El embajador chino Chen Luning califica como «injerencia inaceptable» las declaraciones de la nueva embajadora estadounidense Leah Francis Campos, quien prometió combatir la influencia china en República Dominicana, avivando el fuego de la competencia geopolítica en el Caribe.
Por César Dalmasi Guzmán
SANTO DOMINGO.— Un cruce diplomático de alto voltaje sacude la tranquila superficie de las relaciones internacionales dominicanas. El embajador de la República Popular China, Chen Luning, una contundente réplica a las declaraciones de la embajadora estadounidense, Leah Francis Campos, tachándolas de «injerencia en los asuntos internos y en la soberanía diplomática» de la República Dominicana.
La respuesta del representante asiático llega como un correctivo público a las palabras de Campos, quien, en un anticipo de su agenda de trabajo, afirmó que se dedicaría a «combatir la influencia china» en el país. Para el embajador Luning, semejante postura resulta «impropia de un representante diplomático y alejada de las prácticas internacionales» que rigen la convivencia entre naciones soberanas.
En un análisis cuidadoso de las implicaciones de estas declaraciones, el diplomático chino sostuvo que las afirmaciones de la funcionaria estadounidense no reflejan la opinión mayoritaria del pueblo de Estados Unidos, ni parecen concordar con la línea política expresada por el gobierno norteamericano tras los recientes encuentros entre ambos mandatarios.
«Las relaciones entre China y República Dominicana se basan en el respeto mutuo y la cooperación», recordó Luning con tono sereno pero firme. El embajador advirtió que declaraciones como las de Campos solo buscan generar tensiones innecesarias en un momento particularmente delicado para la estabilidad regional.

Las expresiones de la embajadora no solo han abierto una grieta en el protocolo diplomático, sino que han revivido con intensidad el debate sobre la competencia geopolítica que libran ambas potencias en la cuenca del Caribe. Lo que está en juego tras este intercambio de palabras es el rol que cada nación busca desempeñar en áreas estratégicas como el comercio, la tecnología y el desarrollo de infraestructuras en la región.
El tono y el momento elegido por la embajadora estadounidense resultan doblemente inoportunos: primero, porque contradicen el espíritu de cooperación que debería primar entre naciones; segundo, porque pretenden que sea el gobierno dominicano quien reduzca la influencia de un socio que, hasta ahora, ha construido su relación sobre principios de beneficio mutuo y no interferencia.
Este episodio deja al descubierto las tensiones subyacentes en el tablero geopolítico caribeño, donde República Dominicana se encuentra en la posición de mantener un equilibrio delicado entre dos gigantes globales, sin sacrificar un ápice de su soberanía en el proceso.