Umbral

No subestimar el auge de las corrientes de ultraderecha: un llamado a la acción

Editorial

La reciente marcha en Friusa y los anuncios de la llamada Antigua Orden Dominicaca —que ahora planea una movilización hacia el Palacio Nacional y amenaza con un paro nacional— confirman un fenómeno preocupante: grupos que antes operaban en los márgenes están ganando audiencia y organización, imitando el patrón de crecimiento de movimientos ultraderechistas en Europa y América Latina.

No se trata de un hecho aislado. El discurso del odio, el racismo, el autoritarismo y la retórica antiinmigrante han encontrado eco en figuras como Jair Bolsonaro en Brasil y Javier Milei en Argentina, y ahora buscan arraigarse en República Dominicana. Lo más alarmante es que estos grupos ya no son marginales: abogados, exmilitares, políticos e incluso antiguos militantes de izquierda se han sumado a sus filas, legitimando un proyecto que amenaza la convivencia democrática.

El peligro de normalizar el odio

La marcha de Friusa dejó al descubierto no solo la capacidad de movilización de estos sectores, sino también la complicidad de ciertos medios y «influenciadores» que amplifican sus mensajes. Peor aún: algunos partidos de oposición, como el PLD y la FP, han cedido a la presión de esta agenda reaccionaria, llegando incluso a criticar las medidas de contención frente a actitudes claramente provocadoras y violentas.

Mientras tanto, el PRM en el gobierno, que se autodenomina socialdemócrata, guarda un silencio cómplice. Ante el avance de estas corrientes, no basta con la neutralidad: el Estado y las fuerzas políticas democráticas deben tomar una posición clara frente a quienes promueven el divisionismo, la intolerancia y el odio.

Lecciones de Europa y América Latina: no esperar a que sea tarde

En Europa, partidos de ultraderecha han logrado llegar al poder o influir en políticas migratorias represivas, mientras que en América Latina, figuras como Bolsonaro y Milei han demostrado cómo el discurso del miedo y la demonización del «otro» pueden ganar elecciones. Si República Dominicana no actúa a tiempo, este movimiento podría consolidarse como una fuerza política capaz de alterar el equilibrio institucional.

Un llamado a la definición

Frente a este escenario, la sociedad dominicana no puede permanecer indiferente. Los partidos políticos, las organizaciones civiles, los medios de comunicación y la ciudadanía deben:

1. Denunciar sin ambigüedades las prédicas de odio y las estructuras paramilitares que puedan estar surgiendo bajo este movimiento.
2. Exigir al gobierno y a la oposición democrática una postura firme contra la ultraderecha, más allá de cálculos electorales.
3. Fortalecer el debate público con argumentos sólidos, desmontando las falsedades y el alarmismo que alimentan estos grupos.

La historia ha demostrado que los movimientos autoritarios no se detienen solos: se les enfrenta con decisión. República Dominicana aún está a tiempo de evitar que el odio y el extremismo se normalicen. El momento de actuar es ahora.

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