La autorización para que Estados Unidos utilice áreas restringidas de los aeropuertos de San Isidro y Las Américas desata alertas sobre compromisos soberanos y riesgos geopolíticos en el Caribe.
POR JULIO CÉSAR GUZMÁN ACOSTA
SANTO DOMINGO.— En un pronunciamiento que reverbera con ecos de viejas disputas geopolíticas, el Partido Comunista del Trabajo (PCT) ha alzado su voz para rechazar con firmeza la decisión del Gobierno dominicano de autorizar a las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos el acceso y uso de áreas restringidas en los aeropuertos de San Isidro y Las Américas. Según la organización política, esta medida —enmarcada en operaciones antinarcóticos— no solo lesiona la soberanía nacional, sino que coloca al país en una posición de riesgo frente a la convulsiva estabilidad regional, particularmente en lo que respecta a naciones hermanas como Cuba y Venezuela.
La denuncia del PCT surge en un momento de creciente coordinación militar entre República Dominicana y Estados Unidos, simbolizada recientemente por la visita del secretario de Guerra Pete Hegseth. Sin embargo, lo que para el gobierno representa cooperación en seguridad, para los comunistas dominicanos significa una cesión peligrosa de control sobre infraestructuras críticas, abriendo la puerta a escenarios que exceden con creces la lucha contra el tráfico de drogas.
La Infraestructura Nacional como Plataforma Extraterritorial
El núcleo del rechazo se centra en lo que el PCT califica como “una vulneración flagrante de la plena independencia de la República Dominicana sobre su territorio”. Al ceder el uso de áreas restringidas en aeropuertos de importancia estratégica, el gobierno —según la organización— traspasa funciones inherentes a la defensa nacional a una potencia militar extranjera, aún bajo el pretexto de la cooperación antinarcóticos.
“La seguridad y defensa de la nación deben ser responsabilidad exclusiva de las instituciones dominicanas”, subraya el partido en su documento. La advertencia apunta a un principio sagrado en el derecho internacional: la soberanía territorial como base de la convivencia entre estados. Para el PCT, este acuerdo no solo debilita ese principio, sino que sienta un precedente que otros actores internacionales podrían explotar en el futuro.
El Contexto Geopolítico: ¿Cooperación o Confrontación?
Más allá de la cuestión soberana, el PCT alerta sobre el timing de la autorización, la cual se produce en un momento de alta tensión en la región. La organización advierte que la presencia militar estadounidense en aeropuertos dominicanos “puede servir como base para operaciones que excedan el combate al narcotráfico”, colocando al país en una posición de plataforma para la injerencia o confrontación contra otros estados soberanos del Caribe y Latinoamérica.
Esta advertencia no es menor en un escenario donde Washington ha incrementado su retórica y despliegue militar hacia Venezuela y Cuba. Para los comunistas, la medida convierte a República Dominicana en un eslabón más de una cadena de presión que podría desestabilizar aún más el equilibrio regional.
Un Llamado a la Racionalidad y el Respeto Mutuo
Frente a este panorama, el PCT ha hecho un llamado al Gobierno dominicano a “reconsiderar y revocar inmediatamente esta decisión”, abogando en cambio por acuerdos de cooperación que se enmarquen en el respeto irrestricto a la soberanía, la no intervención y el derecho internacional.
La organización propone que la lucha contra el narcotráfico sea abordada mediante mecanismos bilaterales o multilaterales que fortalezcan las capacidades propias de las instituciones nacionales, sin necesidad de ceder espacios territoriales críticos. La propuesta subraya una máxima de la diplomacia clásica: la cooperación en seguridad no debe implicar la abdicación de la soberanía.
Mientras el gobierno insiste en los beneficios operativos de este tipo de acuerdos, las advertencias del PCT —junto a las de otras treinta organizaciones que días antes declararon persona non grata al secretario Hegseth— revelan una profunda fractura en la sociedad dominicana respecto a los límites de la alianza con Washington. El debate, en esencia, ya no es sobre narcotráfico, sino sobre los fundamentos mismos de la soberanía nacional en el siglo XXI.