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Opiniones

El miedo no puede seguir gobernando el Distrito 13

Mientras algunos intentan reducir la política a una disputa identitaria, la comunidad dominicana y latina de Nueva York reclama respuestas concretas a problemas que se han agravado durante décadas. La irrupción de Daríaliza Ávila Chevalier obliga a devolver el debate al terreno de las propuestas y del compromiso real con la gente.

Por Julio Guzmán Acosta

En el Distrito 13 de Nueva York se libra una batalla que trasciende las fronteras de una simple contienda electoral. Allí deberían confrontarse ideas, programas de gobierno, visiones de futuro y distintas maneras de ejercer la representación política. Sin embargo, desde diversos sectores se insiste en desplazar el debate hacia asuntos identitarios, como si la procedencia, los apellidos o determinadas etiquetas ideológicas fueran más importantes que los problemas cotidianos de miles de familias.

Se trata de una vieja estrategia. Cuando escasean las respuestas, suele aparecer el recurso del miedo.

Durante más de tres décadas, la comunidad dominicana ha tenido una presencia política significativa en el Distrito 13. Sin embargo, la permanencia prolongada de una representación no necesariamente se traduce en soluciones definitivas. Por el contrario, numerosos problemas sociales, económicos y comunitarios se han profundizado, dejando en amplios sectores la sensación de orfandad política y de desconexión entre los dirigentes y la realidad de la calle.

Las dificultades en materia de vivienda, el alto costo de la vida, la inseguridad económica, la situación migratoria de miles de familias y la necesidad de mayores oportunidades para la juventud siguen siendo asignaturas pendientes. La comunidad reclama ser escuchada y, sobre todo, representada.

En ese contexto emerge la figura de Daríaliza Ávila Chevalier, cuya irrupción en el escenario político constituye un síntoma saludable para la democracia. Su creciente respaldo no puede ser explicado únicamente por el entusiasmo de una campaña; responde también al cansancio acumulado de ciudadanos que aspiran a nuevas voces, nuevos liderazgos y nuevas formas de hacer política.

Quienes pretendan frenar ese avance deberán hacerlo en el terreno que corresponde: el de las propuestas, las ideas y la capacidad de gestión. Todo lo demás constituye una evasión del verdadero debate.

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Los sectores más radicales de la derecha han demostrado históricamente una marcada inclinación a utilizar temas identitarios como instrumento de polarización. La táctica consiste en sembrar temor, dividir comunidades y fabricar enemigos imaginarios para evitar discutir los asuntos esenciales. Nueva York ya ha vivido experiencias similares. Basta recordar las expectativas que rodearon al actual alcalde y observar los resultados para comprender que las campañas basadas en emociones negativas rara vez ofrecen soluciones duraderas.

Hoy, más que nunca, el Distrito 13 necesita un debate serio, transparente y profundamente humano. La comunidad dominicana y latina merece algo mejor que consignas vacías o discursos diseñados para sembrar división.

Es el momento de discutir programas, prioridades y compromisos concretos. Es el momento de escuchar a la gente. Y, para muchos, es también el momento de Daríaliza Ávila Chevalier y de las posiciones que reivindican la defensa activa de la comunidad.

Porque la política auténtica no debe construirse sobre el miedo, sino sobre la esperanza.

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