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Setenta años de dignidad: el MPD, una escuela de consecuencia revolucionaria

La organización fundada en La Habana en 1956 ha sido faro de lucha para generaciones de dominicanos, formando cuadros que ofrendaron su vida por la soberanía nacional y la justicia social, en medio de la persecución despiadada de la dictadura balaguerista y el imperialismo.

POR JULIO GUZMÁN ACOSTA

Hoy, 20 de febrero, se cumplen siete décadas de la fundación del Movimiento Popular Dominicano (MPD), una organización que nació en tierra extranjera pero con el corazón puesto en la liberación de su patria. Fue en La Habana, Cuba, donde Pablo Martínez dio el primer paso en 1956 para crear lo que con el tiempo se convertiría en un símbolo de combate sin tregua, de voluntad inquebrantable y de entrega absoluta a la causa de los oprimidos.

Desde sus albores, el MPD se distinguió por tejer vínculos indisolubles con la clase trabajadora y los sectores populares, asumiendo el marxismo-leninismo como brújula teórica y práctica. Esa condición, esa claridad de principios, lo convirtió en blanco preferencial de la represión. Los gobiernos de turno, particularmente la dictadura de Joaquín Balaguer, desataron contra sus filas una persecución implacable, con la CIA como sombra alargada tras cada paso de sus dirigentes.

La historia del MPD está escrita con sangre de mártires. Maximiliano Gómez, «El Moreno», su líder más emblemático, cayó asesinado en Bruselas, Bélgica, víctima de la misma agencia criminal que lo acechaba desde sus tiempos de lucha en el Caribe. En un año trágico, la organización perdió a tres secretarios generales de manera aleve: al propio Maximiliano, a Otto Morales y a Chapó. La dictadura balaguerista segó también las vidas de Amin Abel Hasbún, Guido Gil, Henry Segarra, nombres que brillan con luz propia en el firmamento de la resistencia dominicana.

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Pero el MPD no ha sido solo sacrificio. Ha sido, por sobre todo, una escuela. Una fragua donde se templaron caracteres y se formaron revolucionarios de profunda consecuencia. En sus filas militaron hombres y mujeres de valía excepcional: Jorge Puello, el Men, Brígido Peguero, y tantos otros que entregaron lo mejor de sí a la construcción de una sociedad más justa.

También de las filas de la organización rojinegra surgió el Partido Comunista del Trabajo (PCT), encabezado por Rafael Chaljub Mejía, David Onelio Espaillat, Efraín Sánchez Soriano —Pocholo— y cientos de hombres y mujeres que se forjaron en las filas del histórico MPD.

Hoy, cuando el MPD cumple 70 años, sigue haciendo aportes sustanciales a la causa revolucionaria. Sus dirigentes y militantes actuales mantienen viva la llama encendida por aquellos que cayeron bajo el plomo de la tiranía o el acecho del imperio. A ellos, nuestra felicitación más entrañable.

Los hombres y mujeres del PCT celebran con orgullo este 70 aniversario porque, como dice Manuel Salazar, «ellos llevan en la sangre el emepedeismo glorioso e histórico. Porque ser del MPD no fue una etapa: fue un bautismo de consecuencia que marcó para siempre nuestro compromiso con la soberanía nacional, con los oprimidos, con la causa irrenunciable de la revolución».

Setenta años después, el MPD sigue en pie. Su ejemplo perdura. Su historia es patrimonio del pueblo dominicano.

 

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