El presidente ucraniano busca en su reunión con Trump recuperar protagonismo tras el encuentro Alaska-Moscú, mientras Europa observa con cautela un juego diplomático donde Kiev teme quedar al margen.
Por Servicios Umbral.com.do
La Casa Blanca prepara este lunes un encuentro cargado de simbolismo: Volodímir Zelenski llega a Washington tras el cara a cara entre Donald Trump y Vladímir Putin en Alaska, una cumbre que dejó a Ucrania como espectadora de su propio destino. «Es crucial que la fuerza de EE.UU. influya en la situación», declaró el mandatario ucraniano, cuya visita —la primera desde el tenso altercado de febrero en el Despacho Oval— busca reivindicar a Kiev como actor central en cualquier negociación de paz.
Entre Teléfonos y Sombras
La llamada previa entre ambos líderes, descrita por Zelenski como «sustancial», duró más de una hora e incluyó después a aliados europeos. Un gesto calculado: Ucrania insiste en que cualquier acuerdo requiere un formato tripartito (Washington-Moscú-Kiev) y garantías de seguridad con respaldo continental. «Trabajamos por la paz, pero no seremos convidados de piedra, pareció advertir.
La Batalla por el Relato
Mientras Trump calificó su reunión con Putin de «productiva», Zelenski llega a EE.UU. con una misión clara: evitar que su país se convierta en moneda de cambio. Sus palabras —«Europa debe estar en todas las fases»— revelan desconfianza hacia diálogos bilaterales donde Rusia y EE.UU. deciden sin consultar a Kiev. La sombra del «acuerdo a espaldas» planea sobre esta cita.
Washington: ¿Escenario o Salvavidas?
El presidente ucraniano confía en que Trump, pese a su pragmatismo con Moscú, mantenga el apoyo militar y político a Kiev. Pero la invitación a reunirse en Moscú lanzada por Putin —y aún sin respuesta clara— añade presión. Esta visita podría ser el último intento de Zelenski por asegurar que, en el tablero geopolítico, Ucrania no sea un peón sacrificable.
Mientras los reflectores se encienden en Washington, Europa aguarda. El lunes no solo se hablará de paz; se jugará la credibilidad de un sistema internacional que prometió no repetir los errores de Yalta.