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¡FRAUDE MONSTRUOSO! El modelo Bukele encierra, pero NO REHABILITA: experto advierte que “salen diablos” a las calles

Roberto Santana, director de Servicios Penitenciarios y Correccionales, desmonta la supuesta eficacia del sistema carcelario salvadoreño: lo califica como una “reacción de choque” sin reinserción real y sentencia que, sin terapia ni acompañamiento, los reos volverán a sus barrios más peligrosos que antes.

Por THEO N. GUZMÁN

Santo Domingo.- Mientras el mundo aplaude las megacárceles y el régimen de excepción de Nayib Bukele en El Salvador, una voz autorizada en políticas penitenciarias emerge con una advertencia helada: el sistema no rehabilita, solo aplasta. Y cuando la prensa libere a esas bestias, las devolverá más violentas a los barrios que las engendraron.

“Eso no es un sistema, es una reacción de choque a una situación extrema”, sentenció este Roberto Santana, director de Servicios Penitenciarios y Correccionales, durante el Almuerzo de Medios del Grupo Corripio. Y su veredicto, desprovisto de contemplaciones, golpeó como un martillo: sin especialistas en conducta, sin acompañamiento psicológico ni armonía, el encierro masivo no es más que una pólvora seca esperando detonar en los suburbios.

“Cuando tú humillas a una persona, lo que sale es el diablo”, advirtió Santana, con la crudeza de quien ha visto el fondo del pozo penitenciario en varios países de la región. Para él, edificar muros de máxima seguridad sin construir puentes de reinserción es una receta del fracaso a plazos. Porque en El Salvador no existe la pena de muerte, y la cadena perpetua no alcanzará para todos. La mayoría, tarde o temprano, regresará a sus comunidades de origen. Y allí, donde las maras son dueñas del miedo, los espera la misma tierra de nadie que los vomitó al crimen.

“¿Qué es lo que hay que cambiar? El barrio”, disparó Santana, poniendo el dedo en la llaga que los gobiernos suelen esconder bajo alfombras de cemento y alambre de púas.

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El veterano reformador penitenciario explicó que El Salvador, junto a Honduras y Guatemala, se han convertido en corredores obligados para la migración ilegal hacia Estados Unidos. Esa geografía maldita, limítrofe con México, los transformó en bases naturales del crimen organizado. Hubo días, recordó, en que sólo San Pedro Sula, Honduras, amanecía con 34 muertes violentas. Y frente a esa hemorragia, los gobiernos eligieron la vía más fácil: encerrar, encerrar y encerrar.

Pero Santana no vino a vender espejismos. Su receta es incómoda: un verdadero sistema de rehabilitación exige especialistas de la conducta, acompañamiento continuo y, sobre todo, un modelo sin humillación. “Un modelo sano, seguro, sin corrupción y que ayude a la convivencia democrática”, remató.

La reflexión que hace Roberto Santana habla de realismo, mientras Bukele cosecha aplausos internacionales, es incómoda: ¿estamos creando supercárceles o superproblemas? Porque si Santana tiene razón, lo que hoy es una jaula inmensa, mañana será una fábrica de monstruos devueltos al vecindario. Y entonces, el diablo –como él mismo dice– ya no estará tras las rejas. Estará tocando la puerta de casa.

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