Ante las recientes amenazas del presidente Donald Trump, Teherán anuncia una respuesta “más contundente y severa”, que podría incluir escenarios “sorpresivos y devastadores”. Paralelamente, la República Islámica entrega a Pakistán una nueva propuesta para reanimar el diálogo de paz, mientras el G7 se prepara para evaluar el impacto económico de la crisis en Oriente Medio.
Por: Virtudes Álvarez Sampedro
Teherán. — En un clima de creciente tensión diplomática y militar, Irán lanzó ayer una advertencia explícita a Estados Unidos: cualquier nueva agresión contra su territorio hallará como respuesta una reacción “más contundente y severa”, que podría adoptar formas inesperadas y de alto poder destructivo. Las declaraciones, atribuidas al general de brigada Abolfazl Shekarchi, portavoz de las Fuerzas Armadas iraníes, fueron difundidas por la televisión estatal y constituyen la más reciente escalada verbal tras los nuevos apremios del presidente estadounidense, Donald Trump.
“La repetición de cualquier insensatez para compensar la humillación sufrida por Estados Unidos en la tercera guerra impuesta contra Irán no tendrá otra consecuencia que recibir golpes aún más contundentes y severos”, aseveró el vocero castrense, en alusión
a lo que el régimen de los ayatolás considera un historial de hostilidades previas. Shekarchi subrayó, además, que el “desesperado presidente de Estados Unidos” debe comprender que, de consumarse sus amenazas, “los activos y el debilitado ejército de ese país se enfrentarán a escenarios nuevos, ofensivos, sorpresivos y devastadores”.
En paralelo al endurecimiento del discurso militar, Teherán ha activado una vía diplomática alternativa. Fuentes cercanas a las negociaciones confirmaron que Irán entregó un nuevo paquete de propuestas a Mohsin Naqvi, ministro del Interior de Pakistán, durante la visita oficial de este último a la capital iraní. Islamabad intenta así reactivar el diálogo estancado entre la República Islámica y Washington. Según el medio local Iran Nuances, la iniciativa presentada constituye un híbrido entre el plan de catorce puntos revelado la semana pasada y las condiciones recientemente planteadas por Estados Unidos, lo que sugiere un delicado equilibrio entre firmeza y voluntad negociadora.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con atención las derivaciones económicas del conflicto. A partir de hoy, la reunión de ministros de Finanzas del G7 abordará dos asuntos prioritarios: las consecuencias financieras de la guerra en Oriente Medio y las posibles estrategias para desbloquear el estrecho de Ormuz, un paso marítimo estratégico bajo influencia iraní por el que transita una parte sustancial del petróleo mundial. El desenlace de esas deliberaciones podría influir en la presión diplomática que las potencias occidentales ejercerán sobre las partes en conflicto.