El Gobierno dominicano condena el ataque israelí en territorio de Catar, calificándolo como un peligroso precedente que vulnera la soberanía y el derecho internacional.
Por Cesar Dalmasi Guzman
SANTO DOMINGO.— Con la contundencia que exigen los principios del derecho internacional, el Gobierno dominicano alzó su voz este jueves para repudiar enérgicamente el ataque perpetrado por Israel en el corazón de Doha, capital de Catar, que cobró la vida de cinco miembros de la delegación negociadora de Hamás y un policía catarí. A través de un comunicado oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores (Mirex), la República Dominicana tachó la acción militar de «violación a la soberanía» y advirtió que tales actos socavan las bases del diálogo y la paz internacional.
El ataque, ejecutado el pasado martes contra una edificación donde se discutía la última propuesta de tregua para Gaza, no solo interrumpe el frágil proceso de negociación mediado por Catar, Egipto y Estados Unidos, sino que establece un «precedente peligroso», según alertó el gobierno egipcio. Israel, por su parte, justificó la operación ante el Consejo de Seguridad de la ONU al calificar a los fallecidos como «cerebros del terrorismo» y advertir que continuará persiguiéndolos «dondequiera que se encuentren».
La posición dominicana, firmemente anclada en el derecho internacional, enfatiza que «la única vía para lograr la paz y resolver de manera duradera los conflictos entre Estados es a través del diálogo sostenido y tesonero». Este pronunciamiento se alinea con la condena del secretario general de la ONU, António Guterres, quien denunció la «flagrante violación de la soberanía e integridad territorial de Catar».
El incidente expone la complejidad de la geopolítica regional: Catar, aliado estratégico de Estados Unidos y sede central de la Fuerza Aérea estadounidense en Oriente Medio, se encuentra ahora en el ojo del huracán. Mientras la Casa Blanca tachó el objetivo israelí de «loable» aunque «desafortunado», las potencias mediadoras advierten que acciones de esta naturaleza no solo incendian el conflicto, sino que erosionan la credibilidad de los procesos diplomáticos. La comunidad internacional observa, con creciente preocupación, cómo la escalada de violencia podría desestabilizar aún más una región ya herida por el fuego y la división.