El ex procurador y dirigente político cuestiona la “modernización fiscal” del Ejecutivo y exige rendición de cuentas, austeridad y eficiencia en el gasto público como condición previa a cualquier nuevo gravamen.
Por Brendalis Reyes
Santo Domingo.- Francisco Domínguez Brito, figura de peso en el espectro político dominicano, lanzó una advertencia clara y contundente contra la denominada “modernización fiscal” promovida por el Gobierno. En sus declaraciones, el ex procurador y ex ministro de Medio Ambiente no solo rechazó el aumento de la carga tributaria como primer paso, sino que puso el foco en lo que considera el verdadero problema: la ausencia de control, la expansión desmedida del aparato estatal y la falta de transparencia en el uso de los recursos públicos.
“Antes de hablar de más impuestos, el Gobierno debe explicar por qué ha disparado la nómina pública, por qué la deuda sigue creciendo, por qué persiste el déficit del sector eléctrico y por qué cada año gasta más sin que los servicios públicos mejoren en la misma proporción”, afirmó Domínguez Brito, situando la discusión en un terreno que, a su juicio, el Ejecutivo ha eludido sistemáticamente.
El ex funcionario sostuvo que ninguna reforma fiscal será legítima mientras los dominicanos perciban que el dinero de sus impuestos se administra sin la debida austeridad. “El camino correcto no es meter la mano en los bolsillos de las familias y de los sectores productivos. El camino correcto es reducir privilegios, eliminar gastos innecesarios, controlar el desperdicio y hacer más eficiente el Estado”, puntualizó.
Domínguez Brito fue más allá al afirmar que el país necesita, antes que una reforma recaudatoria, una profunda reforma de la administración pública. “Los dominicanos no pueden seguir pagando las consecuencias de un gobierno que gasta cada vez más y administra cada vez peor. Primero corrijan la casa; después hablen de nuevos impuestos”, sentenció.
Con estas palabras, el dirigente político no solo pone sobre la mesa una crítica de fondo a la gestión gubernamental, sino que instala el debate en un eje que amenaza con volverse central en la agenda nacional: la exigencia de rendición de cuentas y eficiencia estatal como requisito ineludible para cualquier medida tributaria.