Congreso Panamericano en México exige acción global frente a la «barbarie» israelí y el auge de la ultraderecha.
Por Julio Guzmán Acosta
Ciudad de México. — Políticos, intelectuales y líderes progresistas de todo el continente se reunieron en el Segundo Congreso Panamericano para construir una agenda común contra el fascismo y denunciar el genocidio en Gaza, calificado como «la peor cara de la crueldad contemporánea».
En un discurso inaugural cargado de indignación, Gerardo Fernández Noroña, presidente del Senado mexicano, condenó la masacre israelí: «Asesinan a más de 20 mil niños, destruyen hospitales y escuelas ante la indiferencia mundial. Esto es fascismo en su expresión más monstruosa».
La postura fue respaldada por figuras como Alicia Bárcena, exsecretaria de Medio Ambiente de México, y Mauricio Jaramillo, viceministro de Colombia, quien criticó a los gobiernos progresistas que mantienen relaciones con Israel: «No hay justificación legal ni moral. ¿Dónde están los derechos humanos?». Jaramillo destacó el papel de la congresista estadounidense Rachida Tlaib, presente en el evento, como símbolo de resistencia en «el norte global».
Un Grito Contra el Silencio

El congreso, celebrado en un México que reporta avances en reducción de pobreza pero enfrenta presiones migratorias y arancelarias de EE.UU., también abordó el ascenso global de la ultraderecha. Naomi Klein advirtió sobre el «capitalismo del apocalipsis», mientras el exvicepresidente boliviano Álvaro García Linera alertó sobre un «autoritarismo neoliberal» que vacía la democracia.
Clara Brugada, futura jefa de Gobierno de la CDMX, y Citlalli Hernández, secretaria de Mujeres, exigieron políticas feministas y alianzas transfronterizas. «El fascismo gana cuando perdemos la lucha cultural», sentenció Hernández.
El mensaje final fue claro: no basta con la condena. Urge una acción unificada del Sur Global. Como resumió Klein: «No es solo resistir a Trump, sino al sistema que lo crea».
Contexto adicional: El evento, impulsado por Gustavo Petro desde 2023, reunió a delegados de 20 países. Mientras Gaza arde y la ultraderecha avanza, América Latina se perfila como trinchera de resistencia.
