El exministro de Pedro Castillo se impone por un estrecho margen a López Aliaga tras el recuento del 99,66% de los votos, mientras Keiko Fujimori lidera con holgura. La ONPE admite retrasos logísticos y el JNE ordena una auditoría integral ante denuncias de irregularidades que afectaron a miles de electores en Lima.
Por Julio Guzmán Acosta
Lima, martes 12 de mayo — El tablero político peruano quedó definido al filo de la madrugada. Con el 99,66% de las actas procesadas, la Oficina de Nacional de Procesos Electorales (ONPE) confirmó que Roberto Sánchez, exministro del depuesto gobierno de Pedro Castillo, será el rival de Keiko Fujimori en la segunda vuelta del próximo 7 de junio. El izquierdista, abanderado de Juntos por el Perú, superó a Roberto López Aliaga, de Renovación Popular, por apenas 14.400 papeletas: 2.004.000 votos frente a 1.989.968. Quedan menos de 350 actas por contabilizar, pero la tendencia parece irreversible.
La sorpresa no ha sido el avance de Fujimori, quien se consolida como la fuerza más votada de la primera ronda. La lideresa de Fuerza Popular obtuvo 2.867.517 sufragios, equivalentes al 17,17%, muy por delante de sus dos perseguidores. Lo que nadie anticipaba era la férrea pulseada por el segundo lugar, resuelta en un virtual empate técnico que mantuvo en vilo al país durante más de 24 horas. Sánchez, un exfuncionario del fallido gobierno castillista, ha capitalizado el voto de la izquierda fragmentada y promete una campaña de “renovación frente al fujimorismo”.
Pero los comicios, celebrados el pasado 12 de abril, han dejado un reguero de denuncias. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ordenó una “auditoría informática integral y exhaustiva” sobre todo el proceso. La decisión se tomó tras la abrupta renuncia del jefe de la ONPE, Piero Corvetto, el 21 de abril, quien admitió “retrasos logísticos” que impidieron votar a unos 60.000 ciudadanos, sobre todo en Lima. La falta de material electoral obligó a prorrogar la jornada hasta el lunes 13. Corvetto y otros seis funcionarios del organismo están siendo investigados por presuntas irregularidades.
“El pueblo necesita certezas, no parches”, declaró Sánchez a su llegada al local de campaña. Desde el bando de Fujimori, se limitaron a exigir “transparencia total” antes de aceptar los resultados oficiales. La tensión no cesa. En las calles de la capital, grupos de ciudadanos aún reclaman por el derecho al voto con cacerolazos y carteles que rezan “Aquí también hay democracia”. El destino del país queda ahora en manos de dos proyectos antagónicos y una ciudadanía cansada de promesas incumplidas.