Mientras aviones cargados de alimentos atraviesan el Mediterráneo, el gobierno italiano lidera el rechazo internacional a la ocupación militar de la Franja
Por Virtudes Álvarez Sampedro
Roma, Italia. — Bajo el sol inclemente de agosto, dos Italias se revelan en la crisis de Gaza. Una, la de los salones diplomáticos donde el canciller Antonio Tajani firma con mano firme declaraciones contra la ocupación militar. Otra, la de las pistas aéreas donde aviones C-130 cargan sacos de harina en lugar de municiones. Ambas convergen en un mismo mensaje: basta de guerra.
El sábado, mientras el ministro de Relaciones Exteriores publicaba en redes sociales su rechazo categórico a los planes israelíes, el primer avión militar italiano aterrizaba en Gaza con cien toneladas de ayuda alimentaria. La operación «Sendero de Solidaridad 2» no podría tener un nombre más elocuente para un gobierno que ha convertido la crisis humanitaria en prioridad de Estado.
En los pasillos del Palazzo della Farnesina, los diplomáticos hablan de «equilibrio necesario» frente a lo que describen como una tragedia anunciada. La declaración conjunta con Alemania, Australia, Nueva Zelanda y Reino Unido no solo exige un alto el fuego inmediato, sino que advierte sobre el riesgo que corre la vida de los rehenes israelíes y el colapso total de los servicios básicos en Gaza.
«Estamos ante una paradoja devastadora», explica una fuente del Ministerio de Defensa mientras supervisa el cargamento de otro avión. «Mientras algunos preparan tanques para Rafah, nosotros empaquetamos leche en polvo para niños que no conocen otra realidad que el hambre». Los datos de UNICEF son contundentes: nueve de cada diez menores en Gaza sufren desnutrición aguda.
La postura italiana no es nueva, pero sí cada vez más firme. Desde su voto a favor del reconocimiento palestino en la ONU hasta la suspensión de envíos de armas a Israel, el gobierno de Giorgia Meloni ha ido tejiendo lo que algunos analistas llaman «la tercera vía mediterránea». Una diplomacia que combina la condena a Hamas con la defensa irrestricta del derecho humanitario internacional.
En la base aérea de Pratica di Mare, los técnicos revisan por última vez los paquetes que viajarán en el próximo vuelo. Sobre uno de ellos, alguien ha escrito con marcador negro las palabras de un viejo poema palestino: «Sobre esta tierra hay algo que merece vivir». Quizás sea ese el verdadero mensaje que Italia quiere enviar al mundo.