Diputados opositores tildan de «mitómano» al presidente, rechazan que nuevos créditos paguen deudas antiguas y aseguran: los fondos no construyen país, se consumen en gasto corriente.
Por Brendalis Reyes
SANTO DOMINGO.— La tribuna política se convirtió en un campo de batalla donde el arma principal fue el dicterio. Diputados de la oposición, procedentes de las filas del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y de Fuerza del Pueblo, descargaron su artillería retórica contra el presidente Luis Abinader, a quien, tras sus recientes declaraciones, no dudaron en calificar de “mitómano”. El epíteto, grave y personal, marca un nuevo punto de ebullición en el ya tenso diálogo entre el oficialismo y las bancadas adversarias.
La chispa que encendió la conflagración verbal fue la afirmación del mandatario de que la mayor parte de los préstamos adquiridos bajo su administración han sido destinados a saldar obligaciones heredadas de los gobiernos de Leonel Fernández y Danilo Medina. Una aseveración que, desde la oposición, no se percibe como un simple error de apreciación, sino como una “burla a la inteligencia de los ciudadanos”.

El diputado Carlos de Pérez (PLD) fue taxativo en su descargo. “Los préstamos que se han hecho aquí tienen nombre y ninguno ha salido para pago de la deuda”, afirmó, esgrimiendo una contundencia que buscaba desmontar la tesis presidencial. Pérez enumeró desde obras de drenaje pluvial hasta acueductos, para luego lanzar la pedrada final: “Me parece que el presidente es mitómano de manera natural, que no es accidental… es un problema que incluso debiera ser tratado”.
En la misma línea, el vocero de la bancada peledeísta, Rafael Castillo, aportó cifras para sustentar la refutación. Aseguró que de los más de dos billones de pesos en préstamos, apenas un 26% se ha destinado al pago de deuda e intereses, insinuando que el resto se ha diluido en otros conceptos menos loables. Desde su escaño, el diputado Danilo Díaz lanzó una singular recomendación: “Alguien tiene que aconsejarle al presidente Abinader que ya suspenda ‘LA Semanal’, porque cada semana lo que está haciendo es desnudando más las mentiras que se ve forzado a decir para justificar cómo va el país”.
El argumento opositor no se limitó a desmentir el destino de los fondos. Charlie Mariotti Jr. se sumó al coro de críticas, señalando que el problema de fondo no es la continuidad del Estado al asumir deudas anteriores –algo que presentan como una práctica normal–, sino que “la mayor parte de esos préstamos el Gobierno no ha tomado para gasto corriente que no tienen retorno ni solucionan problemas”. La acusación central es clara: la deuda no se invierte, se gasta.

Frente a este torrente de acusaciones, la posición del Gobierno, enunciada previamente por el propio Abinader, permanece en pie. El mandatario había asegurado que, mientras en la administración de Danilo Medina la deuda del sector público no financiero aumentó en un 19.9%, en la suya “la deuda pública se ha reducido en alrededor de un tres por ciento del Producto Interno Bruto (PIB)”.
El debate, sin embargo, ha trascendido las frías estadísticas para adentrarse en el pantanoso terreno de la credibilidad. Lo que está en juego ya no es solo el destino técnico de un préstamo, sino la fiabilidad de la palabra presidencial. La oposición, al elegir el término “mitómano”, ha buscado herir de muerte la confianza en el primer mandatario. “Ya está bueno de mentiras, ya está bueno de manipulación”, sentenció Mariotti, encapsulando un sentimiento que, más allá de la contienda política, reclama, ante todo, veracidad.