqueo; y serían mejores sin este.

Hoy, América Latina y puede decirse que el mundo, están bajo la terrible amenaza del auge del conservadurismo con tintes fascistoides. Venezuela ha sido golpeada de manera alevosa. Esa ola amenaza a Colombia, y ya golpea los pueblos de  Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú.

El imperialismo yanqui con Donald Trump al frente, se ha lanzado  con brutalidad renovada contra Cuba. Arrecia y amplia el bloqueo.  Lleva a cabo un ataque integral contra la revolución: económico, calumnioso, con la amenaza cierta de la agresión militar abierta, de guerra con fuego.

Nunca antes la agresión económica  y la amenaza militar a Cuba alcanzó dimensiones como las actuales.

En estas circunstancias, Cuba es el eslabón vital de la lucha antiimperialista.

La afirmación de que Cuba es el eslabón vital del antimperialismo yanqui en América Latina expresa una  realidad  política e histórica.

Por su valor simbólico en la  resistencia al dominio norteamericano.  Por la amenaza del conservadurismo y la vuelta a la política yanqui de la doctrina Monroe, con la que pretende reafirmar su dominio hegemónico en esta región de la que se considera dueña.

Y así las cosas, es deber de los demócratas, patriotas y revolucionarios multiplicar la solidaridad con Cuba.

Cuba debe prevalecer libre y soberana, dueña de su destino, haciendo uso de su derecho a la autodeterminación. Y así seguirá siendo ejemplo de los pueblos latinoamericanos y caribeños, que luchamos por nuestra soberanía e independencia, paz y  justicia, desarrollo y progreso.

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