Por Julio César Guzmán Acosta
SANTO DOMINGO. – El 2025 quedará grabado en la historia política dominicana como el año del pulso. Un enfrentamiento sostenido, ácido y público entre el presidente Luis Abinader y el exmandatario Leonel Fernández que transformó el debate nacional, convirtiendo cada tema de Estado en un campo de batalla verbal. Mientras el Gobierno exhibía cifras y respaldos internacionales, la oposición, liderada con firmeza por Fernández, replicaba apelando a la realidad cotidiana de los dominicanos. Este intercambio no fue esporádico; fue el ritmo constante de los doce meses, el latido político del año.
Un enfrentamiento que trascendió las cifras
El tono lo marcó el 27 de febrero, cuando el presidente Abinader, ante el Congreso, presentó un balance de logros: reducción del 16% en homicidios, caída de la pobreza al 18.98%, y avances en infraestructura social. Horas después, desde la casa nacional de Fuerza del Pueblo, Leonel Fernández desmontaba esas afirmaciones. No hubo tregua. La pobreza, aseguró, no cedía; la canasta básica seguía su escalada; existía una brecha profunda entre las estadísticas oficiales y la experiencia en los hogares. El Partido de la Liberación Dominicana se sumó al coro, tildando el discurso presidencial de «medias verdades».
La réplica gubernamental llegó en marzo. En su encuentro La Semanal con la Prensa, Abinader, con aire desafiante, acusó a la oposición de molestarle «dar muchos datos». «Vamos a ver nuestras proyecciones», declaró, defendiendo el rumbo de su gestión. Pero la controversia, lejos de apagarse, se avivó con cada nueva crisis.
De las aulas al endeudamiento: el pulso se diversifica
Con el inicio del año escolar, la crítica opositora se centró en la educación. Fuerza del Pueblo denunció aulas deterioradas y construcciones inconclusas; el PLD habló de un déficit que dejaba a miles de niños sin matrícula. Abinader respondió con la inauguración de 441 nuevas aulas y la promesa de un ciclo «normal». Pero en agosto, Fernández elevó el tono: calificó la gestión de «fracaso» y acusó al Gobierno de maquillar cifras económicas. La respuesta presidencial fue mordaz: que discutiera con los organismos internacionales que validaban esos indicadores. Fernández, con la frase que resonaría el resto del año, zanjó: «Para saber que el pollo ha llegado a 125 pesos no hay que ir a ningún sitio. Mejor voy a Moca».
Octubre llevó el duelo al terreno del endeudamiento. Abinader comparó su administración con las de Fernández y Medina, proclamando ser el único que redujo la deuda respecto al PIB. La oposición insistió en que el país estaba mal administrado y que el futuro económico se hipotecaba. Ese mismo mes, el huracán Melissa añadió otro capítulo: el decreto de emergencia para 14 provincias fue tildado por Fuerza del Pueblo de desproporcionado y por el peledeísta Charlie Mariotti de no ajustarse a un «estado de emergencia constitucional». El presidente defendió la medida con el testimonio de agricultores en Ocoa y Barahona.
Cierre con apagones y escándalo
Los apagones nacionales de noviembre y las irregularidades denunciadas en el SeNaSa en diciembre cerrarán el año con fuelle para la oposición. Fernández recordó sus advertencias previas; Abinader prometió que no habría impunidad. Así, entre datos y descalificaciones, entre proyecciones y precios del pollo, se fue tejiendo la trama del 2025.
La confrontación como legado
Aunque otras voces opositoras alzaron críticas, fue Leonel Fernández quien mantuvo el pulso más constante y frontal con el presidente. Su duelo personal con Abinader estructuró la agenda pública, polarizó el discurso y dejó una pregunta flotando sobre el 2026: ¿La ciudadanía premiará la gestión con cifras o validará el clamor por una realidad distinta? El año que termina no resolvió el conflicto; solo afinó las armas para la batalla que viene en el año 2026.