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Discurso de Luis Abinader: Palabras que Trazan el Porvenir

Entre el balance sereno y la promesa del mañana: Luis Abinader entrega su Rendición de Cuentas 2026 ante una Asamblea Nacional que escucha, entre líneas de cifras, el pulso de una gestión que aspira a dejar huella

Por Julio Guzmán Acosta 

SANTO DOMINGO — Había en el hemiciclo una atmósfera de solemnidad contenida, esa que precede a los discursos que no solo informan, sino que aspiran a inscribirse en la memoria colectiva. Y cuando Luis Abinader tomó la palabra ante la Asamblea Nacional para cumplir con el mandato constitucional de rendir cuentas, lo hizo con la serenidad de quien sabe que, más allá de los números, lo que se juega en estas horas es la percepción de un rumbo, la confianza en un timonel que, a mitad de travesía, ofrece un mapa trazado con luces y sombras.

El discurso, articulado con la precisión de quien conoce el peso de cada afirmación, se sostuvo sobre tres pilares que el mandatario cuidó de presentar no como logros aislados, sino como las coordenadas de un proyecto de país: la estabilidad económica, el fortalecimiento de la seguridad ciudadana y la modernización del transporte público. Tres frentes, tres obsesiones de gobierno, tres promesas que, a juzgar por las cifras presentadas, comienzan a tomar forma tangible.

En materia económica, Abinader desplegó un catálogo de indicadores diseñados para infundir confianza. Crecimiento sostenido, control de la inflación, llegada récord de inversión extranjera y un turismo que no cesa de batir sus propias marcas. Los números, dichos con la pausa de quien no necesita levantar la voz para ser escuchado, fueron recibidos con aplausos medidos, esos que en el hemiciclo saben a respeto más que a euforia. Pero el presidente no se detuvo en el diagnóstico complaciente; anunció, además, nuevas medidas para profundizar la formalización laboral y proteger a los sectores más vulnerables, en un guiño explícito a quienes aún esperan que la macroeconomía se traduzca en bienestar cotidiano.

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Presidente Luis Abinader en la Rendición de Cuenta 2026. FOTO UMBRAL.COM.DO

La seguridad ciudadana ocupó un lugar central en la alocución. Con la contundencia de quien sabe que este es uno de los frentes donde la ciudadanía exige respuestas, Abinader detalló los avances en la reducción de la criminalidad, la profesionalización de los cuerpos policiales y la incorporación de tecnología para la vigilancia y prevención del delito. No hubo triunfalismo, sino la sobriedad de quien presenta resultados sin ignorar los desafíos que persisten. «Seguiremos trabajando hasta que cada dominicano recupere la tranquilidad de vivir sin miedo», afirmó, en una frase que buscó conjurar el fantasma de la inseguridad que aún pesa en barrios y comunidades.

Uno de los acentos más notorios del discurso recayó en la modernización del transporte público, esa asignatura pendiente que durante décadas pareció condenada al olvido. El presidente repasó los avances del Teleférico de Los Alcarrizos, la expansión del metro y los proyectos en ejecución para integrar un sistema de movilidad digno de una capital que aspira a despojarse de su caótico pasado. En sus palabras, el transporte dejó de ser un problema logístico para convertirse en una promesa de equidad: «Movilidad es dignidad», sentenció, en una fórmula que buscó conectar la obra gris con la vida concreta de quienes la habitan.

Pero hubo también espacio para la proyección. Abinader delineó los grandes proyectos de infraestructura que marcarán el año venidero: carreteras, hospitales, escuelas y sistemas de saneamiento que, según dijo, transformarán el rostro de provincias enteras. La mirada puesta en el 2026 no fue solo un ejercicio de planeación, sino un mensaje político claro: el gobierno no se duerme en los laureles del presente, sino que mira hacia adelante con la ambición de quien quiere construir legado.

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La audiencia, compuesta por legisladores de todas las bancadas, funcionarios del más alto nivel y el cuerpo diplomático acreditado en el país, escuchó con atención respetuosa. Los aplausos, repartidos con equilibrio, no ocultaron las fisuras propias de todo acto político, pero tampoco lograron empañar la solemnidad del momento. Porque una rendición de cuentas, más allá de los colores partidarios, es un ejercicio de transparencia que la democracia exige y la ciudadanía observa con ojos críticos.

Cuando Abinader cerró su alocución, el hemiciclo se puso en pie. No fue una ovación desbordada, sino el reconocimiento institucional al hombre que, desde la tribuna, rinde examen ante la nación. Afuera, en las calles de Santo Domingo, el país seguía su curso. Pero por un instante, en el interior del Congreso, las palabras del presidente trazaron el mapa de un porvenir posible. Queda, ahora, la tarea de comprobar si las promesas se convertirán en realidades y si el rumbo anunciado conducirá, efectivamente, al puerto prometido.

 

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