La construcción de una opción electoral alternativa con posibilidades reales para 2028 pasa, según el autor, por superar la fragmentación histórica de las fuerzas de izquierda y el progresismo, incorporando a las izquierdas no orgánicas y a las reservas democráticas del país en torno a un proyecto amplio, incluyente y con vocación de poder.
EN ESTA ESQUINA…!
Una opción electoral alternativa mínimamente significativa, que supere la raquítica votación que hemos tenido las izquierdas y el progresismo, solo es posible si integra las izquierdas no orgánicas, que son el 90% de las simpatías de esa corriente en el país, y a las reservas democráticas que constituyen decenas de miles de personas.
Sería un desatino con consecuencias fatales repetir una participación electoral con resultado de 5- 10 mil votos.
Lo hemos dicho antes y muchas veces desde el 201O, recibiendo burlas incluso: la Izquierda no es minoría, solo que está dispersa. El sentimiento, la ética y los valores de Izquierda están en grande en la sociedad.
Hay izquierdas aunque pocas dentro de los partidos tradicionales. Las vemos a cada rato, y casi siempre acompañándonos en las luchas por la defensa del medio ambiente y los recursos naturales, y en rechazo a las injusticias de cada día en el país.
Y las convocamos en los diferentes municipios para la solidaridad con Cuba y resaltar la figura del Comandante Fidel Castro Ruz.
Concurren a estas convocatorias, porque tienen sentimientos de izquierdas.
Sería faltar a la nobleza humana y militar en la No- política, no reconocer esa calidad; que es un dato de la realidad, y no ficción.
Y aquí hay que recordar al insigne José Martí, a su decir: «El sol quema con la misma luz con que alumbra; el sol tiene manchas. Los agradecidos ven la luz; los desagradecidos solo ven las manchas».
La cuestión para el reposicionamiento de la Izquierda con mayúscula, es cómo poner en movimiento y en un mismo sentido esas izquierdas dispersas.
Esta es una tarea tan grande como necesaria. Que requiere asumir un valor esencial de Izquierda; cuál es, la inclusión del otro y la tolerancia a lo diferente.
Echar abajo el espíritu de descalificar al o la que no está conmigo o lo nuestro, y centrar la atención en la demanda política- país que más une y moviliza.
Requiere, entre otras cosas, abandonar de raíz la práctica de militar en la enemistad respecto a quienes no aceptan o se han distanciado de la militancia orgánica.
Cuál política, y espacio correspondiente, pueden hacer posible unir y mover en un mismo sentido al más amplio contingente de las izquierdas orgánicas y no orgánicas; es de una relevancia táctica y hasta estratégica.
Aunque la referencia hacía el 2028 es estrictamente táctica, y debe entenderse así a toda magnitud, porque es un episodio político pasajero, con día y hora de caducidad el que está en juego; y no la revolución que es un curso continuo de horizonte largo.
De palabra, que no de hechos, las izquierdas orgánicas hemos asumido la existencia de miles de hombres y mujeres en la sociedad que postulan y militan en valores y una ética de Izquierda.
Hemos dicho, por lo menos las tendencias más conocidas, que para asumirlas, además de un programa político mínimo que apunte a superar la problemática nacional y del pueblo; bastaría como requerimiento que no hayan incurrido ni incurran en actos de corrupción de los bienes públicos; que no tengan vínculos con el narcotráfico, ni con el crimen político y organizado; que no tengan ideas ni prácticas relacionadas con la violencia de género, los feminicidios, el acoso sexual, la pederastia, la xenofobia y la persecución racial.
¡El vengan a mi! no puede ser la línea. No ha resultado. Ni resultará.
La antropología quizás, pero seguro la sociología, deben ayudarnos a los políticos de las izquierdas a comprender que la nuestra es una sociedad con propensión natural a la dispersión, para hacerse cada vez diversa; porque la diversidad es su naturaleza.
Cuando Colón llegó, encontró la isla dividida en cinco cacicazgos con sus respectivos caciques, y en el decursar del tiempo lo dominicano resultó de un sincretismo socio-cultural que unió en ser único a una diversidad de razas y costumbres. El pueblo dominicano es diverso por naturaleza.
Solo el poder, o la perspectiva clara de este, ha podido convertir en mayoría política parte importante de esa diversidad.
Si entendemos esta realidad y asumimos con consecuencia la práctica correspondiente, las izquierdas orgánicas podríamos contribuir en grande a construir una opción electoral nueva para el 2028.
Con cuáles métodos y espacios, son problemas que hay que plantear y resolver.
Desprendimiento a los prejuicios y ataduras del pasado, y mucha imaginación creativa, pudieran ser la clave.
Y más fuerte será, si, además, contribuimos a mover las reservas democráticas que han existido y crecen en el país desde 1966, y se han movido electoralmente apoyando cada vez «el mal menor», o a quién valoran como lo más democrático en el momento en cuestión.
Hoy esas reservas son espacio en disputa a tres bandas. O las gana la indiferencia; o las gana otra propuesta política ; o vuelve a encantarlas el peledeismo.
Y esa «otra propuesta», también está en disputa. Porque además de que nosotros los de izquierdas queremos hacerla contestaría al orden dominante; desde la sociedad del espectáculo se la quiere hacer una para peor de lo que hay.
Las encuestas señalan esa realidad.
Mientras que 54% de encuestados dice no simpatizar con ningún partido.
Estamos compelidos a presentar una propuesta que de entrada supere el más de lo mismo que hemos sugerido siempre, y de una muestre perspectivas de poder.
(Volver a una votación de 5- 10 mil votos sería desalentador. Haría más daño).
Entonces la cuestión es: cómo se integran esas reservas de izquierdas y democráticas de manera militante; en la opinión y en la acción.