No sé si a otros les ocurrirá lo que hoy me pasa. Que con tantos motivos y temas para escribir, no atino a decidirme por uno de ellos, porque una mezcla de emociones inexplicables como que me bloquea la mente y me impide asomarme a la ventana y ver el mundo. No es la primera y supongo que tampoco será la última vez que eso me ocurre.
Parecería tramposo intelectualmente o una excusa floja frente al periódico y al deber moral con los lectores que pueda uno tener. Pero el hecho cierto es que me encerré en medio de mi propio mundo, hice algún esfuerzo, pero a poco andar me dije a mí mismo que me regalaba el día. Jueves corpus, por demás.
Y hasta me recordé que hoy estamos a cuatro, y que precisamente un día cuatro nací de nuevo. Precisamente un día cuatro de mayo, de hace más de cincuenta y nueve años, el gobierno me dio por muerto en combate con tropas del Ejército. Como no era cierto, puedo decir que un día cuatro de mayo nací otra vez. Y volví a nacer en esa misma fecha como Nicodemo el de la leyenda bíblica, sin entrar de nuevo en el vientre de la madre.
Ya he leído, escrito y repetido que eso de escribir no es otra cosa que recopilar sentimientos y sensaciones, que bajo diversas causas y estímulos se reúnen en el cerebro y que cuando esa cosecha de sensaciones está madura, se ponen las letras en el papel y texto nace. Pero a veces eso no ocurre por más lúcido y veterano que sea el escritor.
O el escribidor como es mi caso. Esta vez no pude mirar más allá de mí mismo, y como los asuntos personales, los estados de ánimo individuales, aunque sean alegres como los míos, no tienen importancia pública, mucho menos cuando hay tantas cosas de verdadera trascendencia en el debate, lo más aconsejable es el silencio.
Hoy no encontré la forma de abordar lo trascendente y con la mayor prudencia, hago mutis por el foro, como se dice en el teatro, me tomo mi licencia y no trabajo, para despedirme con la esperanza de encontrarnos de nuevo en mi próxima entrega. Entonces, buen fin de semana y, como se decía en los tiempos viejos: “A todos los que la presente vieren: ¡salud!”.