Umbral

¿Estamos importando el fascismo del siglo XXI?

Julio Guzman Acosta

Lo más peligroso es que muchos jóvenes, que no vivieron la dictadura de Trujillo ni los 12 años de Balaguer, están siendo seducidos por este relato. Creen que se trata de un «nacionalismo valiente», cuando en realidad es el mismo fascismo reciclado, ahora con influencers y algoritmos como herramientas de propaganda.

Por Julio Guzmán Acosta

No es casualidad que, en solo unos años, Vox se haya convertido en la tercera fuerza política de España, que la ultraderecha gobierne en Italia, que sea la primera fuerza en Austria o que en Alemania la AfD avance sin freno. Tampoco es casualidad que en América Latina, figuras como Jair Bolsonaro y Javier Milei hayan llegado al poder explotando el miedo, el racismo y la demonización del migrante. Ahora, ese mismo virus del odio busca infectar la República Dominicana, y algunos, en su ingenuidad o complicidad, le están abriendo la puerta.

De Friusa al Palacio Nacional: La Antigua Orden y el manual de la ultraderecha

Lo que comenzó como una marcha en Friusa —donde grupos agitadores intentaron sobrepasar los límites del orden público para amedrentar a comunidades migrantes— ha escalado rápidamente. La Antigua Orden Dominicana, un movimiento que hasta hace poco era marginal, ahora anuncia una marcha hacia el Palacio Nacional y amenaza con un paro nacional si el gobierno no cede a sus exigencias.

Este no es un fenómeno espontáneo. Es el mismo guion que siguieron Vox en España, Giorgia Meloni en Italia y Bolsonaro en Brasil:

1. Normalizar el discurso del odio (contra haitianos, contra la izquierda, contra los medios).
2. Crear una falsa épica de «salvadores de la patria», presentándose como los únicos capaces de «limpiar» el país.
3. Militarizar el lenguaje (hablan de «invasión», de «defensa nacional», de «orden»).
4. Infiltración en las instituciones, con abogados, exmilitares y hasta antiguos izquierdistas que, por oportunismo o resentimiento, se suman a la causa.

Lo más peligroso es que muchos jóvenes, que no vivieron la dictadura de Trujillo ni los 12 años de Balaguer, están siendo seducidos por este relato. Creen que se trata de un «nacionalismo valiente», cuando en realidad es el mismo fascismo reciclado, ahora con influencers y algoritmos como herramientas de propaganda.

El silencio cómplice del PRM y la cobardía de la oposición pretendiendo pescar en río revuelto

Mientras esto ocurre, el PRM, un partido que presume de socialdemócrata, guarda silencio. No hay una condena firme, no hay una estrategia clara para contrarrestar esta amenaza. Peor aún: partidos como el PLD y la FP, en lugar de defender la democracia, se pliegan a la presión de estos grupos, criticando al gobierno por contener a manifestantes que buscaban provocar violencia en Friusa.

¿Acaso no aprendieron nada de Europa?  Cuando la ultraderecha gana terreno, los partidos tradicionales son los primeros en caer. En Francia, el Rassemblement National está a las puertas del poder; en Alemania, la AfD ya gobierna regiones enteras. Si aquí no se actúa a tiempo, la Antigua Orden Dominicana podría convertirse en un partido con bancada en el Congreso.

Lo que está en juego: ¿queremos ser el siguiente experimento del autoritarismo?

No se trata de negar los problemas migratorios o de seguridad. Pero la solución nunca será el odio, la exclusión ni las milicias callejeras. Cuando un movimiento paramilitar y de ultraderecha empieza a hablar de «paros nacionales» y «marchas contra el sistema«, está probando cuánto poder real tiene. Y si el Estado no marca límites claros, el siguiente paso será la impunidad de grupos paramilitares, como ya ocurrió en otros países.

Qué hacer antes de que sea tarde

1. Exigir al PRM, al gobierno y a la oposición una posición firme: Que condenen sin ambigüedades a la Antigua Orden Dominicana y a cualquier grupo que promueva el odio.
2. Educar a los jóvenes: Recordarles que el autoritarismo no es «modernidad», sino un regreso a las peores páginas de nuestra historia.
3. Vigilar a los influencers y medios cómplices: Muchos difunden mentiras virales para ganar seguidores, sin importarles el daño social.
4. Prepararse para las elecciones: La ultraderecha no gana de golpe; avanza poco a poco, hasta que ya es demasiado tarde para detenerla.

La República Dominicana no es Vox, no es Bolsonaro, no es Milei. Pero si no reaccionamos a tiempo, podríamos convertirnos en su próxima víctima. El momento de defender la democracia es ahora, antes de que el odio se disfrace de patriotismo y nos arrastre al abismo.

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