El combinado dominicano que representará a la República Dominicana en El Clásico Mundial de Béisbol, empató 4-4 ante Detroit en su último fogueo en Santo Domingo, con una exhibición de poder de Juan Soto (HR y triple) y un hit de oro de Carlos Santana. Sin embargo, la preocupación reina en el campamento tras la lesión en un dedo del torpedero Jeremy Peña, quien será sometido a una resonancia magnética. El equipo ya se encuentra en Miami para debutar este viernes ante Nicaragua.
Por Redacción de Deportes
Umbral.com.do
SANTO DOMINGO. El rugido de los fanáticos dominicanos que coreaba a Juan Soto y el aplauso de respeto a Albert Pujols se transformó en un suspiro de preocupación en el Estadio Quisqueya. La noche del miércoles , que debía ser solo una confirmación del poderío ofensivo que República Dominicana exhibirá en el Clásico Mundial de Béisbol, terminó con una noticia que heló la sangre de la fanaticada: Jeremy Peña sufrió una lesión en un dedo de la mano y su participación en el torneo pende de un hilo.
Ante 24,686 almas que corearon cada batazo, la “novena duartiana” firmó un empate 4-4 con los Tigres de Detroit que supo a gloria y a suspense. Fue una noche de 13 imparables, de remontadas y de un ambiente que justificó cada centavo de la entrada, pero que quedó marcada por la incertidumbre en torno al campocorto de los Astros, quien será sometido este jueves a una resonancia magnética para determinar la gravedad de la dolencia.
Pero antes del parte médico, llegó el espectáculo. Y el dueño de la velada fue, una vez más, Juan Soto. El jardinero, que parece tener un romance eterno con el recinto de la Avenida Tiradentes, desató la locura en el tercer episodio. Con un batazo que se fue por el prado central, el nativo de Santo Domingo conectó un triple limpiador de bases que hizo retumbar las gradas, después de que Fernando Tatis Jr. y Ketel Marte calentaran las bases ante el pitcher Scott Effross. Como si fuera poco, en el quinto episodio, Soto volvió a hablar con el madero y desapareció la pelota por el centro del jardín para colocar la pizarra 3-4 desatando la algarabía de un público que ya sueña con verlo en la pelota invernal.
El manager Albert Pujols, fiel a su libreto de preparación, aprovechó para darle rotación a sus piezas. Agustín Ramírez inició detrás del plato, mientras que el joven Junior Caminero ocupó la antesala y Manny Machado se desempeñó como bateador designado. Sin embargo, el pitcheo dominicano, que había mantenido el control gracias a un aceptable trabajo de Brayan Bello, casi tira por la borda la faena ofensiva. En un noveno episodio de infarto, Jimmy Cordero perdió la brújula. Un boleto a Sergio Tapia y un doblete productor de Gage Workman acercaron a los felinos. Seth Stephenson empató la pizarra con un sencillo al derecho, desatando el silencio en el recinto.
Pero este equipo tiene una estirpe que no se rinde. Cuando la derrota asomaba su fea cara, aparecieron las figuras complementarias que menciona Pujols. Con dos outs y Amed Rosario en la intermedia, el experimentado Carlos Santana conectó un sencillo productor al jardín izquierdo que rescató el empate. Oneil Cruz fallaría para cerrar la entrada, pero el mensaje ya estaba enviado: la ofensiva dominicana respira por igual con sus estrellas consagradas que con sus roles de apoyo.
El equipo dejó 10 hombres en base y bateó de 12-2 con corredores en posición de anotar, una señal de que la máquina aún puede engrasarse más fina de cara a los duelos eliminatorios. Pero eso, ahora, pasa a un segundo plano. La salud de Peña es la prioridad.
Mientras los dominicanos se instalaron el miércoles en Miami para iniciar su aventura como máximos favoritos, sus rivales del grupo también lanzaron sus propios avisos. Desde la Liga de la Toronja, Nicaragua, con el lidomiano Ismael Munguía como abanderado, derrotó 2-1 a los Cardenales de San Luis. «Nos menosprecian, pero vamos a dar una sorpresa», advirtió Munguía. Países Bajos, a pesar de la sensible baja por dopaje de Jurickson Profar, confirmó su poder ofensivo al vapulear 11-7 a los Rays de Tampa Bay, sumando su segundo triunfo consecutivo en la preparación. Por su parte, Israel cayó 5-2 ante los Mets.
La fiesta en el Quisqueya dejó claro que el madero dominicano está aceitado. Pero la concentración del jueves en Miami tendrá un solo tema: esperar por el dedo de Jeremy Peña y saber si el combinado dominicano que todo el mundo da como favorito, podrá iniciar con victoria desde el primer juego del viernes ante los pinoleros.
