El gobierno de Caracas tilda de «operación propagandística» los US$50 millones ofrecidos por Washington, denunciando una «cortina de humo» para ocultar crisis internas estadounidenses.
Por Thiago N. Guzmán
Caracas.— Con la contundencia de quien rechaza un insulto, el canciller venezolano Yván Gil despachó al basurero de la diplomacia la última provocación de Washington: «La patética ‘recompensa”de Pamela Bondi es la cortina de humo más ridícula que hemos visto, escribió en X (antes Twitter), mientras el Palacio de Miraflores activaba su maquinaria retórica contra lo que calificó como «una burda operación de propaganda política».
El martilleo verbal se desató tras el anuncio del Departamento de Estado: 50 millones de dólares por información que lleve al arresto del presidente Nicolás Maduro, acusado de narcotráfico y terrorismo de Estado. Pero en las calles de Caracas, donde murales con la frase «Maduro corazón del pueblo» adornan edificios oficiales, la medida fue recibida entre risas y consignas antiimperialistas. «Es el premio gordo de la hipocresía», ironizó un vendedor ambulante cerca de Plaza Bolívar, mientras ajustaba su cartel con la leyenda «No más bloqueo».
Desde el Consejo Federal de Gobierno, Maduro tejió su narrativa: habló de «conspiración fascista» alimentada por carteles colombianos y «la ultraderecha apátrida». Sus palabras, transmitidas en cadena nacional, mezclaron advertencias («Están jugando con fuego») con datos de éxitos en seguridad. Sin embargo, analistas internacionales ven en el episodio un nuevo capítulo del pulso geopolítico: «Washington endurece el cerco cuando Caracas muestra señales de apertura económica», comentó una fuente del DIAGEO en Bogotá.
Mientras el canciller Gil desgranaba los «crímenes mediáticos» de Bondi —exfiscal de Florida vinculada a escándalos locales—, el chavismo movilizaba a sus bases. En la parroquia 23 de Enero, milicianos pintaron murales con la frase «50 millones por nuestra dignidad: ¡jamás!». Una escenografía perfecta para lo que Maduro llamó «la batalla de las narrativas»: donde EE.UU. ve un narcoregimen, Venezuela exhibe certificados de la ONU por reducción de cultivos ilícitos.
El mensaje final, repetido como mantra en ruedas de prensa, lo resumió la vicepresidenta Delcy Rodríguez: «No somos mercancía en subasta». Pero tras la retórica, persiste la pregunta: ¿Cómo afectará esta escalada a las ya frágiles negociaciones en México? Por ahora, solo hay certeza de que la guerra de palabras acaba de subir otro peldaño.