El excandidato del PLD, que obtuvo más de 1.5 millones de votos en 2020, reaparece en la primera fila política tras más de seis años. Dirigentes opositores minimizan su potencial y advierten que su principal escollo no será Abinader ni Leonel, sino su propio partido, reducido y fracturado.
Por: Arturo F. Guzmán
Santo Domingo. – La reaparición de Gonzalo Castillo en el escenario político ha devuelto al debate una pregunta que muchos daban por archivada: ¿qué peso real tiene aún aquel hombre que, en medio de la tormenta electoral de 2020, cosechó más de un millón y medio de votos?
Su irrupción, después de más de seis años de permanecer en un segundo plano, ha reactivado especulaciones e inquietudes. Sobre todo, un examen minucioso: ¿representa el otrora candidato del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) una amenaza tangible para el Partido Revolucionario Moderno (PRM) y la Fuerza del Pueblo (FP) de cara a las elecciones de 2028?
Los números fríos, vistos en retrospectiva, no admiten empaques menores. En los comicios de 2020, Gonzalo Castillo obtuvo el 37.46 % de los votos válidos emitidos. Esa cifra se traduce en 1,537,041 sufragios. No es, ciertamente, el bagaje de un advenedizo.
Sin embargo, el mapa político sobre el que ahora se pretende transitar ha sido remodelado por el tiempo y los reveses. El contexto actual dista mucho del que encontró Castillo hace seis años.
Desde entonces, el PLD ha vivido un proceso de erosión silenciosa pero sostenida. Ha perdido simpatías en segmentos enteros de la ciudadanía. Ha visto cómo organizaciones que tradicionalmente orbitaban a su alrededor se desmarcaban.
En el plano numérico, ha reducido su influencia electoral de manera palpable. Dicho de otro modo: el PLD que hoy podría postular a Gonzalo no es ni la sombra del aparato que lo llevó a conquistar más de un millón y medio de votos.

Pero antes de que Castillo pueda siquiera medir sus fuerzas frente a Luis Abinader o Leonel Fernández, deberá sortear un obstáculo mucho más inmediato. Quizás más peligroso: el de imponerse dentro de su propia casa.
La maquinaria morada, antaño engrasada y disciplinada, hoy se mueve con ruidos de facciones y aspiraciones encontradas. Volver a la primera fila no es, para Gonzalo, un acto de mera presencia. Es una batalla intestina que definirá si su nombre vuelve a ser una opción real o apenas un eco.
Una amenaza que no es vista como tal
Curiosamente, en las toldas adversarias no parece cundir el pánico. Dirigentes de otras organizaciones políticas consultados restaron dramatismo a la eventual candidatura de Castillo. La calificaron como un movimiento previsible y, en el fondo, de escaso voltaje electoral.
El miembro de la Dirección Política de la Fuerza del Pueblo, Bautista Rojas Gómez, fue elocuente. Señaló que la principal preocupación de su partido no radica en el crecimiento de otras fuerzas opositoras, sino en mantener el enfoque en el fortalecimiento partidario interno.
Para Rojas Gómez, la meta es construir una alternativa sólida capaz de derrotar al oficialismo. Sin importar quién sea el abanderado del lado de enfrente.
Otros dirigentes, en un tono que oscila entre la cortesía y la indiferencia estratégica, minimizaron las acciones legales y proselitistas en torno a Gonzalo. Las consideran movimientos rutinarios, parte del guion esperado de cualquier figura que aspira a mantener vigencia.
Pero, subrayan, eso no necesariamente se traduce en un empuje electoral sostenido. En resumen: el regreso de Castillo genera titulares, pero no sobresaltos en los estados mayores de la oposición ni del oficialismo.
Conclusión: más un desafío interno que una amenaza externa
¿Es Gonzalo Castillo una amenaza para el PRM y la Fuerza del Pueblo? La respuesta que emerge del cruce de opiniones y datos es matizada.
En el plano electoral inmediato, no. Su partido es hoy más pequeño y menos disciplinado. La maquinaria morada ya no tiene el alcance de antaño. Y sobre todo, Castillo deberá primero sobrevivir a las primarias internas de su propia organización, donde las lealtades se han fragmentado.
Sin embargo, sería imprudente descartar por completo a un político que ya demostró capacidad de convocatoria en las urnas. Su regreso a la primera fila no es, por ahora, un terremoto.
Pero en política, como en los tableros de ajedrez, a veces basta un peón bien movido para cambiar el rumbo de la partida. Gonzalo Castillo acaba de mover el suyo. El resto, incluidos PRM y FP, observan con cautela. Sin perder la calma, pero sin apartar la vista del escaque.