El jefe del Estado Mayor Conjunto de EE.UU. detalló el uso de más de 150 aeronaves desde 20 bases para la captura de Maduro, mientras un reporte del New York Times cifra en 40 las víctimas fatales de los bombardeos.
Por Servicios Umbral.com.do
WASHINGTON/CARACAS, domingo 4 de enero.— La agresión militar estadounidense contra Venezuela en la madrugada de este sábado dejó un saldo preliminar de al menos 40 personas fallecidas, según un reporte del diario The New York Times que cita a un funcionario venezolano bajo anonimato. La cifra de víctimas mortales emerge mientras el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de EE.UU., reveló en una conferencia de prensa conjunta con el presidente Donald Trump los detalles de una operación de una escala y complejidad sin precedentes en el hemisferio occidental, empleando más de 150 aeronaves desplegadas desde 20 bases terrestres y marítimas.
El reporte del Times, elaborado por sus corresponsales en Caracas, da rostro humano a la tragedia. Relata el caso de Rosa González, de 80 años, fallecida en un bombardeo en Catia La Mar, zona costera cercana al aeropuerto de Maiquetía. Su sobrino, Wilman González, resultó herido con impactos de metralla que estuvieron a punto de costarle un ojo. El periódico describe cómo el ataque dejó al descubierto el interior de un apartamento, donde entre los escombros yacía un retrato del Libertador Simón Bolívar “acribillado” por la artillería.
La mecánica de una “operación audaz”
En una detallada exposición, el general Caine describió una misión meticulosamente planeada que extrajo lecciones de décadas de operaciones especiales. “Fue una operación audaz que solo Estados Unidos podía llevar a cabo”, afirmó el militar, flanqueado por el presidente Trump, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Guerra, Pete Hegseth. Según Caine, la inteligencia estadounidense había recolectado desde diciembre información exhaustiva sobre los movimientos, hábitos e incluso las mascotas del presidente Nicolás Maduro.
La operación, bautizada como una “extracción”, inició con el despegue nocturno de una fuerza combinada que incluía cazabombarderos de última generación F-22 y F-35, bombarderos B-1, aviones de guerra electrónica EA-18, aeronaves de vigilancia E-2 y una flota de drones. Mientras esta armada aérea se aproximaba a Caracas, su primer objetivo fue “desmantelar y desactivar los sistemas de defensa aérea en Venezuela” para permitir el paso seguro de los helicópteros con el equipo de captura, que volaba a apenas 30 metros sobre el nivel del mar.
La captura y el costo humano
Caine confirmó que una de las aeronaves fue impactada por la defensa antiaérea venezolana, pero logró regresar a su base. La fuerza de asalto terrestre, integrada por elementos militares y agentes del orden público, llegó al complejo residencial de Maduro a la 1:01 a.m. (hora del Este). “La fuerza de captura descendió… y se movió con rapidez, precisión y disciplina hacia su objetivo”, relató. El presidente Trump agregó que Maduro intentó refugiarse en una “especie de fortaleza” blindada dentro del complejo, pero fue detenido antes de lograrlo.
Las declaraciones del alto mando militar contrastan con la cruda realidad reportada desde el terreno: los bombardeos previos y simultáneos a la incursión, presentados como acciones de “despeje” y “protección”, tuvieron un costo civil tangible. La cifra de 40 fallecidos, aún no confirmada oficialmente por el gobierno venezolano—que se encuentra en la fase de recopilación de información—, sugiere que la “máxima precisión” proclamada por el Pentágono no evitó una significativa pérdida de vidas en zonas residenciales.
La conferencia del Pentágono, más que una justificación, fue una exhibición de poderío militar absoluto y una reivindicación de la doctrina de intervención unilateral. Mientras, en las calles de Caracas y en los pasillos de la ONU, el debate ya no gira solo en torno a la legalidad de la captura de un jefe de Estado, sino al precio en sangre que su búsqueda ha impuesto al pueblo venezolano.