La elección de Zohran Mamdani como primer alcalde musulmán de Nueva York representa el mayor desafío al establishment neoliberal estadounidense en décadas, un experimento socialista en el corazón del capitalismo global que enfrenta la feroz resistencia de élites económicas, el lobby israelí y los medios de comunicación.
Por Julio Guzmán Acosta
NUEVA YORK.- En la ciudad que simboliza el sueño capitalista por excelencia, un hombre de origen inmigrante, confesamente socialista y abiertamente musulmán ha logrado lo impensable: conquistar la alcaldía con un programa que promete redistribuir la riqueza en la metrópoli más desigual de Estados Unidos. Zohran Mamdani, de 33 años, no solo rompió moldes demográficos sino que desnudó las profundas contradicciones de un sistema que genera riqueza monumental mientras deja atrás a sus clases trabajadoras.
Su victoria, conseguida con el trabajo puerta a puerta de 90,000 voluntarios y financiada mediante pequeñas donaciones populares, representa un terremoto en el paisaje político norteamericano. Mamdani logró lo que parecía imposible: unir a trabajadores multirraciales, jóvenes profesionales ahogados por los préstamos estudiantiles y comunidades inmigrantes alrededor de una plataforma que desafía abiertamente el consenso neoliberal que ha dominado la ciudad durante décadas.
La grieta demócrata: socialismo versus establishment
La elección neoyorquina evidenció la profunda fractura dentro del Partido Demócrata. Por un lado, la vieja guardia representada por Andrew Cuomo -hijo del exgobernador Mario Cuomo- quien, derrotado en las primarias, optó por presentarse como independiente con el apoyo tácito de donantes corporativos y el sorprendente respaldo indirecto de Donald Trump, cuyo padre fue históricamente donante demócrata. Por el otro, la emergente ala socialista encabezada por Mamdani y respaldada por figuras como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, aunque con notables diferencias en cuanto a la política exterior.
Mientras Sanders y Ocasio-Cortez justificaron la reacción israelí tras los ataques del 7 de octubre de 2023, Mamdani se distinguió por su condena abierta a lo que calificó como «genocidio» en Gaza, posicionamiento que le valió feroces ataques de la poderosa maquinaria sionista norteamericana.
El arsenal de los poderosos: antisemitismo y fantasmas rojos
La campaña contra Mamdani activó todos los resortes del miedo. Lo llamaron comunista, marxista, yihadista, antisemita. Medios tradicionales y digitales profetizaron el éxodo judío de Nueva York -la ciudad con mayor población judía fuera de Israel- y magnates como Elon Musk lo tildaron de «carismático estafador». El lobby israelí AIPAC movilizó sus considerables recursos para impedir su ascenso, consciente de que un alcalde socialista y crítico de Israel en Nueva York representaba una amenaza existencial para su influencia.
Como en los peores momentos del macartismo, las acusaciones de antisemitismo se mezclaron con el rechazo visceral al socialismo, creando una narrativa poderosa destinada a asustar a un electorado que, no obstante, optó por la esperanza sobre el miedo.
Los dueños de Nueva York contraatacan
La victoria de Mamdani representa solo el primer round de una batalla épica. Como bien advierte el académico Norman Finkelstein, crítico del sionismo pero también observador lúcido de la izquierda, la vida del alcalde electo podría estar en riesgo y su proyecto enfrenta obstáculos monumentales.
Las contradicciones ya comienzan a surgir: la aceptación de fondos vinculados a Alexander Soros -heredero de la Open Society Foundation- y la posible continuidad de Jessica Tisch, miembro de una de las familias más ricas de Nueva York, como comisionada de policía, generan escepticismo entre sus bases. ¿Cómo conciliar la retórica revolucionaria con la práctica de gobierno en una ciudad cuyas estructuras de poder están profundamente entrelazadas con el capital financiero?
Como reflexionaba el veterano luchador social mexicano Pedro Castillo Salgado, las movilizaciones muestran el músculo, pero el verdadero poder se ejerce en la capacidad de transformación duradera. Los 90,000 voluntarios que llevaron a Mamdani a la alcaldía deberán convertirse en el ejército ciudadano que respalde cada medida, cada reforma, cada enfrentamiento inevitable con los poderes fácticos.
Nueva York se convierte así en el laboratorio más importante para la izquierda global del siglo XXI. El éxito o fracaso de Mamdani determinará no solo el futuro de una ciudad, sino la viabilidad misma de proyectos socialistas en las entrañas del capitalismo avanzado. La utopía ha llegado a Manhattan, y su supervivencia dependerá de si puede convertir la esperanza en realidad tangible para millones de neoyorquinos olvidados por el sueño americano.