Umbral

Opiniones

Claudia Sheinbaum Habla Claro: ¡México No Se Doblega!

En el santuario cívico de Querétaro, la presidenta Claudia Sheinbaum lanza un grito de soberanía contra las presiones de Washington, enarbolando la Constitución de 1917 como escudo frente a lo que califica como un nuevo intento de sometimiento económico y militar.

Por Julio Guzmán Acosta

QUERÉTARO, México.— El Teatro de la República guarda un silencio espeso, cargado de historia. Entre sus paredes ondea el fantasma de 1917, cuando se firmó la Carta Magna que le arrebató privilegios al porfiriato para dárselos al pueblo. Este 5 de febrero de 2026, 109 años después, la escena se repite con un elenco distinto pero un guion similar. En el mismo escenario, frente a la flor y nata del poder mexicano —los presidentes de la Corte, del Congreso, los 31 gobernadores—, la presidenta Claudia Sheinbaum pronuncia una frase que no es solo un lema, sino un dardo dirigido al norte: “México no se doblega, no se arrodilla, no se rinde y no se vende”.

Cada palabra parece calculada para resonar más allá del teatro, para cruzar la frontera y llegar a los oídos de una administración estadounidense que, bajo el mandato de Donald Trump, ha multiplicado las presiones: amenazas arancelarias, exigencias de que tropas extranjeras persigan a cárteles en suelo mexicano, revisiones agresivas del tratado comercial TMEC. Sheinbaum, con la Constitución en la mano como un talismán, no habla solo de conmemoración. Habla de guerra fría comercial, de soberanía asediada.

El discurso: una línea en la arena
Su voz, pausada pero firme, recorre las reformas de lo que llama la Cuarta Transformación: las 22 enmiendas constitucionales y más de 50 reformas legales aprobadas entre septiembre de 2024 y diciembre de 2025. Cada cambio, dice, es un “rescate”. Cita el artículo 40, reformado para blindar al país contra “intervenciones, intromisiones o cualquier otro acto desde el extranjero”, y lo lee completo, como quien muestra un escudo. Habla de la reforma energética que “recupera” Pemex y la CFE, de la reforma judicial que instaura la elección popular de jueces, del reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas.

Pero el núcleo de su mensaje no está en lo hecho, sino en lo que se rechaza. Traza una línea histórica clara: 36 años de neoliberalismo versus 7 años de transformación. Describe aquel pasado con detalles concretos y dolorosos: la privatización de ferrocarriles, puertos, cárceles; la entrega del petróleo y la electricidad; la condonación de impuestos a grandes fortunas mientras se cobraba a los más pobres; las pensiones y hasta las guarderías en manos privadas. “México no regresará al régimen de privilegios y de corrupción”, sentencia. “México tampoco regresará a ser colonia ni protectorado de nadie”.

Leer Noticia  El fantasma de Duarte recorre San Isidro: ¿Celebramos 182 años de libertad o asistimos a su progresiva entrega?

El contexto: un cerco que se estrecha
La crudeza del discurso solo se entiende al medir la presión exterior. Trump no es un adversario retórico; es una realidad geopolítica. Su amenaza de imponer aranceles al petróleo que exporte cualquier país a Cuba ya obligó a México a suspender temporalmente sus envíos de crudo a la isla. La revisión del TMEC se ha convertido en un pulso donde Washington exige desmantelar lo que considera “barreras” comerciales, muchas de ellas, políticas públicas sociales de la actual administración. Y sobre todo, está la exigencia —incesante, pública— de permitir operaciones militares estadounidenses en territorio mexicano contra los cárteles, una petición que para aquí suena a violación flagrante de la soberanía.

Sheinbaum, por tanto, no habla al vacío. Habla a un país que siente el acoso y a un poder estadounidense que escucha. Su mensaje es a la vez interno y externo: una proclama de unidad nacional frente a la “injerenza” y una advertencia a Washington de que la mesa de negociación tiene límites.

La escena: un país en un teatro
El simbolismo del acto es total. En el mismo sitio donde Venustiano Carranza promulgó la Constitución que nacionalizó el subsuelo y consagró los derechos sociales, Sheinbaum se presenta como heredera de esa tradición “antientreguista”. A su lado, el ministro presidente de la Suprema Corte, Hugo Aguila Ortiz, inicia su intervención en mixteco —un gesto potente de la “nueva época”— y el gobernador de Querétaro, Mauricio Kuri, le dice: “No está sola, presidenta”. Es un coro de poderes alineados, una foto de unidad institucional que busca proyectar fuerza hacia fuera y cohesión hacia dentro.

Leer Noticia  Trump cruza otra línea roja en Irán y embarca a Estados Unidos en una guerra de alto riesgo para su país

La crónica de una soberanía declarada
Lo que se vivió en Querétaro trasciende el aniversario. Fue la ratificación de una doctrina de política exterior nacida del nacionalismo revolucionario, pero recalibrada para los desafíos del siglo XXI: la integración comercial sí, pero no a cualquier precio; la cooperación en seguridad, pero sin cedulaje de la soberanía territorial. Sheinbaum no solo conmemoró un texto; lo reactivó como arma de disputa en un momento de máxima tensión bilateral.

Al final, entre aplausos, la frase queda flotando en el aire del histórico teatro: “México no se vende”. Es una afirmación, una defensa y, quizás, también un presentimiento de las batallas que vienen. En el difícil ajedrez con Trump, Sheinbaum acaba de mover su reina. Y la ha colocado sobre la casilla de la soberanía. El mensaje está enviado. Ahora, el mundo observa la respuesta.

Leer Noticia  Cruce de Acusaciones en Plena Guerra: España Desmiente a la Casa Blanca y se Niega a Cooperar en el Ataque a Irán

Hola, 👋
Encantados de conocerte.

Regístrate para recibir contenido interesante en tu bandeja de entrada, cada mes.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.

Suscríbete

Deja un comentario

Noticias Relacionadas

Ultimas Noticias

Social Share Buttons and Icons powered by Ultimatelysocial
Scroll al inicio