Es entendible la preocupación, incluso la rabia, que sienten muchos dominicanos ante la desbordada y descontrolada migración haitiana.
No se tiene registro de cuántos haitianos hay aquí, ni mucho menos sus nombres o cómo identificarlos.
Así mismo es el calvario de los haitianos, que están a expensas de que en cualquier momento los atrapen como en África atrapaban a los negros para venderlos como esclavos. Son constantemente víctimas de extorsiones, chantajes y atropellos.
Pero hay quienes se benefician ahorrando dinero de mano de obra, evadiendo el pago de la seguridad social, y teniendo trabajadores que no reclaman sus derechos. También se benefician los que se dedican al tráfico ilegal de migrantes, incluidos jefes militares y dirigentes políticos, sin cuya participación eso no fuera posible.
No confundamos la causa con la consecuencia. No pensemos que el “enemigo” es el haitiano migrante, quien huye desesperado a donde le dejen ir y en las condiciones que se lo permitan. La migración ilegal se debe a la falta de voluntad, y esa falta responde a intereses.
Una cosa es evidente: la actual situación es insostenible e intolerable.