Un llamado a los jóvenes: que la lucha sea tu canción y la justicia tu ritmo
Por Julio Guzmán Acosta
Loma Miranda, La Vega.- En una República Dominicana donde los parlantes gritan reguetón y nos invitan al “perreo”donde las letras degradantes colonizan los sueños de una generación, un grupo de jóvenes ha decidido cambiar de tono. No usan autotune para ajustar su mensaje, ni beats electrónicos para enmascarar su rabia. Su instrumento es la proclama, su escenario es la calle, y su coro es una sola voz: ¡Juventud Caribe se mueve!
Durante tres días, el Séptimo Congreso y Campamento Nacional de Juventud Caribe transformó este rincón de La Vega en un laboratorio de resistencia. Aquí no hubo «perreo» bajo luces estroboscópicas, sino debates bajo el sol caribeño; no hubo canciones sobre riquezas efímeras, sino consignas contra la pobreza estructural. Herederos de las luchas de Duarte y las Mirabal, estos jóvenes —con camisas sudadas y cuadernos abiertos— han firmado un pacto con la historia: ser la generación que no se resigna
El manifiesto de los que no piden permiso
La Proclama de Compromiso y Lucha leída al final del evento es un puñetazo al conformismo. Denuncian un sistema que les ofrece «desempleo, migración forzada y aulas derrumbándose», mientras un Código Penal «regresivo» criminaliza sus derechos. Pero su crítica no se queda en lo local: conectan los hilos del capitalismo global, desde el bloqueo a Cuba hasta el genocidio en Palestina, desde la minería en Loma Miranda hasta el «belicismo de Trump».
«No somos influencers vendiendo marcas —dice Anaís, estudiante de 19 años—. Somos jóvenes que saben que el wifi no alimenta, que el ‘followeo’ no paga el alquiler».

La cultura como trinchera
Frente a la música urbana que normaliza la misoginia, ellos reivindican el arte «como arma»: murales que gritan consignas, teatros que escenifican luchas, poemas que son «pedazos de patria». «No estamos en contra del ritmo —aclara Rafael, músico de 22 años—, pero el dembow no puede ser el opio del pueblo».
El desafío: organizar la rabia
El Congreso cerró con un mandato concreto: llevar la lucha a «cada barrio, universidad y sindicato». Su agenda es ambiciosa: derogar el Código Penal, defender la soberanía ambiental, tejer alianzas con Haití y Palestina. «Esto no es un campamento —advierte Luisa, dirigente estudiantil—. Es el inicio de una ofensiva contra los que nos oprimen, nos niegan derechos y quieren una juventud sin ambición y que baile al ritmo que ellos quieren y con su contenido basura.
Mientras la mayoría de su generación baja la cabeza ante el «no hay futuro», Juventud Caribe prende antorchas. Su mensaje es claro: la rebeldía no es un hashtag, es un deber.
Cierre épico:
«Que lo escuche el país: estos jóvenes no temblarán. Lucharán por educación, por empleo, por un ambiente sano. Y cuando la historia juzgue esta época, dirá que aquí, entre canciones vacías y códigos opresores, hubo quienes eligieron ser ‘la generación incómoda’.
¡Arriba las juventudes que no se rinden!
#JuventudCaribeSeMueve