Mientras el Banco Central libera liquidez para impulsar el crédito y reducir tasas, la banca mantiene su tasa hipotecaria promedio en 11.81%, generando una tensión palpable entre la política monetaria expansiva y la realidad de un mercado crediticio aún restrictivo para los deudores, especialmente aquellos con préstamos antiguos que enfrentan renovaciones a valores de mercado sustancialmente más altos.
Por Julio Guzmán Acosta
SANTO DOMINGO.— En el tablero de la economía dominicana, la política monetaria expansiva y la rigidez del crédito hipotecario libran una batalla silenciosa cuyas trincheras son los bolsillos de los ciudadanos. El Banco Central (BCRD) ha inyectado RD$81,000 millones en liquidez al sistema, con RD$13,000 millones aún disponibles, en un esfuerzo por expandir el financiamiento y abaratar los préstamos. No obstante, la tasa de interés hipotecaria en la banca múltiple se mantiene en un promedio del 11.81%, un umbral que, si bien refleja una leve estabilización, continúa ejerciendo una presión significativa sobre el acceso a la vivienda y la estabilidad financiera de las familias.
Esta persistencia en los niveles de tasas activas contrasta con la reducción de la Tasa de Política Monetaria (TPM) a 5.25% anual y con el descenso reportado en la tasa activa general, que pasó de 15.3% a 13.9% entre octubre de 2024 y el mismo mes de 2025. La banca, al parecer, evalúa con cautela los riesgos antes de trasladar los estímulos del emisor a los prestatarios finales.
La Brecha entre el Crédito Nuevo y el «Préstamo Viejo»

Para las nuevas negociaciones, el panorama muestra una ligera mejoría. La tasa preferencial para clientes tipo «A» se sitúa en 9.49%, y el promedio hipotecario ha tenido fluctuaciones menores en los últimos meses. Sin embargo, es en el segmento de los préstamos antiguos donde se manifiesta con mayor crudeza el costo financiero. Ciudadanos que adquirieron hipotecas con tasas fijas promocionales, típicamente alrededor del 9% por plazos de dos a tres años, están recibiendo notificaciones de ajustes que los elevan a tasas de mercado que pueden superar el 13.5%.
«El alza me ha traído inestabilidad en mis finanzas», confió uno de estos deudores, quien ve cómo el vencimiento del período de gracia de su préstamo lo enfrenta a una cuota mensual sustancialmente mayor. «Debo asumir este incremento para no caer en mora y perder mi vivienda», agregó, abogando por una transición más gradual en este tipo de revisiones contractuales.
Factores de Riesgo y el Motor de la Construcción
La banca justifica su prudencia en un análisis multifactorial del riesgo. No solo se considera la capacidad de pago inmediata del cliente, sino también su edad, el plazo del financiamiento y las condiciones macroeconómicas. Entre estas últimas, factores como la volatilidad cambiaria, posibles reformas fiscales y las decisiones de la Reserva Federal de los Estados Unidos inciden directamente en la formación de tasas.
Este escenario crediticio impacta de lleno a un sector clave: la construcción. Las autoridades reconocen que por cada empleo creado en este rubro se generan al menos siete en actividades colaterales. Sin embargo, a septiembre de 2025, el sector reportaba una contracción de -2.0%. El encarecimiento del financiamiento hipotecario frena la demanda final de viviendas, creando un círculo vicioso que lastra la dinámica económica general.

El Mecanismo de Transmisión y los Resultados Iniciales
El BCRD sostiene que el mecanismo de transmisión de la política monetaria está funcionando. El programa de liquidez, que ha destinado RD$11,993 millones específicamente al sector construcción y RD$3,678 millones para viviendas de bajo costo, ya muestra efectos preliminares. El promedio ponderado de la tasa de interés activa ha cedido 104 puntos básicos desde mayo, pasando de 14.99% a 13.95% en octubre.
No obstante, investigaciones como la de Italo López apuntan a una «evidencia de asimetría» en el traspaso de las tasas, sugiriendo que la baja de los referenciales monetarios no se traslada con la misma velocidad y magnitud que los aumentos. Mientras esta asimetría persista, el sueño de la vivienda propia para el dominicano promedio seguirá topándose con la fría aritmética de una tasa hipotecaria que se resiste a ceder terreno.