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El ladrillo que más pesa: la mano de obra encarece la vivienda en medio del auge de la construcción

El componente laboral subió un 7.14 % durante 2025 y representó más del 34 % del costo directo de una casa, según la Oficina Nacional de Estadística. Mientras los proyectos de alta escala logran mitigar el impacto mediante la tecnificación, los propietarios de viviendas unifamiliares —que concentran casi la totalidad de las obras para uso propio— asumen la factura más alta de un mercado donde la demanda de trabajadores cualificados y los ajustes salariales reconfiguran la economía del sector.

Por: JULIO GUZMÁN ACOSTA 

La construcción de viviendas en República Dominicana cerró el año 2025 con una presión inusitada en su estructura de costos, impulsada por un factor que escapa a la volatilidad de los mercados internacionales y se ancla en el corazón de la obra misma: la mano de obra. De acuerdo con el Informe Anual del Índice de Costos Directos de la Construcción de Viviendas, publicado por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), este componente registró un incremento acumulado del 7.14 % durante el año pasado, una variación que se mantuvo homogénea —7.1 %— independientemente del tipo de vivienda.

El dato no es una simple cifra contable. Detrás de él se dibuja un escenario de tensiones en el mercado laboral del sector. “Este resultado estuvo asociado a mayores ajustes salariales, mayor demanda de trabajadores cualificados y a la necesidad de personal especializado para atender proyectos de mayor complejidad técnica”, subraya el análisis de la ONE, que identifica en la albañilería el oficio más demandado y en la mano de obra el componente que ejerció “una presión generalizada” sobre toda la cadena de costos.

Esa presión se tradujo en un aumento del 3.72 % en los costos directos totales para la construcción de viviendas durante 2025, un incremento que, sin embargo, no se distribuye de manera equitativa entre los distintos segmentos del mercado. La distinción fundamental, revela el informe, corre por la línea que separa la vivienda unifamiliar de la gran edificación.

Construcciones de viviendas suben en los dos primeros meses del 2026 al mismo ritmo que el año pasado.

El peso de la casa propia

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Para quien sueña con la casa de un solo nivel, el impacto es mayúsculo. La mano de obra representa el 34.60 % del costo directo total en este tipo de vivienda, y el 27.80 % en una casa de dos niveles. Solo los materiales de construcción —que constituyen más de la mitad del costo— superan en peso a los hombres y mujeres que levantan los muros. Pero a diferencia de los insumos, cuyo precio responde a cadenas globales de suministro, el encarecimiento del trabajo golpea con crudeza al propietario final.

La magnitud de este impacto adquiere relevancia cuando se observa el destino de las obras. Según el Registro de Oferta de Edificaciones (ROE 2025-2), de las 6,981 obras activas en construcción durante el segundo semestre del año pasado en toda la región metropolitana, el 96.7 % de las casas levantadas estaban destinadas al uso propio o al alquiler. Es decir, el alza en los salarios de albañiles y obreros no es una variable abstracta para los desarrolladores, sino una factura que firman directamente los hogares dominicanos.

Esa exposición explica por qué las casas de un solo nivel lideraron los aumentos en los costos directos durante 2024, con una variación del 4.36 %, seguidas de los apartamentos de cuatro niveles (3.57 %), las casas de dos niveles (3.49 %) y los apartamentos de ocho niveles o más (3.45 %).

La tecnificación como dique de contención

En el extremo opuesto del espectro, los grandes proyectos de vivienda multifamiliar han encontrado en la tecnificación un aliado para contener la presión de los costos laborales. Los apartamentos de cuatro niveles y aquellos de ocho pisos o más presentan una dependencia significativamente menor de la mano de obra directa: esta representa apenas el 23.90 % y el 20.83 % de sus costos directos, respectivamente.

La distancia entre ambos mundos se explica por la escala y la capacidad de incorporar procesos industrializados. Mientras la vivienda unifamiliar sigue siendo un producto intensivo en trabajo artesanal —donde cada muro, cada enchape y cada instalación dependen del oficio individual—, los grandes desarrollos pueden distribuir costos, estandarizar procesos y reducir la incidencia de la improvisación.

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Otros componentes y el comportamiento de 2026

El informe de la ONE también pone el foco sobre otros elementos que contribuyeron al alza generalizada. Las herramientas de construcción fueron el segundo componente que más incrementó su costo, con una variación del 4.07 %, seguidas por las maquinarias (1.52 %). Los subcontratos, por su parte, presentaron aumentos más ligeros (0.82 %), aunque dentro de este rubro destacaron los trabajos de herrería, con un alza del 5.22 %.

Por subgrupos de costos, los mayores aumentos correspondieron a tuberías y piezas de PVC (6.11 %), generadores eléctricos (5.59 %), y módulos, contadores y breakers (2.58 %), reflejando una presión inflacionaria dispersa en toda la cadena de insumos especializados.

En lo que va de 2026, los costos de la mano de obra se han mantenido invariables, según los resultados mensuales del Índice de Costos Directos para la Construcción de Viviendas (ICDV). Sin embargo, otros componentes continúan mostrando variaciones: en febrero, los subcontratos subieron 0.38 %, los materiales aumentaron 0.17 %, mientras que las maquinarias registraron una caída del 0.72 %.

El indicador acumula un incremento del 0.69 % hasta diciembre de 2025 y una variación interanual del 0.95 %, con una presión sostenida sobre las viviendas unifamiliares. Las casas de un nivel y las de dos niveles registraron aumentos del 0.22 % y 0.21 %, respectivamente, mientras que las multifamiliares de cuatro niveles y de ocho o más apenas experimentaron variaciones del 0.07 % y 0.14 %.

El panorama que dibuja la ONE es el de un sector que crece, pero que lo hace bajo una lógica dual. En un extremo, la vivienda popular y de clase media —construida por encargo, con financiación propia y dependiente del trabajo cualificado— enfrenta un horizonte de costos cada vez más exigente. En el otro, los grandes proyectos de altura logran desacoplarse parcialmente de esa presión mediante la escala y la tecnología. La pregunta que se hacen los expertos es qué con esos números hasta qué punto esa brecha seguirá ensanchándose, y quién, al final, terminará pagando el precio de un ladrillo que nunca deja de pesar.

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