En el Día del Periodismo en la República Dominicana, es necesario reflexionar sobre la esencia de una profesión que, más que un oficio, es un pilar de la democracia. Hoy, en medio de la era digital, enfrentamos una distorsión preocupante: la usurpación de funciones por parte de influencers y opinadores, quienes sin formación, ética ni rigor, se autoproclaman «periodistas», confundiendo el entretenimiento con la información y el chisme con el reporteo.
La trivialización de la noticia
Las redes sociales han democratizado la difusión de contenidos, pero también han abierto la puerta al intrusismo profesional. Personajes con miles de seguidores —muchos dedicados al espectáculo, el morbo o la desinformación— ahora se atreven a dictar «noticias» sin verificar fuentes, sin contexto y, lo más grave, sin responsabilidad ante el daño que causan. Mientras el periodismo tradicional se rige por códigos de ética, estos actores convierten la información en un circo de fake news, donde lo relevante no es la verdad, sino los «likes».
El legado de los gigantes
Frente a esta frivolización, vale recordar a quienes sí ejercieron el periodismo con honor: figuras como Orlando Martínez y Marcelino Vega, mártires de la palabra, quienes con su ejercicio profesional apegado a la ética y en defensa de los mejores intereses nacionales, son recordatorios de que esta profesión puede costar la vida cuando se ejerce con integridad. Ellos, junto a maestros como Rafael Herrera, Emilio Herasme Peña, Juan Bolívar Díaz, Huchi Lora, Marino Zapate, Elsa Peña o María Isabel Soldevila, entendieron que el periodismo no es un juego, sino un servicio público. Investigaron, contrastaron datos, dieron voz a los sin voz y, sobre todo, respetaron a su audiencia.
Hoy, muchos de los que se llenan la boca hablando de «libertad de expresión» no son más que mercantilistas de la desinformación, que cambian la verdad por clics y el análisis por el escándalo. Peor aún: algunos medios, en su afán por competir con las redes, imitan estos formatos vacíos, rebajando la profesión a un reality show.
Llamado a la defensa del periodismo serio
En este día, los verdaderos periodistas —los que estudian, los que se especializan, los que asumen este trabajo como una misión— deben alzar la voz. No se trata de negar la evolución de los medios, sino de defender los principios que hacen del periodismo un contrapeso al poder. Las escuelas de comunicación, los colegios profesionales y los medios tradicionales tienen la obligación de exigir estándares de calidad y denunciar a quienes, sin preparación ni ética, intoxican el debate público.
Que el ejemplo de los grandes reporteros dominicanos —los que enfrentaron dictaduras, los que revelaron corrupción, los que murieron por decir la verdad— nos recuerden que el periodismo no es un hobby. Es un compromiso con la sociedad, y como tal, merece respeto, no caricaturas.
¡Feliz Día del Periodismo a quienes lo ejercen con honor!