Una marea de protestas sin precedentes en las últimas décadas inunda los cincuenta estados de la Unión, exigiendo la abolición del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y denunciando una escalada represiva. El movimiento, impulsado desde Minneapolis, ha logrado paralizar ciudades y convocar a figuras como Bruce Springsteen, en un clima político que los organizadores describen como un “incendio”.
Por Julio Guzmán Acosta
MINNEAPOLIS, Minnesota.— Un frío cortante, propio del invierno en el Medio Oeste norteamericano, no fue obstáculo para el calor de la indignación. Este viernes y sábado, Estados Unidos se estremeció con una convulsión social de una magnitud no vista desde los lejanos días de la lucha por los derechos civiles. Bajo la consigna “Sin trabajo, sin clases, sin compras. Dejen de financiar a ICE”, una coalición inédita de movimientos sociales, sindicatos estudiantiles y organizaciones comunitarias logró un “cierre nacional” que tiñó de protesta las calles de cientos de ciudades, desde las costas del Atlántico hasta el Pacífico, en un desafío directo a las políticas migratorias y de seguridad interior.
El epicentro de este terremoto político fue, una vez más, Minneapolis. En esta ciudad, marcada a fuego por la memoria de George Floyd y ahora por lo que los activistas llaman la “Operación Metro Surge” –un despliegue de más de tres mil agentes federales–, los ciudadanos respondieron por segunda vez en enero con una huelga general masiva. Comercios bajaron sus persianas. Miles desfilaron por las avenidas. Y en un acto de poesía política conmovedora, decenas se apostaron sobre la superficie helada del lago Bde Maka Ska para formar, con sus cuerpos, un “SOS” visible desde los cielos: una señal de auxilio por las comunidades migrantes sumidas en el terror.

El reclamo no es abstracto. Nace de la sangre y la pérdida. Los organizadores citan, con nombres y apellidos, una letanía de víctimas: los estadounidenses Renee Good y Alex Pretti, cuyas muertes a manos de agentes fueron captadas en video; el migrante cubano Geraldo Lunas Campos, fallecido bajo custodia en Texas; Liam Ramos, un niño de cinco años detenido al salir de la escuela en Minnesota; Keith Porter Jr., abatido en Los Ángeles en vísperas de Año Nuevo. “Estamos viendo cómo cambia el clima político”, declaró a este diario Gloriann Sahay, coordinadora nacional de la organización 50501, una de las fuerzas motrices de las protestas. “Personas que antes no participaban ahora dicen: esto no representa a Estados Unidos. La temperatura social ha cambiado. Pasamos del fuego a un verdadero incendio político”.
LA VOZ DE UN BARD
El sábado, el incendio encontró su trovador. En un acto cargado de simbolismo, el legendario Bruce Springsteen apareció de sopetón en un concierto de protesta en Minneapolis. Con su guitarra como única barricada, interpretó por primera vez en público “Streets of Minneapolis”, un crudo homenaje a Alex Pretti y un canto de duelo y resistencia. Los versos, ya circulando por las plataformas de streaming, resonaron como un veredicto: “Los matones federales de Trump le dieron una paliza/…/Y Alex Pretti yacía en la nieve, muerto. Oh nuestra Mineápolis, oigo tu voz/Llorando a través de la niebla sangrieta”.

Pero la protesta trasciende el canto y la calle. Su objetivo es estructural: desmantelar la maquinaria. Las movilizaciones del “ICE Out of Everywhere National Day of Action” se focalizaron en centros de detención, aeropuertos y oficinas federales, incluyendo Washington D.C. La exigencia al Congreso es clara y radical: bloquear todo financiamiento al Departamento de Seguridad Nacional hasta que ICE sea abolido. Además, anuncian una campaña para desafiar electoralmente a todo legislador, demócrata o republicano, que haya avalado la expansión del aparato migratorio.
Una encuesta reciente de YouGov muestra que el viento podría estar comenzando a soplar a su favor: el rechazo a ICE ha aumentado significativamente en la opinión pública. El movimiento, lejos de amainar, anuncia nuevas jornadas de lucha, incluyendo un Día de Cabildeo para impulsar un juicio político contra el ex presidente Donald Trump el próximo 17 de febrero. Estados Unidos, esa nación forjada en la promesa y la contradicción, parece haberse sumido en un profundo examen de conciencia, cuyo desenlace es aún una incógnita que se escribe en las calles heladas de Minneapolis y en el corazón de sus ciudades.