Umbral

Fidel Castro a cien años de su nacimiento: memoria, dignidad y resistencia

Hoy, 13 de agosto de 2026, se cumplen exactamente cien años del nacimiento de Fidel Castro. Su figura, inseparable de la Revolución cubana, continúa gravitando sobre los grandes debates de nuestro tiempo: soberanía, independencia, justicia social, antiimperialismo y autodeterminación. Para millones de personas, su nombre permanece asociado a la resistencia de los pueblos frente a la dominación y a la posibilidad de defender la dignidad nacional aun frente a poderes inmensamente superiores.

Por Julio Guzmán Acosta

Hoy, 13 de agosto de 2026, se cumplen exactamente cien años del nacimiento de Fidel Castro. Su figura, inseparable de la Revolución cubana, continúa gravitando sobre los grandes debates de nuestro tiempo: soberanía, independencia, justicia social, antiimperialismo y autodeterminación. Para millones de personas, su nombre permanece asociado a la resistencia de los pueblos frente a la dominación y a la posibilidad de defender la dignidad nacional aun frente a poderes inmensamente superiores.

Hoy, 13 de agosto de 2026, Fidel Castro cumpliría cien años.

Un siglo ha transcurrido desde que Fidel Alejandro Castro Ruz nació en Birán, Cuba, el 13 de agosto de 1926, y resulta imposible recorrer la historia contemporánea de Cuba, América Latina y buena parte del mundo sin detenerse en la dimensión política, histórica y simbólica alcanzada por su figura.

Para millones de hombres y mujeres, Fidel representó durante décadas una fuente de inspiración en las luchas por la soberanía, la justicia social, la independencia nacional y la defensa de los pueblos frente a las distintas formas de dominación colonial e imperial.

Su nombre quedó inseparablemente ligado a la Revolución cubana, pero su influencia desbordó muy pronto las fronteras de aquella pequeña isla del Caribe.

Cuba se convirtió, bajo su conducción, en un referente para generaciones de latinoamericanos, africanos y pueblos del llamado Tercer Mundo que buscaban romper estructuras de dependencia, pobreza y subordinación.

Se podrá estar de acuerdo o en desacuerdo con aspectos de su legado. Podrán discutirse sus decisiones, métodos y concepción del poder. Pero difícilmente puede negarse que Fidel Castro fue una de las personalidades políticas latinoamericanas de mayor influencia mundial del siglo XX.

Una reflexión desde mi condición de dominicano

Como dominicano, revolucionario y antiimperialista, siento hoy, cuando se cumple exactamente el centenario de su nacimiento, el deber de resaltar su figura y su ejemplo.

Lo hago desde la convicción de que los pueblos necesitan conocer su historia, reconocer a quienes desafiaron poderes aparentemente invencibles y preservar la memoria de quienes defendieron, con sus aciertos y errores, el principio fundamental de que una nación pequeña tiene derecho a decidir su propio destino.

No se trata de convertir a Fidel en una figura ajena a la crítica ni de presentar la historia como un relato sin contradicciones.

Se trata de comprender qué representó su aparición en una América Latina sometida durante décadas a dictaduras, intervenciones militares, golpes de Estado y gobiernos subordinados a los intereses de las grandes potencias.

Para mi generación y para muchas de las que llegaron después, el triunfo de la Revolución cubana significó que aquello que parecía imposible podía comenzar a ser pensado como posible.

Cuba y República Dominicana, dos historias que se encontraron

La relación entre Cuba y República Dominicana posee una profundidad histórica que adquiere una significación especial en este centenario.

Leer Noticia  UASD conmemora el centenario del nacimiento de Fidel Castro con acto en el Aula Magna

Nuestros pueblos comparten una larga tradición de luchas contra el colonialismo, las dictaduras, las intervenciones extranjeras y diferentes formas de dominación que han intentado limitar su soberanía.

Cuando triunfó la Revolución cubana el 1 de enero de 1959, República Dominicana llevaba casi tres décadas sometida a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.

La victoria de los rebeldes cubanos provocó una extraordinaria repercusión entre los exiliados, demócratas y revolucionarios dominicanos.

Apenas meses después, en junio de 1959, se produjeron las expediciones de Constanza, Maimón y Estero Hondo, protagonizadas por dominicanos y combatientes internacionalistas decididos a enfrentar la tiranía trujillista.

Fueron derrotados militarmente, pero su sacrificio quedó sembrado en la conciencia nacional.

Aquella generación contribuyó a alimentar el movimiento que terminaría enfrentando a la dictadura y dejó como herencia política el espíritu del 14 de Junio.

Por eso, hablar de Fidel desde República Dominicana no constituye simplemente una reflexión sobre la historia de otro país. Significa también recordar un período en el que las luchas de nuestros pueblos estuvieron profundamente entrelazadas.

La UASD recuerda hoy a Fidel

Ese vínculo tiene este 13 de agosto una expresión especialmente simbólica.

La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), que otorgó a Fidel Castro el título de Doctor Honoris Causa, se suma hoy a las conmemoraciones internacionales por los cien años de su nacimiento.

La Rectoría de la universidad, encabezada por el rector Jorge Asjana David, ha convocado a la comunidad universitaria al acto “100 Años con Fidel”, que tendrá lugar a partir de las 5:00 de la tarde en el Aula Magna.

La actividad, organizada conjuntamente con el Comité de Honor, tendrá carácter artístico y cultural y contará con la presencia del embajador de Cuba en República Dominicana, Ángel Arzuaga Reyes, además de delegaciones gremiales y representantes del liderazgo político y social dominicano.

Que la principal universidad pública dominicana abra hoy su Aula Magna para recordar el centenario de Fidel constituye también una expresión de las profundas relaciones históricas, académicas, culturales y políticas construidas durante décadas entre Cuba y República Dominicana.

Una revolución que transformó una sociedad

Fidel se convirtió en un símbolo de resistencia porque la Revolución que encabezó no se limitó a sustituir un gobierno.

Intentó transformar profundamente la sociedad cubana.

La alfabetización, la universalización de la educación, la construcción de un sistema público de salud y la formación de miles de médicos, científicos y profesionales fueron algunas de las realizaciones que otorgaron a Cuba una influencia internacional muy superior a sus dimensiones geográficas y económicas.

La Revolución defendió además una concepción de la solidaridad que pretendió llevar más allá de los discursos.

Miles de médicos, maestros, técnicos y otros profesionales cubanos han prestado servicios durante décadas en comunidades pobres de América Latina, África y otras regiones.

África y la dimensión internacionalista

Uno de los capítulos más importantes del internacionalismo cubano ocurrió en África.

Cuba apoyó movimientos de liberación nacional y tuvo una participación militar decisiva en Angola.

La presencia cubana y acontecimientos como Cuito Cuanavale quedaron asociados a las transformaciones que modificaron el equilibrio de fuerzas en África austral, contribuyeron a la independencia de Namibia y golpearon al régimen del apartheid sudafricano.

No fue casual que Nelson Mandela reconociera públicamente la solidaridad cubana con las luchas africanas.

Ese internacionalismo constituye, a mi juicio, una de las dimensiones fundamentales para comprender el legado de Fidel.

Leer Noticia  Santo Domingo celebra 528 años como ciudad primada de América
Un dirigente frente a sucesivos gobiernos de Estados Unidos

Durante décadas, Fidel dirigió Cuba mientras por la Casa Blanca pasaban presidentes republicanos y demócratas.

Desde Dwight D. Eisenhower, que ocupaba la Presidencia estadounidense cuando triunfó la Revolución en 1959, hasta George W. Bush, que gobernaba cuando Fidel transfirió provisionalmente sus funciones a Raúl Castro en 2006, la relación entre Washington y La Habana estuvo marcada fundamentalmente por el enfrentamiento.

En ese largo período ocurrieron la ruptura de relaciones diplomáticas, Bahía de Cochinos, la Crisis de los Misiles, operaciones encubiertas contra el gobierno cubano, décadas de sanciones económicas y múltiples intentos de aislar internacionalmente a la isla.

Y, sin embargo, la Revolución sobrevivió.

Sobrevivió también al acontecimiento que muchos consideraban que marcaría inevitablemente su final: el derrumbe de la Unión Soviética.

Cuba atravesó entonces el durísimo Período Especial, pero el sistema político encabezado por Fidel permaneció.

Esa capacidad de resistencia explica una parte importante del simbolismo que alcanzó su figura entre movimientos políticos y sociales de diferentes continentes.

Recordarlo sin convertir la historia en una estatua

Recordar a Fidel Castro no significa convertir la historia en una estatua inmóvil.

Su legado debe estudiarse con rigor, incluyendo sus grandes realizaciones y también las contradicciones de un proceso político que atravesó guerras, amenazas externas, aislamiento, dificultades económicas y errores internos.

La Revolución desarrolló importantes políticas sociales, pero construyó igualmente un sistema de partido único que restringió el pluralismo político y fue cuestionado por el tratamiento dispensado a opositores y disidentes.

Miles de cubanos abandonaron la isla durante las distintas etapas del proceso revolucionario.

Esas realidades forman también parte de la historia y deben ser estudiadas.

Reconocerlas no obliga, sin embargo, a aceptar la idea de que una potencia extranjera tenga derecho a decidir mediante presiones económicas cuál debe ser el sistema político de Cuba.

El bloqueo continúa cien años después del nacimiento de Fidel

Hay una realidad que sigue condicionando profundamente la vida cubana: las sanciones económicas, comerciales y financieras impuestas por Estados Unidos.

Durante décadas, esa política ha dificultado las relaciones económicas y financieras de Cuba y ha añadido obstáculos al desarrollo de una economía que también enfrenta graves problemas estructurales internos.

Hoy, cuando la administración del presidente Donald Trump mantiene una política de fuerte presión sobre Cuba, considero todavía más necesario defender un principio que debería estar por encima de las diferencias ideológicas: ningún pueblo debe ser castigado por reclamar el derecho a ejercer su soberanía.

Las diferencias entre gobiernos no deberían justificar políticas cuyas consecuencias terminan alcanzando las condiciones materiales de vida de la población.

Defender el derecho de Cuba a vivir sin bloqueo no significa renunciar al análisis crítico de su realidad interna.

Son discusiones diferentes.

Se puede debatir cualquier aspecto del sistema político y económico cubano y, simultáneamente, rechazar la coerción económica ejercida desde el exterior.

La autodeterminación de los pueblos debe ser un principio universal y no una norma aplicable únicamente cuando coincide con los intereses de las grandes potencias.

Cien años después

Hoy, exactamente cien años después del nacimiento de Fidel Castro, su figura continúa provocando adhesiones apasionadas y rechazos igualmente profundos.

La intensidad misma de ese debate demuestra el alcance histórico de su trayectoria.

Pocos dirigentes latinoamericanos consiguieron mantener durante tantas décadas una influencia semejante sobre las discusiones acerca de soberanía, socialismo, imperialismo, justicia social, independencia y emancipación nacional.

Leer Noticia  Nuevo Código Penal entra en vigencia sin las recientes modificaciones a 27 artículos

Para quienes creemos en una América Latina independiente, integrada y capaz de decidir su futuro sin tutelajes externos, Fidel continúa siendo una referencia inevitable.

No porque la historia pueda o deba repetirse mecánicamente.

El mundo de 2026 no es el mundo de 1959.

Pero existen principios que conservan plena vigencia: la defensa de la soberanía, la dignidad nacional, la solidaridad entre los pueblos y la convicción de que las grandes transformaciones comienzan cuando una sociedad deja de considerar inevitable aquello que entiende injusto.

Difundir su memoria en este centenario es también una manera de reivindicar la memoria de millones de hombres y mujeres que lucharon y continúan luchando en Cuba, República Dominicana, América Latina, África y otras regiones del mundo por conquistar una existencia más digna.

Fidel Castro pertenece ya a la historia.

Pero las grandes preguntas que atravesaron su vida continúan abiertas: ¿quién controla los recursos de una nación? ¿Quién decide su destino? ¿Hasta dónde alcanza la soberanía de los pueblos? ¿Qué derecho tiene una gran potencia a imponer su voluntad a un país más pequeño?

Mientras esas preguntas continúen vigentes, seguirá siendo necesario estudiar y debatir su legado.

Y hoy, 13 de agosto de 2026, cuando se cumple un siglo de su nacimiento, recordar a Fidel es también recordar que la dignidad de un pueblo no se mide por el tamaño de su territorio ni por la dimensión de su economía, sino por su voluntad de ser dueño de su propio destino.

 

Hola, 👋
Encantados de conocerte.

Regístrate para recibir contenido interesante en tu bandeja de entrada, cada mes.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.

Suscríbete

Deja un comentario

Social Share Buttons and Icons powered by Ultimatelysocial
Scroll al inicio