Santo Domingo arriba a sus 528 años cargada de historia, patrimonio y memoria. Desde las orillas del Ozama, la ciudad primada conserva monumentos y espacios que narran más de cinco siglos de transformaciones y constituyen una parte esencial de la identidad dominicana.
Por Julio Guzmán Acosta
Santo Domingo, República Dominicana.– A orillas del río Ozama, donde las piedras centenarias todavía guardan las huellas de los primeros capítulos de la historia colonial americana, Santo Domingo conmemora este miércoles 5 de agosto el 528.º aniversario de su fundación, reafirmando su condición de ciudad primada de América y uno de los principales referentes históricos y culturales del Caribe.
Fundada el 5 de agosto de 1498 por Bartolomé Colón, hermano del almirante Cristóbal Colón, la ciudad nació inicialmente en la margen oriental del Ozama. Años después, tras ser afectado el asentamiento por un huracán, Nicolás de Ovando impulsó su traslado y reconstrucción en la margen occidental del río, donde comenzó a levantarse el núcleo urbano que hoy constituye su histórica Ciudad Colonial.
Desde aquel remoto final del siglo XV han transcurrido más de cinco siglos. Santo Domingo ha cambiado de rostro innumerables veces, ha sobrevivido a huracanes, invasiones, guerras, ocupaciones extranjeras, dictaduras y profundas transformaciones sociales, pero continúa conservando entre sus calles la memoria de una ciudad decisiva para comprender la historia del continente.
Una ciudad donde América comenzó a cambiar
Santo Domingo ocupó una posición fundamental durante los primeros años de la colonización española. Desde aquí partieron expediciones hacia otros territorios del continente y se establecieron instituciones políticas, administrativas, religiosas y militares que posteriormente serían reproducidas en diferentes puntos de América.
Ese protagonismo convirtió a la ciudad en escenario de algunas de las primeras grandes construcciones e instituciones europeas establecidas de manera permanente en el llamado Nuevo Mundo.
Pero sus piedras también guardan una historia compleja. La expansión colonial estuvo acompañada por la explotación y el dramático descenso de las poblaciones indígenas, así como por la llegada forzada de africanos esclavizados. Reconocer los 528 años de Santo Domingo supone, por tanto, contemplar su patrimonio en toda su dimensión: sus luces, sus heridas y la extraordinaria mezcla humana y cultural de la que surgiría posteriormente la identidad dominicana.
Un patrimonio que pertenece a la humanidad
Caminar por la Ciudad Colonial es recorrer siglos de historia a pocos pasos de distancia. Sus calles adoquinadas, plazas, iglesias, casas y fortalezas forman un conjunto arquitectónico excepcional que llevó a la UNESCO a declarar la Ciudad Colonial de Santo Domingo Patrimonio Mundial en 1990.
Allí permanece la Catedral Primada de América, levantada durante el siglo XVI; el Alcázar de Colón, vinculado a Diego Colón y María de Toledo; y la Fortaleza Ozama, imponente testimonio de la arquitectura militar de los primeros tiempos coloniales.
A estos monumentos se suman conventos, ruinas, palacios, calles y plazas que convierten el casco histórico en algo más que un atractivo turístico. Es un enorme archivo de piedra abierto al cielo del Caribe.
De ciudad colonial a gran capital caribeña
La Santo Domingo de 2026 es muy distinta de aquella pequeña población levantada junto al Ozama hace 528 años.
Hoy es el corazón político y administrativo de la República Dominicana y uno de sus principales centros económicos, sociales y culturales. La expansión urbana ha llevado la capital mucho más allá de sus antiguas murallas, dando origen a una metrópoli donde conviven modernidad y tradición, grandes avenidas y callejones centenarios, edificios contemporáneos y construcciones que han sobrevivido durante siglos.
Sin embargo, ese crecimiento también plantea desafíos. La protección del patrimonio histórico, la movilidad urbana, el ordenamiento territorial, la recuperación de los espacios públicos y la conservación del entorno del Ozama forman parte de las responsabilidades que acompañan a una ciudad con semejante legado.
528 años de memoria viva
Celebrar a Santo Domingo no significa únicamente mirar hacia 1498. Significa reconocer todo lo ocurrido desde entonces y, sobre todo, preguntarse qué ciudad se quiere legar a las próximas generaciones.
Porque Santo Domingo no vive solamente en sus monumentos. Está en sus barrios, en el Malecón frente al Caribe, en el Ozama, en sus mercados, universidades, iglesias y plazas; en el bullicio cotidiano de una capital que cada mañana vuelve a ponerse en marcha sobre siglos de historia.
A sus 528 años, la antigua ciudad fundada junto al río permanece como memoria viva de América y como una pieza esencial de la identidad dominicana: una ciudad donde el pasado nunca está demasiado lejos y donde cada piedra antigua parece recordar que cinco siglos después la historia continúa escribiéndose.