El gesto dominicano ante Washington: una jugada estratégica que redefine la diplomacia hemisférica
Por Julio Guzmán Acosta
Santo Domingo. — En un gesto cargado de simbolismo político, el presidente dominicano, Luis Abinader, extendió una invitación personal y directa al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, para que asista a la X Cumbre de las Américas, que tendrá lugar en Punta Cana los próximos 4 y 5 de diciembre. El ofrecimiento fue formulado durante un encuentro bilateral en el marco de la 80.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, en un claro guiño hacia la relevancia del líder norteamericano en el escenario regional.
El hecho no es casual. Abinader ya había insinuado en junio pasado su deseo de contar con la presencia del expresidente estadounidense, subrayando la necesidad de fortalecer los lazos bilaterales y promover un diálogo franco entre Washington y las naciones latinoamericanas. “Reiteramos la invitación para que nos acompañe en la Cumbre de las Américas a celebrarse en nuestro país en diciembre de este año”, declaró el jefe de Estado dominicano tras una recepción ofrecida por Trump en Nueva York.
La Cumbre de las Américas, foro hemisférico que reúne a mandatarios de todo el continente, abordará en esta edición temas críticos como la seguridad humana, la democracia, el desarrollo sostenible y la cooperación regional. De acuerdo con el canciller Roberto Álvarez, la agenda priorizará ejes transversales como la seguridad ciudadana, alimentaria, energética e hídrica, en sintonía con los desafíos más urgentes que enfrenta la región.
Tras bambalinas, la convocatoria a Trump no solo refleja la búsqueda de un perfil alto para la cita, sino también una lectura pragmática de la geopolítica actual: la participación del líder republicano podría redefinir dinámicas de poder y enviar un mensaje contundente sobre el rol de Estados Unidos en la región. Mientras los preparativos avanzan —con eventos paralelos como el Foro de la Sociedad Civil y la Cumbre Empresarial—, la posible asistencia de Trump añade un factor de expectativa y peso estratégico a un encuentro que promete ser decisivo para la diplomacia continental.