El proyecto, que será presentado a mediados de abril, sustituye la polémica iniciativa de fusión del Minerd y el Mescyt y contempla cambios legislativos y curriculares con el respaldo de los rectores de las universidades y sectores del Congreso.
Por: THEO NÚÑEZ G.
El Gobierno dominicano ha decidido dar un golpe de timón en materia educativa. Lo que comenzó como un proyecto de fusión entre los ministerios de Educación (Minerd) y de Educación Superior, Ciencias y Tecnología (Mescyt) se ha transformado en una ambiciosa reforma integral del sistema educativo nacional, una que abarcará desde la primera infancia hasta la culminación de la formación académica superior.
El anuncio, realizado ayer por el titular del Mescyt, Rafael Santos Badía, marca un punto de inflexión en la política educativa del país. La nueva iniciativa, cuya presentación está prevista para mediados del mes de abril, no solo deja sin efecto la fusión ministerial contemplada en el proyecto depositado en el Senado en diciembre pasado, sino que propone una reestructuración profunda del modelo de enseñanza en la República Dominicana.
«Estamos trabajando en una reforma integral del sistema educativo», afirmó Santos Badía con la convicción de quien sabe que se abre un proceso de largo aliento. El funcionario explicó que el nuevo proyecto, que será sometido al Congreso en conjunto con el Ministerio de Educación y el Ministerio de Administración Pública, contemplará primero una reforma legislativa y, posteriormente, una transformación curricular.
La iniciativa original de fusión del Minerd y el Mescyt, aunque no ha sido retirada formalmente del Senado, ha quedado en un compás de espera indefinido. La comisión encargada de estudiarla no se ha reunido, y Santos Badía fue claro al señalar que, si bien esa pieza legislativa «ya pertenece al Congreso», el Ejecutivo trabaja en una propuesta que va más allá de una simple reestructuración administrativa.

Una mirada integral a la formación
El ministro de la Presidencia, José Ignacio Paliza, abundó sobre el espíritu que anima esta nueva iniciativa. «La intención permanece, aunque siempre hay espacio para conversar, discutir, verlo, reflexionar y encontrar ideas que puedan fortalecer la iniciativa», señaló en referencia al proyecto original. Pero fue más allá: «Nosotros hemos trabajado para que el inicio de la formación del individuo sea inclusive previo a lo que tradicionalmente había sido».
Esta visión integral del ciclo formativo es, precisamente, la columna vertebral de la nueva propuesta. No se trata ya de unificar estructuras burocráticas, sino de garantizar que el ciudadano dominicano reciba una educación coherente y articulada desde sus primeros años hasta su inserción en el mercado laboral o su especialización académica.
La idea de mantener separados los ministerios, pero coordinados en una visión común del proceso educativo, ha encontrado eco tanto en el ámbito académico como en el legislativo.
El respaldo de la academia
Los rectores de las Instituciones de Educación Superior (IES) no han tardado en manifestar su apoyo a esta nueva orientación. En una sesión ordinaria celebrada recientemente, aprobaron por unanimidad un manifiesto respaldando el diseño de un nuevo sistema educativo «capaz de formar el capital humano» necesario para duplicar el tamaño de la economía dominicana al año 2036.
El respaldo de la academia no es un gesto menor. Implica el compromiso de las universidades con un proceso que las involucra directamente, no solo como destinatarias de los estudiantes que egresan del sistema preuniversitario, sino como agentes activos en la construcción de ese nuevo modelo educativo.
Los rectores han sido claros en su planteamiento: apoyan que se organice un proceso de consulta, diálogo, reflexión y concertación que sea plural, participativo y técnicamente sustentado. Solo así, advierten, se podrán construir consensos duraderos, legítimos y representativos sobre el futuro de la educación nacional.
La voz del Congreso
En el ámbito legislativo, la nueva iniciativa también ha encontrado respaldo. Los senadores oficialistas Alexis Victoria Yeb, Santiago Zorrilla y Rafael Barón Duluc han manifestado su apoyo a una «redimensión» del proyecto original, coincidiendo en que la fusión de ambas entidades podría resultar perjudicial para el sistema educativo.
Victoria Yeb argumentó que mantener separados los ministerios permitiría una mejor gestión de los distintos niveles educativos. Por su parte, Barón Duluc fue enfático al señalar que la educación superior «requiere especial atención en un contexto de transformación global», una advertencia que cobra especial relevancia en un mundo donde el conocimiento y la innovación se han convertido en los principales motores del desarrollo.
Los desafíos de una reforma necesaria
La reforma educativa que se avecina no es un lujo ni una ocurrencia. Es una necesidad largamente postergada en un país que aspira a insertarse con éxito en la economía del conocimiento. La República Dominicana ha avanzado significativamente en cobertura escolar en las últimas décadas, pero los desafíos en materia de calidad, pertinencia y equidad siguen siendo inmensos.
La transformación curricular que se anuncia como segunda fase del proceso deberá abordar cuestiones fundamentales: ¿qué enseñamos?, ¿cómo lo enseñamos?, ¿para qué lo enseñamos? Preguntas que no admiten respuestas simplistas ni improvisaciones.
El calendario planteado por el Gobierno, con la presentación del proyecto en abril, sugiere que los trabajos preparatorios están avanzados. Pero lo verdaderamente relevante será la calidad del debate que se abra a partir de ese momento. Una reforma educativa de esta envergadura no puede ser impuesta; debe ser construida colectivamente.
Los rectores lo han entendido así al reclamar un proceso participativo. Los senadores lo han entendido así al advertir sobre la necesidad de fortalecer, no simplemente reestructurar. El propio Gobierno lo ha entendido así al dar marcha atrás en la fusión ministerial para abrir paso a una visión más ambiciosa e integradora.
El camino no será fácil. Las resistencias al cambio, los intereses creados, las inercias burocráticas y las limitaciones presupuestarias serán obstáculos a sortear. Pero el horizonte vale la pena: un sistema educativo capaz de formar integralmente a los dominicanos desde la primera infancia hasta su plena inserción en la vida productiva y ciudadana.
La educación, se ha dicho hasta el cansancio, es la base del desarrollo. La República Dominicana tiene ahora la oportunidad de demostrar que esa convicción no es solo una frase hecha, sino una guía para la acción. El proyecto que se presentará en abril será la primera piedra de ese edificio. Ojalá esté construido sobre cimientos sólidos y con la participación de todos los que tienen algo que aportar.
Porque el futuro de la nación depende, en buena medida, de lo que ocurra en las aulas. Desde la primera infancia hasta la universidad.