La ausencia confirmada de los presidentes de México y Colombia, sumada al veto a Cuba, Venezuela y Nicaragua, amenaza con opacar la cita hemisférica en República Dominicana y pone en evidencia las profundas grietas en el seno de la OEA.
Por Julio Guzmán Acosta
SANTO DOMINGO.— Lo que debía ser el evento diplomático consagratorio para la República Dominicana como anfitrión de la X Cumbre de las Américas, se transforma aceleradamente en un escenario de división y controversia. La decisión de excluir de la convocatoria a Cuba, Venezuela y Nicaragua —replicando la polémica medida de la edición anterior en Los Ángeles— ha desatado un efecto dominó que, hasta la fecha, garantiza la ausencia de al menos cinco mandatarios de la región, sembrando una sombra de opacidad sobre el encuentro agendado para diciembre próximo.
La Organización de Estados Americanos (OEA), ente organizador del evento desde 1994, y el gobierno anfitrión dominicano cargan ahora con la responsabilidad de una cumbre que se perfila como una de las más fracturadas de la historia reciente. El argumento esgrimido por la cancillería local en un comunicado oficial es que esta exclusión “constituye la decisión que, dadas las circunstancias hemisféricas, favorece la mayor convocatoria”. No obstante, la realidad parece contradecir abiertamente esta aseveración.
La Reacción en Cadena: México y Colombia Bajan el Telón
La estrategia de segregar a los gobiernos considerados “incómodos” por Washington ha encontrado una resistencia frontal. En una contundente réplica, los presidentes de dos de las naciones más influyentes de Latinoamérica, Claudia Sheinbaum de México y Gustavo Petro de Colombia, han declinado su asistencia en solidaridad con los excluidos.
“No estamos de acuerdo con que se excluya ningún país”, afirmó la mandataria mexicana en su conferencia matutina, heredando así la postura de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, quien ya boicoteó la cumbre de 2022. Desde Bogotá, Petro fue aún más lejos en un extenso comunicado: “No asistiré a la cumbre de las Américas en República Dominicana. El diálogo no comienza con exclusiones”.
Una Herida Histórica que se Reabre
El veto a Cuba reaviva un capítulo doloroso en la historia interamericana. Expulsada de la OEA en 1962 bajo presión de Estados Unidos, la isla regresó al foro en 2015, durante la VII Cumbre en Panamá, en un acto celebrado como un paso hacia la reconciliación. Sin embargo, la edición de 2022 revirtió ese avance y extendió la marginación a los gobiernos de Venezuela y Nicaragua.
Fidel Castro, en su momento, profetizó desde la Plaza de la Revolución: “Cuba no está ni estará fuera de América, aunque la OEA la expulse”. Ahora, el canciller cubano, Bruno Rodríguez, ha alzado de nuevo la voz, calificando la decisión como una imposición estadounidense y sentenciando: “Una Cumbre de las Américas construida sobre la exclusión y coerción está condenada al fracaso”.
¿El Ocaso de un Organismo?
Este nuevo cisma alimenta el debate sobre la vigencia y legitimidad de la OEA. Acusada reiteradamente de actuar como brazo diplomático de los intereses de Washington y de desestabilizar políticas locales mediante sus misiones, el organismo carga con un profundo desprestigio en amplios sectores de la región.
Mientras la necesidad de espacios de integración y coordinación multilateral es innegable, la X Cumbre de las Américas se erige como la prueba de fuego para una institución que parece navegar contra la corriente de la unidad latinoamericana. Por ahora, la exclusión ha logrado lo que pretendía evitar: una convocatoria debilitada y un continente más dividido que nunca.