La alianza acuerda elevar inversión en defensa al 5% del PIB para 2035, en respuesta a desafíos globales y presión estadounidense
Por Arturo F. Guzmán
En una cumbre marcada por la firme influencia del presidente Donald Trump, los 32 países miembros de la OTAN acordaron este miércoles en La Haya un incremento sustancial en sus presupuestos de defensa, estableciendo un ambicioso objetivo del 5% del Producto Interno Bruto (PIB) para el año 2035.
Este nuevo compromiso supera con creces la meta previa del 2%, alcanzada apenas por 22 naciones en 2023, y representa un impulso decidido para fortalecer las capacidades militares europeas y canadienses, multiplicar la producción y adquisición de armamento, y reforzar la seguridad colectiva frente a amenazas persistentes.
La declaración final de la reunión enfatiza la amenaza a largo plazo planteada por Rusia y el compromiso con el apoyo a Ucrania, aunque omite referencias a otros desafíos globales como China, Irán o Corea del Norte, y prescinde de compromisos sobre cambio climático o igualdad de género, marcando un giro hacia prioridades estrictamente militares.
El acuerdo contempla dos componentes: un gasto mínimo del 3.5% del PIB destinado a partidas militares tradicionales —salarios, pensiones, operaciones y equipamiento— y un adicional del 1.5% para inversiones en infraestructuras, innovación y protección de fronteras con usos civiles y militares. Cada país deberá informar anualmente sobre su progreso hacia estas metas.
La cumbre también evidenció tensiones internas, especialmente con España, cuyo gobierno rechazó comprometerse a alcanzar el 5%, argumentando que “una alianza se basa en qué capacidades aporta cada Estado”, según declaró el presidente Pedro Sánchez. Por su parte, Trump criticó duramente a España por no aumentar suficientemente su gasto, advirtiendo repercusiones comerciales.
En un ambiente cuidadosamente diseñado para evitar confrontaciones, el primer ministro neerlandés Mark Rutte elogió efusivamente a Trump, calificándolo literalmente como “papito” por su liderazgo decisivo en la presión sobre los aliados y sus acciones recientes contra Irán.
En paralelo, Trump anunció que Estados Unidos iniciará conversaciones con Irán la próxima semana, tras recientes bombardeos a instalaciones nucleares iraníes, mientras destacó una tregua “muy bien” entre Israel e Irán, señalando el agotamiento mutuo tras años de conflicto.
Esta cumbre, más breve y comedida que en ocasiones anteriores, refleja la nueva dinámica de la OTAN bajo la fuerte influencia estadounidense, que busca elevar la inversión militar y recalibrar las prioridades de la alianza frente a un escenario geopolítico cada vez más complejo.