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Aquiles Castro asume secretaría general del PCT con llamado a construir opción electoral para 2028

El XI Congreso Nacional del Partido Comunista del Trabajo ratifica al veterano dirigente de 45 años de militancia para sustituir a Manuel Salazar, en un cónclave que reunió a delegaciones internacionales marxista-leninistas y aprobó una resolución política que denuncia la «sumisión» del gobierno de Abinader a Estados Unidos, el auge de corrientes «neofascistas» y la necesidad de articular un frente de izquierda que dispute el poder real al bipartidismo dominicano

Por Julio Guzmán Acosta 

SANTO DOMINGO. — La noche de los relevos suele transcurrir en la penumbra de los salones gremiales o en la modestia de las casas nacionales, entre consignas gastadas y aplausos de compromiso. Pero en el XI Congreso Nacional del Partido Comunista del Trabajo (PCT), la transmisión del mando tuvo la solemnidad de los ritos antiguos: cuando Aquiles Castro, militante de 45 años en las trincheras de la izquierda dominicana, se levantó para recibir la secretaría general de manos de Manuel Salazar, el auditorio entendió que no asistía a un simple cambio de firma, sino a la continuidad de una estirpe.

Bajo la consigna que presidió las deliberaciones —«El partido, la lucha de la clase trabajadora, popular de masas y la revolución, es un asunto de conciencia revolucionaria»—, la organización marxista-leninista clausuró tres días de sesiones con la elección de Castro, un nombre que en los cuadernos de la militancia dominicana pesa tanto como los volantes repartidos en madrugadas de huelga o las persecuciones en tiempos de la Guerra Fría. Lo respaldaban, en la primera fila, los dos secretarios generales que le precedieron: el propio Salazar (1994-2026) y Rafael Chaljub Mejía (1980-1994), como si en ese gesto se cifrara la memoria de medio siglo de luchas.

El congreso, que congregó a delegaciones internacionales de partidos hermanos, no se conformó sin embargo con la liturgia de la sucesión. En sus resoluciones finales, el PCT trazó una hoja de ruta que mira directamente a las elecciones de 2028 con una ambición inusual para las fuerzas que han navegado en los márgenes del sistema: configurar una opción electoral capaz, según reza el documento aprobado, de «disputar el poder real a las fuerzas que han dominado el régimen político dominicano».

La resolución política hace un llamado explícito a las «reservas democráticas, patrióticas y de las izquierdas» para tejer un compromiso histórico que supere el desempeño electoral de años anteriores. No se trata, aclara el texto, de una simple alianza de circunstancias, sino de una candidatura que logre presentarse como alternativa tanto a la gestión actual del Partido Revolucionario Moderno (PRM) como al bloque opositor vinculado al antiguo oficialismo. En la geometría variable de la política criolla, el PCT aspira a ocupar un espacio que considera vacante: el de la ruptura con el bipartidismo que, a su juicio, ha secuestrado los destinos de la nación.

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Pero la mirada del congreso no se detuvo en las urnas. En su análisis de la coyuntura nacional, el partido afiló la puntería contra la administración de Luis Abinader, a la que acusó de «sumisión a los designios norteamericanos». La denuncia señaló con nombre y coordenadas: la presencia de contingentes militares en la Base Aérea de San Isidro y en el Aeropuerto Internacional de Las Américas fue leída como una cesión de soberanía que, en el lenguaje de la izquierda tradicional, evoca los peores momentos de la injerencia extranjera en el Caribe.

Más allá de la geopolítica, el documento aprobado alerta sobre el crecimiento de lo que califica como corrientes «neofascistas» en la vida nacional. El diagnóstico es severo: la xenofobia y el racismo, la persecución de trabajadores inmigrantes, el rechazo a los derechos reproductivos (las tres causales) y los casos de corrupción administrativa en instituciones como el Seguro Nacional de Salud (Senasa) configuran, para el PCT, un paisaje de derechos en retroceso. Esa preocupación se extiende al plano internacional, donde el partido reafirmó su solidaridad con los gobiernos de Cuba y Venezuela y condenó la vigencia de la doctrina Monroe y la promoción del militarismo en el Caribe.

En un mundo que se reordena, apuntaron las conclusiones del congreso, con el ascenso de China y el bloque de los BRICS como contrapeso a la hegemonía estadounidense, la tarea de las fuerzas revolucionarias no puede ser otra que la movilización activa para defender la soberanía de los pueblos. En ese escenario global, la pequeña música de la política dominicana —con sus relevos, sus consignas y sus esperanzas— busca encontrar su partitura.

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Afuera, en las calles de Santo Domingo, la noche transcurría ajena a la elección de Aquiles Castro. Pero dentro del local partidario, cuando el nuevo secretario general tomó la palabra por primera vez, hubo en su voz el eco de una certeza que los años no logran apagar: que la conciencia revolucionaria, esa que mencionaba la consigna del congreso, sigue siendo, para los hombres y mujeres del PCT, un asunto que merece la pena vivir.

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