El expresidente mexicano rompe su retiro con una carta incendiaria: respalda sin condiciones a Claudia Sheinbaum, asegura que Washington busca un “gobierno entreguista” y llama a Donald Trump a “mandar al carajo” a sus asesores, a quienes culpa de un giro “vil y siniestro” contra México.
Por Julio Guzmán Acosta
CIUDAD DE MÉXICO – El fantasma del viejo tabasqueño volvió a recorrer los pasillos del poder. Andrés Manuel López Obrador, el expresidente que juró convertirse en un simple “abuelito” retirado, reapareció ayer con una misiva de doce cuartillas que incendió el tablero político mexicano y puso nuevamente en tensión la relación bilateral con Estados Unidos. Con su prosa larga, su furia medida y esa ironía que lo caracteriza, AMLO no solo salió en defensa de la presidenta Claudia Sheinbaum, sino que fue más allá: acusó directamente al gobierno de Donald Trump de intentar intervenir en las próximas elecciones mexicanas y de orquestar una campaña para debilitar a Morena desde dentro.
“Algunos funcionarios de Estados Unidos están tramando debilitar a Morena y fortalecer a la oposición de derecha en México”, escribió el exmandatario. Según su análisis, el objetivo es claro: “volver a disponer de un gobierno entreguista, corrupto, mafioso y cruel y, por lo mismo, vulnerable, subordinado y fiel a sus designios intervencionistas”. El mensaje, lejos de ser una pieza retórica aislada, aparece en un contexto explosivo. Apenas días antes, el Departamento de Justicia estadounidense solicitó la detención preventiva con fines de extradición del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, al tiempo que se filtraron documentos que vinculan a otros mandatarios morenistas con estructuras del crimen organizado. Para López Obrador, no hay casualidades: “Se utilizan las prácticas intervencionistas de siempre, ahora con el pretexto del combate a la migración y al narcoterrorismo”.
Lo más llamativo de la carta, sin embargo, no es el ataque frontal a Washington, sino el retrato íntimo y nostálgico que AMLO traza de Donald Trump. “El Trump de ahora es distinto al que traté”, asegura el expresidente, y acto seguido despliega una lista de logros que, según él, construyeron juntos durante su mandato: la liberación del general Salvador Cienfuegos, la firma del T-MEC sin cláusulas lesivas para la soberanía energética de México, el respeto mutuo durante la pandemia del COVID-19, y hasta la negativa del republicano a calificar a los narcotraficantes como terroristas, después de que López Obrador se lo aconsejara. “En un acto público en la Casa Blanca, reconoció que los migrantes mexicanos eran trabajadores y contribuían al desarrollo de Estados Unidos”, recuerda con tono casi melancólico.
Pero hoy, dice, todo cambió. Y la pregunta que atraviesa la carta es inevitable: ¿por qué ese giro tan brusco? La respuesta de López Obrador no deja espacio para matices. Según el exmandatario, Trump ha caído presa de un círculo cercano de “personas inexpertas, resentidas y fanáticas” que lo han embarcado en “viles y siniestras aventuras”. Sin mencionar nombres explícitos, la referencia apunta a asesores como Marco Rubio, o a sectores del pentágono y la DEA que, en su visión, siempre vieron a México como un patio trasero intervenible. Por eso el llamado final de AMLO es, ante todo, un acto de fe política: “Por el bien de todos, que regrese el otro Trump. Que mande al carajo a las rémoras que lo rodean y lo azuzan”.
Esta no es la primera vez que López Obrador rompe el silencio que se autoimpuso al dejar la presidencia. De hecho, es la quinta ocasión en la que el popular exmandatario sale de su retiro político, y la tercera vez este año que dedica un mensaje público al intervencionismo de Estados Unidos en América Latina. El primer aviso llegó tras el bombardeo a Caracas y el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro; el segundo fue por el anuncio del cerco energético a Cuba. Ahora, con la mira puesta en las elecciones mexicanas y la sombra de la DEA sobre los gobernadores morenistas, el viejo líder vuelve a la carga con una consigna clara: defender a su movimiento, proteger a su heredera y llamar a un Trump que ya no existe, o que al menos ya no quiere ver. Mientras la presidenta Sheinbaum guarda un silencio institucional y evita confrontar directamente con Washington, su padrino político habla con la voz que aún retumba en las plazas. Trump, por ahora, no ha respondido. Pero en México ya todos escucharon.